SEMANA: Recorrió gran parte de las zonas afectadas por el terremoto, ¿qué encontró?
LUIS JOSÉ RUEDA (L.R): Ha sido una experiencia de encuentro. Primero pasamos por Pereira, luego a Palmira, Buga, Cartago y Cali. Y un grupo de 14 sacerdotes llegó hasta Buenaventura. Hemos estado viviendo una experiencia con los hermanos sacerdotes, hemos encontrado los signos de esperanza, las personas, la actitud, la manera de trabajar, la resiliencia. También hemos encontrado devastación, abandono por parte del Estado durante décadas, sufrimiento, casas derrumbadas, muchas personas compartiendo, manos solidarias en distintos ambientes de esta región azotada por el terremoto del 10 de agosto. El objetivo del desplazamiento es algo humilde y sencillo: encontrarnos con las personas, escucharnos, lo que el Papa Francisco llamó la pastoral de la oreja porque una cosa es entender a Buenaventura o la zona del desastre desde afuera, sin tocar. Es necesario el encuentro, escuchar y tocar el cuerpo de Cristo sufriente en los más pobres. Ahí se transforma uno.
SEMANA: El terremoto tocó basílicas y grandes iglesias del país. ¿Las recorrió?
L.R.: Es muy grande el daño. Son más de 170 templos. Por nombrar algunos: la Catedral de Manizales, la Basílica de Quimbaya, de Cartago, la de Buga, la Catedral de Buenaventura, la de Cali. Y así, más de 170 templos y todavía falta hacer el registro total, región por región, pero hay casas curales, templos, ancianatos, escuelas, colegios, servicio integral de la iglesia que ha quedado estructuralmente destruido. Son sacerdotes que están celebrando eucaristías en parques, en las calles, porque no se puede ingresar a los templos. Hay muchos sacerdotes sin casa cural y les toca buscar hospedaje en otros lados. El momento es muy doloroso.
SEMANA: ¿Cuál será la estrategia de la iglesia para reconstruir los templos devastados por el terremoto?
L.R.: Los templos siempre han sido construidos con las empanadas, con la generosidad, poco a poco, en proceso, durante décadas. Así se irá trabajando la reconstrucción. Confíamos en la divina providencia. Confíamos en el amor y el compromiso de los fieles laicos. Pero, hacemos un llamado a los que quieran ayudar a reconstruir los templos porque hacerlo es reconstruir espiritualmente nuestras comunidades y el tejido humano. Todos los que puedan ayudarnos y, generosamente, estén dispuestos a aportarnos para reconstruirlos, le harían un bien no al párroco. Uno es pasajero. Tampoco al obispo. Es a las familias que viven en esas comunidades y necesitan la gracia de los sacramentos y la palabra de Dios; los templos son irradiación de servicio, solidaridad y fraternidad.
SEMANA: ¿Tiene un cálculo preliminar sobre cuánto podría costar la restitución de la mayoría de estos templos?
L.R.: Pastoral Social Nacional está haciendo un trabajo. El estimativo lo deben hacer personas técnicas. Que vengan ingenieros, arquitectos, entre otros a ayudarnos, a hacer el avalúo de las pérdidas, los daños, la manera de reconstruirlo. Ahí hay un voluntariado muy importante para las academias, para las universidades, que vengan a ayudarnos a hacer el cálculo y nos hagan las recomendaciones necesarias porque hay territorios donde no hay profesionales de estas áreas y, por lo tanto, no podemos saber el estimado del daño. Lo que sí podemos decir es que la afectación de los templos y las casas curales y colegios es muy grande. Y necesitamos la ayuda de los fieles laicos, de las empresas, las academias y las ayudas de las agencias internacionales.
SEMANA: ¿Qué debe hacer un empresario o inversionista que quiera ayudar a la Iglesia? ¿Qué debe hacer?
L.R.: Me dirijo a inversionistas y a empresarios generosos, católicos y no católicos que quieran ayudarles a las comunidades para que puedan reconstruir sus templos y para que tengan la casa de oración, de Dios, como lugar de ellos, como sitio de encuentro, que se dirijan a los obispos de cada una de las diócesis afectadas, están organizadas y los obispos tienen ecónomos y síndicos con sus comités conformados por laicos y sacerdotes que van a canalizar esos bienes. Nosotros tenemos las cuentas bancarias para que nos ayuden. Pero la ruta es el obispo de cada jurisdicción.
