El Gobierno de Abelardo De La Espriella presenta en El libro de la verdad el crítico panorama que dejó la administración de Gustavo Petro. Se trata de 135 páginas en las que se detalla la actual situación de las entidades del Estado, la desfinanciación, las nóminas paralelas y algunos de los presuntos casos de corrupción más impactantes de los últimos cuatro años.

El presidente quiso entregarlas a la Fiscalía General de la Nación en un día muy simbólico: el de la lucha contra la corrupción. Al inicio, el primer mandatario incluyó una carta que él escribió a los colombianos.

Este es el texto completo:

Carta de presentación a los colombianos:

Gobernar exige mirar hacia el porvenir. Pero ningún país puede construir seriamente su futuro si adopta la equivocada decisión de cerrar los ojos frente a los hechos que comprometieron las finanzas de sus instituciones, sus recursos públicos y la confianza de sus ciudadanos. Este ‘Libro de la verdad’ recoge una parte sustancial de la información identificada durante el proceso de transición y en las primeras revisiones adelantadas por el nuevo Gobierno.

Su propósito no es el de sustituir a la justicia, anticipar responsabilidades ni convertir los hallazgos en condenas. Esa es una tarea que le corresponde exclusivamente a las autoridades competentes, con pleno respeto por el debido proceso. Gobernar implica ejercer una celosa custodia sobre todos los bienes de la República. Por eso, cuando aparecen hechos que pueden haber lesionado el patrimonio público o quebrantado la rectitud institucional, corresponde al jefe de Estado asegurar que aquellos sean conocidos por las autoridades competentes para que sean examinados con absoluta rigurosidad.

La corrupción hiere algo más profundo que las finanzas públicas. Atenta contra el principio que da sentido al Estado: que el poder se ejerce para servir y que el erario pertenece a la comunidad entera. Cuando esa idea se desvanece, no solo se pierde el patrimonio; se erosiona la confianza, se posterga la justicia y se debilita la conciencia moral de la República.

Mi Gobierno no aceptará esa degradación. Desde el día en el que el pueblo me eligió, impartí instrucciones precisas a quienes harían parte del Gobierno indicándoles que todas las entidades del Estado deben identificar los focos de corrupción, documentar rigurosamente los hechos que encuentren y ponerlos, sin demora, en conocimiento de la justicia y los órganos de control. La transparencia, en mi Gobierno, no es una bella declaración de intenciones, sino una norma inquebrantable y permanente de conducta.

Y ese es el espíritu de este libro. No pretende constituirse en una sentencia sobre el pasado. Busca, en cambio, cumplir un deber frente al presente y frente al futuro: que ningún hecho que haya lesionado los intereses de la Patria quede oculto por temor, complicidad o negligencia. Hay momentos en los que la obligación de quien gobierna consiste en llevar los hechos hasta la puerta de la justicia y detenerse allí, respetando escrupulosa y prudentemente su independencia.

Ese momento ha llegado. La sociedad colombiana se siente herida por el desgreño y la altanera corrupción que se registró durante los años en que el régimen anterior estuvo en el poder. En consecuencia, entrego estas páginas a Colombia con la convicción de que lo que aquí se contiene servirá para el esclarecimiento de los hechos.