Entre todas las leyendas de la política colombiana, debe haber espacio para una, la que desde los años 90 ha venido persiguiendo a quien ocupa la silla de presidente del Senado, esa difícil cúspide a la que muy pocos llegan en el legislativo, uno de los tres poderes del poder público, según la Constitución.

Desde el Congreso que se eligió en 1991, han pasado casi que un dirigente por año, ostentando esa dignidad. Un elevado porcentaje, han salido de esa silla para la Corte Suprema, y algunos han terminado acusados, y hasta detenidos. En 2012, Colombia ostentaba otro récord mundial: 12 de los últimos 13 presidentes del Congreso han tenido que rendir cuentas con la Justicia. Cuatro de ellos fueron condenados y una más resultó detenida.

Aunque en la historia haya más nombres o apellidos célebres, varios de los que fueron elegidos presidentes terminaron en líos judiciales meses después. Los de Mario Uribe Escobar, Luis Alfredo Ramos, Dilian Francisca Toro, Nancy Patricia Gutiérrez, Javier Cáceres Leal, pueden estar frescos aún en la memoria, como ejemplos de los dolores de cabeza que supuso la más poderosa silla del Capitolio.

La misma que a cada nuevo inquilino le abre las puertas a cualquier cantidad de demandas o investigaciones, y una buena suma de dinero en caso de que alguna llegue a tener consecuencias.

Por eso, como hay muchos que prefieren nunca sentarse en esa silla, los que tienen que hacerlo, por aspiraciones personales, seguramente saldrán sin ganas de repetir.

Hasta el 20 de julio de 2022, solo Julio César Turbay, presidente de Colombia entre 1978 y 1982, ocupó en dos ocasiones la dignidad de presidente del Senado, y por extensión, del Congreso.

Casi medio siglo después de que Turbay juramentara, por segunda vez, como presidente del Senado, Roy Barreras iguala ese hito, al convertirse en el segundo colombiano en presidir el Senado colombiano.

Habrá que revisar las gacetas de la sesión del 20 de julio de 1974 para comprobar si la elección de Turbay tuvo tan absoluto respaldo como el de Barreras el día de la patria de 2022.

Roy Barreras, luego de 16 años ejerciendo su profesión junto a su padre, el médico gringo George Barreras, en Cali, se inició en la política en las juventudes galanistas, a comienzos de los años 90.

Tuvo carnet del Partido Liberal; fundó Cambio Radical junto a Germán Vargas Lleras y otros disidentes liberales; pasó a La U para defender la obra de Álvaro Uribe, luego la de Juan Manuel Santos; ahora es uno de los principales alfiles de Gustavo Petro.

Como Barreras, Turbay empezó su carrera política dentro del Partido Liberal, pero a diferencia, jamás se cambió de partido, hasta su muerte, a los 89 años.

El poder de Turbay

Concejal de Usme (1936), alcalde de Girardot (1937) y concejal de Engativá (1938), donde compartió sesiones con los, también nóveles entonces, Alfonso López Michelsen y Álvaro Gómez Hurtado.

Después de un paso fugaz por la Asamblea de Cundinamarca, Turbay fue elegido, en 1943, representante a la Cámara, y se dio el gusto de presidir la plenaria hasta en dos oportunidades, antes que el presidente conservador Mariano Ospina Pérez le pusiera candado al Congreso, en 1949, días de la Violencia bipartidista.

Tenía apenas 37 años cuando se erigió, o lo erigieron para ser fieles a la historia, líder de la oposición a los gobiernos conservadores de Laureano Gómez y Rafael Urdaneta; y ministro designado de Minas y Petróleos, en la junta militar que gobernó al país entre 1957 y 1958, años antes del Frente Nacional, con que godos y liberales se alternaron el poder.

