Las cosas iban relativamente bien para los emergentes este año, pero han cambiado de pronto para mal. Desde la inesperada victoria de Trump, los inversores han apostado por Estados Unidos y han abandonado los mercados emergentes, que han sufrido una fuerte corrección, acusando la apreciación del dólar y las expectativas de un aumento de los tipos de interés en EE.UU., de un mayor proteccionismo y de repatriación de capitales. Las pérdidas son intensas y generalizadas en divisas, bolsas y deuda, aunque muy desiguales por países. Desde el “shock Trump”, el índice emergente MSCI ha caído un 5%, siendo Latinoamérica la región más perjudicada (-10%, aunque llegó a caer un 15%), seguida de Asia emergente (-4%, frente a una caída inicial del 5%) y, mucho más de lejos, por Europa emergente, Oriente Medio y África (-3% frente al 8% inicial).La volatilidad es innata en los emergentes –pueden haber sobrerreaccionado– y todavía mantienen atractivo en términos relativos (valoraciones menos exigentes, mayor crecimiento económico y precios más elevados de las materias primas). En cualquier caso, es incuestionable que el balance de riesgos ha empeorado: el “riesgo Trump” se ha sumado al “riesgo Fed” como focos potenciales de inestabilidad y hay que aumentar la cautela por la incertidumbre que rodeará a la próxima legislatura estadounidense, sobre todo a los planes proteccionistas y a las consecuencias de su previsible programa expansivo.Lea también: ¿Pueden los más ricos ser buenas personas?A corto plazo, parecen dominar los efectos negativos para los mercados emergentes. Las consecuencias positivas derivadas de un mayor crecimiento en Estados Unidos (siempre se asocia algo bueno para EE.UU. como algo bueno para el resto del mundo) se retrasarán, mientras que algunas negativas han sido inmediatas, como el endurecimiento de las condiciones financieras, las salidas de capitales y el deterioro en la confianza. En concreto, la reacción alcista del dólar encarece el servicio de la deuda de muchas empresas, gran parte de la cual está canalizada a través de bancos, a los que también deja expuestos. Un argumento tranquilizador es que el margen para una mayor apreciación del dólar desde los niveles actuales parece limitado, considerando que está sobrevalorado en al menos un 15% según la mayoría de estimaciones independientes, y seguramente ya esté incomodando a la administración entrante.A medio y largo plazo, el resultado del cambio de ciclo político en Estados Unidos sobre los emergentes es más incierto y dependerá de qué factor domine finalmente, si “crecimiento” o bien “inflación/tipos de interés + dólar + proteccionismo”. No obstante, aunque no genera especial inquietud en términos generales, la lectura preliminar tiene un sesgo algo negativo: incluso sin tener en cuenta la inclusión de medidas proteccionistas que frenen el comercio internacional y la productividad, unos tipos más altos en EE.UU. pueden más que contrarrestar los efectos positivos para las economías emergentes de un mayor crecimiento de Estados Unidos (vía exportaciones y subida de los precios de las materias primas). De hecho, incluso pueden terminar debilitando, a medio y largo plazo, a la propia economía estadounidense.Latinoamérica es la región más afectada por sus mayores vínculos comerciales con EE.UU. México es el país más sensible, destinando más del 70% de sus exportaciones a Estados Unidos. Desde la victoria de Trump, la bolsa mexicana ha caído más de un 7% acumulado, el peso se llegó a debilitar un 12% (está recuperando parte del terreno perdido) y el rendimiento del bono soberano ha repuntado hasta máximos desde 2011. Entre el resto de economías, el orden de más a menos afectadas también estaría marcado por su exposición comercial con EE.UU., destacando negativamente Colombia (el peso se ha depreciado un 7% y la bolsa ha caído un 3,5%) y Brasil (-6,5% el real frente al dólar y la bolsa ha caído un 3,5%). El impacto sobre el resto de economías emergentes es menor. Asia también tiene importantes lazos comerciales con EE.UU., pero son economías más diversificadas, comercian mayoritariamente entre ellas mismas y cuentan con grandes mercados internos (países muy poblados).Lea también: El dilema del prisionero