SEMANA: ¿Hay algunas de estas iglesias que son patrimonio? ¿Tocarán las puertas del Gobierno nacional’
L.R.: Sí, hay unos templos que tienen siglos de haber sido construidos como la Basílica del Señor de Los Milagros, en Buga, la basílica del Señor de La Esperanza, en Quimbaya, Quindío; la Catedral de Manizales, la basílica de Cartago, son templos que son patrimonio nacional y ahí los recursos del Estado pudieran llegar para ayudarnos a reconstruir estos templos. Es que son emblemáticos. Pero, es muy importante que los recursos se distribuyan y se canalicen a través de las diócesis porque tenemos la experiencia de hacer rendir los recursos y eso nos permitiría agilizar el comienzo de la reconstrucción de templos, casas curales y lugares de servicio de la iglesia.
SEMANA: Le pregunto por la Iglesia de Cartago, Quimbaya, entre otras. ¿Tendrán que ser demolidas?
L.R.: Los estudios preliminares, muy a ojo, han hecho dos cosas: bloquear para que no haya riesgos, poner las cintas de protección en los templos afectados para que los fieles no se acerquen. Los sacerdotes han tomado una medida de precaución y es celebrar en otros lugares mientras se realiza un estudio técnico, a fondo, que nos permita ver si hay que demoler o hasta dónde hay que hacerlo. En la zona afectada por el terremoto hay muchos templos, así como muchas viviendas y lugares institucionales, que es necesario demolerlos porque sale más costoso tratar de hacer reconstrucciones espaciales. Es necesario, en muchos lugares, demoler y volver a construir. Eso genera un dolor, un desarraigo cultural. Eso pone una prueba en los fieles laicos y habitantes de los territorios.
SEMANA: ¿El terremoto qué enseñanzas les dejó a los colombianos?
L.R.: Muchas. El terremoto pone a prueba nuestra capacidad de fraternidad, de solidaridad, de concordia, de ayudarnos, de ser unidos. A veces nos dividimos por pocas cosas y nos volvemos enemigos, pero el dolor nos ha hecho amigos, nos ha hecho redescubrir que somos una familia, la colombiana. Es muy importante hablar de varios temas, entre ellos, el de los servicios públicos. Hay que dedicarle dinero. Estoy en Buenaventura con un grupo de misioneros, admiramos a los sacerdotes, laicos y religiosas que viven aquí, pero Buenaventura, una ciudad tan importante por dónde pasa tanto dinero para todo el país, no tiene un acueducto. Colapsó y se hizo insuficiente porque en la ciudad se construyó cuando la ciudad tenía 40.000 habitantes y ya hay más de 350.000. Llega el agua cada dos días una hora. Buenaventura, sin acueducto, es una vergüenza para los últimos gobiernos en Colombia. Ha habido un descuido en los últimos 50 años, el Gobierno nacional y el Gobierno departamental del Valle del Cauca, además de los gobiernos locales. Que sea este el momento para decir desde Buenaventura: por favor, mírenos y, aunque hay que atender cosas urgentes, se deben atender elementos estructurales que le dan calidad de vida a los habitantes que lo merecen y lo necesitan.
SEMANA: ¿Qué enseñanza deja el terremoto a la clase política?
L.R.: Que miremos al pueblo colombiano no como un destinatario de ideas e ideologías y resentimientos sino como la razón de ser de todos los gobiernos.
SEMANA: ¿Habló con el presidente Abelardo De La Espriella después del terremoto?
L.R.: Sí, hemos tenido ocasión de hablar, pero unos diálogos que preferiría no ventilarlos, pero que construyen humanamente y que buscan que el Dios de la vida y la paz nos vaya mostrando caminos de unidad.
SEMANA: ¿Cómo le ha parecido la estrategia del gobierno De La Espriella frente al manejo del terremoto?
L.R.: Ha habido una reacción correcta, rápida y en conjunto. Eso es importante. Una situación como esta nos desborda a todos, a los gobernantes locales, regionales, al Gobierno nacional. Esta debe ser una oportunidad para construir el punto de encuentro de la nación, no para poner el retrovisor y juzgar y condenar a gobiernos anteriores. Ni el saliente ni el anterior, ni ninguno de ellos. Este es un momento para vivir la unidad.