Detrás de su compromiso con la defensa del agua hay una historia atravesada por la espiritualidad y la ancestralidad de su tierra, La Guajira, una de las regiones más rezagadas en el acceso a servicios públicos básicos. Cuando estaba en la universidad, hizo una promesa: si superaba un tropiezo académico que le impedía graduarse, se dedicaría a asegurar el suministro de agua a su gente.

Ya convertida en ingeniera civil pasó por distintos cargos, pero volvió a sentir el llamado cuando conoció a una autoridad indígena de un resguardo wayúu: “Él me decía que yo tenía que trabajar por el agua. Entonces pensé en mi promesa”.

Especialista en Derecho Constitucional y en Agua y Saneamiento Básico, y magíster en Modelamiento Avanzado del Agua y en Gobierno y Políticas Públicas, lidera los proyectos de acueducto y saneamiento del departamento, una responsabilidad que, para ella, equivale a hacer frente a “una crisis humanitaria”.

Bajo su dirección, la Empresa de Servicios Públicos de La Guajira ha ejecutado 63 proyectos y llevado agua a más de 42.000 niños. Su propósito es seguir ampliando coberturas en la ruralidad y lograr su sostenibilidad.

“Es muy grande la satisfacción de ver a un niño que camina 2 kilómetros hasta su colegio y, al llegar, encuentra una planta que le da agua potable para él y su familia”. Para García, que una mujer esté a la cabeza de esta tarea no es casualidad: “El desierto me ha enseñado que donde hay voluntad, hay agua, y donde hay agua hay vida”.