Kevin Casas-Zamora, secretario general del Instituto Internacional para la Democracia y la Asistencia Electoral (Idea), estuvo de visita en Colombia para hablar sobre asuntos políticos y electorales. Además, para explorar el ingreso de Colombia como uno de los países miembros de la organización.
SEMANA logró conversar con el también exvicepresidente de Costa Rica sobre el estado de la democracia en Colombia, la transición hacia la izquierda en el país y el panorama regional, el cual presenta retrocesos desde varios puntos de vista.
SEMANA: ¿Cómo le ha ido en reuniones con parlamentarios y funcionarios del Gobierno?
Kevin Casas (K. C.): Estoy aquí en Bogotá porque me interesa reiniciar el proceso de acercar a Idea Internacional a Colombia y aumentar la visibilidad del instituto aquí, teniendo en cuenta que la organización ha venido trabajando en temas que son muy centrales en el quehacer del sistema político en Colombia como las reformas electorales, reformas constitucionales, reforma política, temas de género y regulación del financiamiento de campañas. Trabajamos en estos temas tanto produciendo conocimiento como proveyendo asistencia técnica. Hemos estado activos en Colombia en el pasado y queremos seguirlo estando. El propósito es tener una conversación con las nuevas autoridades del Gobierno y otros actores políticos para que ojalá Colombia considere vincularse al instituto como un Estado miembro.
Idea Internacional es un país con 34 estados miembros de todas las regiones, democracias todas. Entre ellos, ocho países de América Latina: Brasil, México, Perú, Chile, Uruguay, Costa Rica, Panamá y República Dominicana. En lo personal, me encantaría ver a Colombia como parte de este grupo como una señal de compromiso con la causa global de la democracia. Es una decisión que deben tomar las autoridades del Gobierno.
SEMANA: Se reunió con el canciller Álvaro Leyva, ¿qué opinó sobre eso?
K. C.: Bastante positivo, hay que seguir la conversación. Es una decisión de las autoridades colombianas.
SEMANA: ¿Qué ocurre en América Latina en términos de democracia?
K. C.: Es muy preocupante. Vemos signos claros de involución democrática en muchos países de diferentes maneras. Lo que ha sucedido en Perú es claramente un ejemplo de cómo en algunos países están convergiendo varias patologías de la democracia de manera muy tóxica. En el caso de ese país, por ejemplo, hay una convergencia de factores de diseño institucional muy problemático que genera incentivos perversos para la constante introducción de juicios políticos contra los presidentes o ministros. También problemas con el sistema electoral, que han generado una licuefacción total de los partidos políticos, no hay partidos políticos desde hace años. Problemas de pérdida de credibilidad de la clase política es severo.
Estamos viendo involución en dos áreas centrales a la construcción democrática que ha hecho la región en los últimos cuarenta años, que son áreas en las que la región ha avanzado bien. Es el tema electoral y las relaciones cívico militares. América Latina, en materia electoral, ha demostrado que celebra elecciones y las celebra bien. En términos de las relaciones cívico militares también se ha avanzado mucho. Esas son las áreas en las que hemos involucionado mucho. Por un lado, sometiendo a fuego político a autoridades electorales creíbles, robustas, competentes en países como Brasil o México, y por otro lado reinsertando el poder militar en la vida civil de una manera que no puede ser buena teniendo en cuenta la historia política de América Latina.
SEMANA: ¿Qué países se salvan de este retroceso?
K. C.: Hay algunas buenas noticias, pocas. Por ejemplo, de acuerdo con las mediciones que hacemos en el informe, hay buenas noticias en el caso de República Dominicana, que claramente es un caso que muestra progreso en casi todos los indicadores, de manera interesante. Hay buenas noticias, debo decirlo, en el caso de Colombia. Más allá de la elección del presidente Gustavo Petro, creo que el hecho de que la izquierda haya logrado llegar al poder por la vía electoral y que el país haya procesado esa transición de manera absolutamente normal, en términos de la alternancia política ideológica en un país con la historia política de Colombia, no es menor. Eso debe contar como una buena noticia para la democracia en América Latina, una de las pocas.
