Cuando supo que su lugar estaba en el sector social, hizo un MBA para aprender a gerenciar organizaciones que impactaran vidas. Es abogada y cofundadora de la Fundación Gastronomía Social Colombia, una entidad que nació hace dos años con la idea de convertir la comida en un vehículo de bien común que produzca felicidad y haga que las personas se sientan cuidadas y protegidas.

“Buscamos que la gastronomía ayude a provocar cambios sistémicos en nuestra sociedad. Partimos del principio de que la industria, si logramos organizarla, puede actuar como una poderosa solución a las crisis sociales”, afirma.

Con alianzas, la fundación ofrece oportunidades a personas en situación de vulnerabilidad a partir de tres líneas: inclusión económica y social, medioambiente y seguridad alimentaria. Entre sus programas está Ñam, una escuela de formación para desarrollar habilidades empresariales y laborales a jóvenes de entre 18 y 30 años; hasta ahora han formado a 400 personas con una tasa de empleabilidad del 60 por ciento.

A esto se suma Chamba, que permite a mujeres aprender a recuperar y transformar alimentos antes de que se desechen, y Comida para Todos, que colabora con comedores comunitarios. “El sector social tiene una virtud muy potente: une lo público con lo privado para implementar proyectos de impacto. Así hemos podido generar bienestar”.

En paralelo a su trabajo en la fundación, apoya un proyecto de moda sostenible que recupera textiles con ayuda de comunidades vulnerables.