Hay iniciativas que surgen de la necesidad de cambiar realidades y otras que nacen de las experiencias más difíciles de la vida. Ese fue el origen de Funsebas, una organización social creada hace seis años con el propósito de acompañar a niños y adolescentes con cáncer pertenecientes a los estratos 0, 1 y 2, así como a sus familias. Su historia comenzó cuando el hijo de su fundadora, Juan Sebastián, enfrentó una leucemia y, en medio de ese proceso, surgió la decisión de construir una fundación que permitiera brindar apoyo a otros menores que atravesaban circunstancias similares.

“Nacemos del amor de un niño y del deseo de ayudar a otros. Nosotros no solamente trabajamos con niños y adolescentes, sino que realmente los acompañamos con propósito para poder transformar sus vidas”, afirma la líder de la organización, quien convirtió una experiencia profundamente dolorosa en una oportunidad para impactar positivamente la vida de cientos de familias colombianas.

Karen García, la médica que convirtió el dolor en una fundación que ayuda a niños y jóvenes con cáncer

Aunque Funsebas tiene su sede principal en Bogotá, su alcance trasciende las fronteras de la capital. La fundación recibe a niños, adolescentes y madres provenientes de diferentes regiones del país, consolidando un modelo de atención con impacto nacional. Su trabajo se centra en el acompañamiento integral durante el proceso de la enfermedad, entendiendo que el tratamiento oncológico requiere mucho más que atención médica.

La organización ofrece apoyo psicológico y nutricional, además de espacios de acompañamiento emocional dirigidos tanto a los pacientes como a sus familias. Cada acción busca aliviar la carga que representa enfrentar un diagnóstico de cáncer infantil, especialmente en hogares que, además de la enfermedad, deben afrontar dificultades económicas y sociales.

“El compromiso social es nuestro principal valor. Cada vez que recibimos una familia, todo el equipo está pensando qué podemos hacer para cambiar realmente el proceso de la enfermedad y todo lo que afrontan estas familias”, explica la vocera. Detrás de cada programa hay un equipo convencido de que la resiliencia, la empatía y la solidaridad pueden marcar una diferencia significativa en la recuperación y el bienestar de los menores.

Para quienes integran Funsebas, las historias cotidianas son la evidencia más clara del impacto de su trabajo. Cada sonrisa, cada mensaje de agradecimiento y cada familia que logra atravesar el proceso con dignidad se convierten en una razón para continuar fortaleciendo la organización. “Cada vez que acompañamos a un niño desde la resiliencia y su familia logra atravesar la enfermedad con propósito y dignidad, para nosotros se convierte en una anécdota”, asegura la fundadora.

Sin embargo, el camino no ha estado exento de desafíos. Como ocurre con muchas organizaciones sociales, uno de los principales retos ha sido garantizar la sostenibilidad y el crecimiento de la fundación para ampliar su capacidad de atención. En ese propósito, las alianzas con empresas, ciudadanos y diferentes actores de la sociedad han sido fundamentales para mantener viva la misión.

“¿Cómo lo hemos sobrellevado? A través de las alianzas y fomentando todo el tiempo que las empresas y las personas hagan parte de este propósito social transformador”, señala la líder, convencida de que la construcción de un país más solidario requiere el compromiso conjunto entre el sector privado y la ciudadanía.

Mirando hacia el futuro, Funsebas proyecta una meta ambiciosa: convertirse en un referente nacional e internacional en el acompañamiento integral de niños con cáncer. Más allá de consolidarse como una organización de apoyo, la fundación aspira a desarrollar un modelo que transforme la manera en que se entiende el tratamiento oncológico infantil en Colombia.

“Funsebas quiere convertirse en un punto de referencia no solamente nacional, sino internacional. Queremos ser un centro integral para niños con cáncer del país, con un modelo social que permita entender que no se trata únicamente de tratamientos médicos, sino también de acompañamiento, propósito, empatía y dignidad”, concluye.

La historia de esta fundación demuestra que, incluso en medio de las circunstancias más adversas, es posible construir iniciativas capaces de cambiar vidas. Lo que comenzó como el legado de un niño se ha convertido en una red de apoyo que hoy acompaña a cientos de familias y que busca seguir creciendo para llevar esperanza a quienes más la necesitan.