SEMANA: Frente al caso de Perú, países como Argentina, México, Bolivia y Colombia emitieron un comunicado conjunto en respaldo a Pedro Castillo. ¿Qué opina?
K. C.: No voy a entrar a juzgar las decisiones de política exterior del Gobierno colombiano, le voy a dar lo que estrictamente es una opinión personal. En Perú convergieron muchas cosas en la situación que pasó hace algunos días. Patologías reales en el diseño institucional del sistema político peruano, pero cuando todo esto ha sido dicho y explicado hubo un intento de autogolpe ejecutado de manera extraordinariamente torpe. Hubo una reacción muy fuerte no solo del sistema político, sino de la ciudadanía, que incluso le impidieron al expresidente Castillo llegar a la embajada de México a asilarse. Creo que eso es real, ahora el tema es que yo le deseo lo mejor a la nueva presidenta, pero ya vemos que está navegando aguas tormentosas a pocos días de haber asumido su mandato. El problema no es quien esté en el poder en Perú, sino las reglas de juego.
SEMANA: Gustavo Petro quiere convencer a Nicolás Maduro de regresar al Sistema Interamericano de Derechos Humanos, así como a las instancias decisorias en la región en términos de comercio exterior. ¿Qué le parece este esfuerzo?
K. C.: Aquí hay que tomar una visión desapasionada de esto. Son decisiones en política exterior del Gobierno de Colombia, no voy a expresar un juicio, pero sí las entiendo. Si estamos en una situación en la que hay millones de colombianos en Venezuela y millones de venezolanos en Colombia, mantener la frontera cerrada y clausurar todo contacto entre los dos países no es una solución viable. Entiendo que el presidente Petro esté tratando de restablecer una cierta normalidad en la relación. Lo otro es lo que pueda pasar en términos de la negociación política en Venezuela, sobre todo para generar condiciones que permitan celebrar elecciones con un mínimo de garantías.
SEMANA: ¿Qué de cierto hay en que Colombia es la democracia más sólida de la región?
K. C.: Colombia tiene grandes méritos democráticos y grandes déficits en la materia. Poco a poco ha ido construyendo cosas buenas en términos de su desempeño democrático, pero los problemas que muestra la democracia en el país son problemas que no son de Colombia, los estamos viendo en casi todas partes. Creo que hay niveles muy elevados de polarización política que en parte tienen que ver con el conflicto, que es algo colombiano, pero que van más allá del conflicto. Los niveles exacerbados de polarización política que hacen difícil construir acuerdos es algo que estamos viendo en muchísimos países. Convergen algunos factores como el papel de las redes sociales, que están disgregando a las sociedades democráticas internamente. Converge un fenómeno que como latinoamericanos conocemos, que son los atroces niveles de desigualdad, que hacen muy difícil construir proyectos comunes que le den vida a una democracia. También un descontento muy grande de la ciudadanía en términos de la brecha que hay entre las expectativas y necesidades sociales y la capacidad de las instituciones de satisfacerlas, en términos de provisión de bienes y servicios públicos, que es en lo que se traduce en muchos casos en acceso a derechos fundamentales. Hay asignaturas pendientes en materia de corrupción, que es un fenómeno que, más allá de Colombia y América Latina, tiene un impacto tóxico en el desempeño de la democracia. Se está comiendo la legitimidad. Colombia tiene mucho por avanzar, pero ha avanzado mucho.
Creo, si me permite decirlo, que en el caso de Colombia, la asignatura pendiente más grande es el tema de la reducción de la desigualdad y celebro que el presidente Petro le esté poniendo tanta atención a esto.
SEMANA: ¿Qué le sigue a Colombia?
K. C.: Si Colombia logra construir acuerdos políticos en lo básico, que le permitan reducir los niveles de desigualdad y que permitan garantizar la presencia del Estado en todo el territorio proveyendo bienes y servicios públicos a la población, este país tiene un potencial ilimitado. Colombia es el país del futuro, tiene que cuidarse de algo. Es lo mismo que en algún momento, con un poco de sorna, decían sobre Brasil. Que es el país del futuro y que siempre lo será. Eso es lo que ojalá no le pase a Colombia.