“A la basura le llamo oro”. Su visión nació tras vivir en Ciénaga (Magdalena), donde ver el manglar sepultado con basura la convenció de que la sostenibilidad requiere de una estrategia transversal que impacte a la comunidad y a la operación corporativa.

Esta convicción se ha materializado en proyectos verdes que ha liderado desde la Fundación Red Conciencia Social, como la construcción de la Granja de Don Bosco Circular, en Suesca (Cundinamarca), un colegio fabricado con madera plástica y que funcionará ciento por ciento con energía solar, que tendrá el primer humedal artificial escolar del municipio, un sistema que transforma las aguas residuales en riego limpio para cultivos.

Hace 15 años, esta bogotana era una administradora que tenía su propia empresa y que parecía seguir el manual del éxito tradicional. Sin embargo, un voluntariado la impulsó a vender su negocio y dedicarse a la sostenibilidad desde la fundación que dirige. Hoy suma 60 proyectos para 22.000 familias en las zonas más apartadas de Colombia; con uno de ellos, una estrategia que comprende una escuela ambiental que integra a niños y madres cabeza de hogar y que será implementada en distintos municipios del país, obtuvo el segundo lugar en la sexta edición de los premios latinoamericanos Sacha, en la categoría Finanzas Sostenibles para la Acción Climática. “Amo las transformaciones en el territorio. Si la sostenibilidad no transforma, solo hiciste algo lindo, pero no algo que cambie vidas”, resalta.