Mover los dedos, morderse las uñas o arrancarse los cueritos son algunas de las formas en las que las manos pueden reaccionar en momentos tensionantes.

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Marcela Silva, psicóloga clínica y de familia aliada de Masglo Therapy, conversó con SEMANA sobre esas actitudes o reacciones y cómo pueden derivar en posibles trastornos de salud mental.

SEMANA: En los últimos años se habla cada vez más de la ansiedad y de la importancia de reconocer sus manifestaciones. Sin embargo, hay señales que pueden pasar inadvertidas. ¿De qué manera las manos pueden reflejar lo que estamos sintiendo emocionalmente?

Marcela Silva: La ansiedad es una respuesta humana frente a situaciones que nos preocupan, nos exigen, nos generan incertidumbre o que percibimos como amenazantes. Todos podemos experimentarla y el problema no es sentir ansiedad, sino reconocer cómo estamos respondiendo ante esos momentos de angustia.

Marcela Silva, psicóloga clínica y de familia aliada de Masglo Therapy Foto: Cortesía

Por eso es importante aprender a identificar nuestras propias señales y escuchar lo que nos dice el cuerpo. Muchas veces hacemos cosas de manera automática, sin darnos cuenta de lo que está pasando. Cuando estamos tensos, por ejemplo, podemos mordernos las uñas, manipular objetos, mover constantemente las manos o los dedos. Son comportamientos que pueden aparecer cuando hay tensión, estrés o nerviosismo.

Las manos pueden convertirse en un lugar donde expresamos aquello que todavía no hemos podido poner en palabras.

SEMANA: Además de morderse las uñas, ¿qué otros comportamientos pueden indicar que estamos experimentando ansiedad o tensión emocional?

M.S.: Morderse las uñas es una conducta bastante conocida que, en ocasiones, se convierte en un hábito. Sin embargo, también podemos mover constantemente las manos, quitarnos los cueritos alrededor de las uñas, manipular objetos o jugar repetidamente con los dedos.

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Es importante entender que no todos estos comportamientos están necesariamente relacionados con el estrés o la ansiedad. En ocasiones, también pueden ser una forma de mantenernos ocupados o incluso de concentrarnos.

Por eso, más que identificar únicamente el comportamiento, debemos observar en qué momento aparece y qué lo desencadena. Es decir, reconocer qué está pasando emocionalmente cuando comenzamos a hacerlo. A partir de esa observación podemos identificar las señales y abrir una conversación sobre el autocuidado: qué necesitamos y qué podemos hacer cuando estamos atravesando momentos de tensión o estrés.

SEMANA: ¿Cuándo estos comportamientos dejan de ser una reacción ocasional y se convierten en una señal de alerta que requiere atención profesional?

M.S.: Cuando empiezan a generar consecuencias importantes para la persona. Por ejemplo, cuando se producen heridas frecuentes, dolor, infecciones o cuando aparece un sentimiento de vergüenza intenso o un malestar significativo.

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También debemos prestar atención cuando sentimos que no podemos detener ese comportamiento, a pesar de intentarlo. Es importante observar si la manera en que manejamos la tensión comienza a interferir con nuestra vida cotidiana o está asociada con otras dificultades emocionales que nos sobrepasan y que no podemos manejar por nosotros mismos.

No se trata de alarmarnos simplemente porque nos mordemos las uñas, pero tampoco debemos normalizar una conducta que nos está causando daño. En esos casos es importante buscar orientación profesional para comprender qué está ocurriendo y cómo podemos trabajarlo con el acompañamiento adecuado.

SEMANA: En el caso de las mujeres, las múltiples responsabilidades de la vida cotidiana pueden representar una carga emocional importante. ¿Cómo aborda Maglo esta realidad y de qué manera sus experiencias de cuidado de las manos pueden contribuir al bienestar?

M.S.: Actualmente tenemos muchas cosas que hacer y sentimos que el mundo no se puede detener. Por eso necesitamos ser conscientes de la importancia de hacer pausas y dirigir voluntariamente nuestra atención hacia algo concreto.

Cuando hablamos de Maglo Therapy, hablamos precisamente de un momento de pausa, de autocuidado y de bienestar cotidiano. Es una invitación a detenernos en medio de todas las actividades que realizamos para respirar, sentir, observar y elegir qué necesitamos.

La idea es que este ritual se convierta en un recordatorio visible de volver a nosotras mismas, incluso en medio de una cotidianidad acelerada. Es un espacio para preguntarnos cómo estamos y cómo nos estamos sintiendo.

El propósito de esta experiencia no es prometer que las uñas van a solucionar la ansiedad, sino ofrecer un espacio para reconectarnos con el presente y con nuestras propias necesidades.

SEMANA: Arreglarse las uñas o dedicar un momento al cuidado de las manos puede convertirse en una experiencia de relajación. Desde la psicología, ¿qué beneficios pueden tener estos rituales para el bienestar emocional?

M.S.: Estos espacios no eliminan la ansiedad ni constituyen un tratamiento psicológico, pero sí pueden ayudarnos a reconectarnos con el presente.

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Muchas veces estamos angustiados por el futuro: qué va a pasar, qué va a suceder o cómo vamos a solucionar determinada situación. Cuando volvemos al presente, los rituales de autocuidado pueden ayudarnos a concentrarnos en nosotros mismos y en nuestras necesidades.

Es una oportunidad para abrir una conversación que va más allá de la estética y la belleza. También podemos hablar de bienestar, autocuidado y de la manera en que nos relacionamos con nosotros mismos.

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SEMANA: ¿Qué importancia tiene que una actividad tan cotidiana como arreglarse las manos se convierta también en una oportunidad para hablar de salud mental?

M.S.: Es una manera de hablar de ansiedad sin dramatizarla ni necesariamente convertirla en un análisis. Algo tan sencillo como el cuidado de las manos puede implicar detenernos un momento y preguntarnos cómo estamos.

Una marca de belleza puede ofrecer un producto, pero también tiene la posibilidad de abrir conversaciones importantes. En este caso, el cuidado de las manos se convierte en una puerta para hablar de bienestar, autocuidado y salud mental desde una experiencia cotidiana.

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