“No basta decir solamente la verdad, más conviene mostrar la causa de la falsedad”, decía Aristóteles. La reflexión del filósofo griego cobra vigencia 2.300 años después en Colombia cuando se escuchan muchas voces en las que se exige que no es suficiente contar lo que pasó, sino además por qué, con qué, para qué y con quién se hizo lo que se hizo en concreto con el proceso que se adelanta con las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC). Eso es lo que los colombianos, posiblemente, quisieran saber del proceso con las autodefensas. ¿Quién estuvo con los paramilitares?, ¿Quién los financió?, ¿Quién los apoyó?, ¿Quién los encubrió?, ¿Dónde enterraron a sus víctimas? ¿Quién y por qué les señaló precisamente a esas determinadas víctimas? Hace pocos días, trascendió una información con serias evidencias de que Carlos Castaño había sido asesinado a principios de 2004 por orden de su hermano Vicente, hoy desmovilizado de las AUC. Durante los últimos meses, varias fosas comunes de los ‘paras’ han ido apareciendo en todos los rincones del país. Y ya se sabe, con nombre propio, que algunos narcotraficantes pasaron de agache e hicieron cuanto pudieron para quedar amparados por la ley de Justicia y Paz. Todas estas son verdades a medias, y a juzgar por la evolución del proceso, pasará mucho tiempo antes de que se conozca qué pasó de verdad. “Hace tres años, cuando comenzó todo el proceso, me reuní con el Comisionado de Paz y me dijo que esa verdad no la resistiría el país”, dijo el ex fiscal Alfonso Gómez Méndez, haciendo referencia a que sería inmanejable un proceso en el que se acusara a todo el mundo (empresarios, militares, funcionarios públicos, etc.) de colaborar con la causa paramilitar. Su afirmación fue hecha en la noche del lunes durante la emisión del programa Hora 20 de Caracol Radio. En el espacio de opinión de esta cadena, Gómez agregó que es necesario reconocer que habrá un mínimo de impunidad y que así debería asumirse. “Conocer la verdad no debe servir únicamente para mandar a la cárcel al paramilitar asesino, sino también para que, por ejemplo, el fenómeno de las autodefensas se acabe definitivamente”, añadió Gómez . Sobre el tema, la columnista Salud Hernández cree que la verdad completa, en términos de utilidad, no sirve de nada. “Para nadie es un secreto que poblaciones enteras han colaborado con los paramilitares, y si es así, qué van a hacer, ¿meter todo el pueblo a la cárcel? Yo creo que el país sí resiste la verdad, pero ésta tiene que ser para algo, para demandar, para investigar”, señala. Otras verdades A diferencia de otros países que han atravesado procesos de paz similares, Colombia no tiene una Comisión de la Verdad porque aún no ha terminado el conflicto. Además, si se sabe toda la verdad, muchas víctimas pueden correr peligro, pues su identidad quedaría al descubierto y sectores como la guerrilla podrían cobrar venganza. En ese sentido, el país prácticamente sólo puede saber la verdad por dos fuentes: por un lado la Fiscalía, encargada de investigar y conseguir las pruebas de los delitos que cometieron los paramilitares, y por el otro la confesión de los ‘paras’, que según la ley de Justicia y Paz. “Muchas víctimas, aunque parezca increíble, prefieren no saber la verdad y como no están obligadas a participar en los procesos judiciales, no cooperan lo suficiente con la justicia”, dice un miembro de la Defensoría del Pueblo. Pero la reparación, sin verdad, es como si se comprara el silencio de las víctimas. “Ese es un tema sin fin. Si ya se sabe que debe haber una verdad mínima debe entenderse así, pasar la página y seguir adelante. De lo contrario, el proceso no evoluciona”, sostuvo Alejandro Santos, director de la revista Semana. Eso es precisamente lo que podría estarle pasando a la madre de los hermanos Castaño Gil. Versiones de prensa señalan que en Amalfi, una pequeña población antioqueña donde ha vivido toda su vida, ella prefiere darse la vuelta, cerrar los ojos y no saber absolutamente nada de las barbaridades (asesinatos, masacres, etc.) que por cuenta del poder ordenaron sus hijos Carlos y Vicente. No es el único caso. La compleja situación de Colombia hace prever que las páginas que vendrán serán muy difíciles de escribir de orilla a orilla. Por ejemplo, ¿irá hasta el fondo Eduardo Pizarro León Gómez, presidente de la Comisión Nación de Reparación y Reconciliación, para averiguar por qué los paras -y quienes en concreto- asesinaron a su hermano Carlos? Por eso, las únicas certezas de este proceso son historias relativas: el proceso de paz con las AUC en Colombia no será la excepción respecto a la verdad. Hay muchos escépticos que señalan que en ningún país del mundo se ha reparado totalmente a su víctimas y la justicia sólo ha llegado para unos pocos y la verdad es una utopía.