Para 1949, cuando el presidente Mariano Ospina Pérez clausuró el Congreso, ya había presidido en dos oportunidades la Cámara. Como líder de la oposición a los gobiernos conservadores, en 1953 hizo parte de la Dirección Nacional del Liberalismo, y en 1957, tras el ascenso de la Junta Militar, fue designado ministro de Minas y Petróleos.

El presidente Alberto Lleras Camargo lo nombró Canciller en 1958, y luego fue elegido senador en 1962, en años en que ese cargo, y no las redes sociales, era el único trampolín para una candidatura presidencial, esa que labró en cuatro periodos consecutivos en el Capitolio, hasta 1974.

Nunca antes un dirigente político colombiano se había hecho elegir dos veces en la cúspide del poder legislativo. La segunda, en 1974, le permitió tomar juramento y posesionar al presidente

En 1958 el nuevo presidente, Alberto Lleras Camargo, lo nombró ministro de Relaciones Exteriores, cargo que ejerció hasta 1961. Conocido defensor del Frente Nacional, fue elegido senador de la República sucesivamente en 1962, 1966, 1970 y 1974.

Julio César Turbay Ayala, más reconocido en los libros de historia como presidente de Colombia (1978-1982), también se hizo célebre por la doctrina de seguridad para combatir brotes de comunismo, pero sobre todo por su frase “reducir la corrupción a sus justas proporciones”.

La ‘revelación’ de Roy

Roy Barreras, como Turbay, puede tener todo un tratado de frases tan famosas, pronunciadas con un determinado interés, en determinado momento de la historia política de la Nación. Fue elegido presidente del Senado, por segunda vez en su vida, segundo caso en la historia del país, casi que por aclamación por todos los partidos políticos, como en su momento lo fue Turbay.

El senador, que hasta este 20 de julio todo el país daba por nacido en Cali, pero que vio la luz en Bogotá, según lo destacó como “gran revelación”, el senador Lidio García, quien también fuera presidente del Senado en los primeros meses de la pandemia (2019-2020).

Postulado en una plancha única de cinco nombres, para repartirse la mesa directiva, y dejar contentas a todas las orillas de la política nacional. No deja de ser un hito.

Iván Cepeda (Polo) fue el primero en postularlo, al señalarlo como el “artífice” del proceso de paz con las Farc: “doy de fe de que sus esfuerzos fueron definitivos para la firma de la paz”. Luego, una cadena de parlamentarios reiteraron y añadieron elogios.

Efraín Cepeda, senador ininterrumpido desde 1994, quien tras el retiro de Roberto Gerlein pasó a ser el más longevo del Capitolio (pese a sus 72 años), lo postuló por el Partido Conservador. Los voceros de los partidos que expulsaron a Roy, Cambio Radical y la U, hicieron lo propio. Hasta el Centro Democrático de Álvaro Uribe, no hizo ninguna observación a la nueva aspiración del compadre del expresidente.

Aída Avella, una de las tres senadoras que se declararon sobreviviente del exterminio de la Unión Patriótica (junto Clara López y Jael Quiroga), fue quien se “tragó el sapo”, de postular algunos nombres que antes había cuestionado su idoneidad, caso del liberal Miguel Ángel Pinto (vicepresidente del Senado); y los del secretario general Gregorio Eljach (la U) y el subsecretario Saúl Cruz (P. Conservador), que se prestaron para una que otra jugadita para apagarle el micrófono a la oposición.

Habrá que revisar en las gacetas del 20 de julio de 1974, si la votación de Turbay fue igual de abrumadora a la de Roy Barreras, el estratega de la campaña de Gustavo Petro, que será el encargado de terciarle en el pecho la banda presidencial, como presidente de Colombia: 92 votos a favor, 11 en blanco y dos nulos, de los 105 votos depositados, de igual número de senadores, entre los 108 que ganaron su derecho a posesionarse.

Quién sabe si en cuatro años, como sucedió con Turbay, el presidente al que le tomó el juramento, sea también el que le entregue las llaves de la Casa de Nariño.