Durante los laboratorios de innovación ciudadana impulsados en 2022 por la alcaldía de Jamundí, en el Valle del Cauca, Martha Estupiñán, experta en innovación social y apropiación tecnológica dirigía un semillero de robótica y talleres de design thinking sobre temas Stem (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas) para niñas y niños de la región. En una actividad mostró la fotografía de una científica colombiana y les preguntó dónde había nacido. La mayoría respondió que debía ser bogotana o extranjera. Se trataba de Lauren Flor, astrofísica vallecaucana, profesora de la Universidad de Antioquia y pionera en el descubrimiento de exoplanetas. Mientras los chicos pensaban las preguntas que le harían a esa científica, ella salió del fondo del salón y les contó su historia. Quedaron atónitos.
Para Martha Estupiñán, esta escena resume uno de los mayores desafíos de las mujeres en Stem: las niñas difícilmente imaginan un futuro en este ámbito cuando no han tenido referentes cercanos. Las cifras respaldan esa percepción. En Colombia, las mujeres representan apenas el 37,9 por ciento de los graduados en carreras Stem, según el Ministerio de Educación. Cuando se trata del mercado laboral la participación disminuye aún más: ocupan apenas el 26 por ciento de los empleos en la industria tecnológica y solo el 12 por ciento alcanza posiciones de liderazgo, de acuerdo con Fedesoft, la principal entidad gremial que representa, defiende y promueve los intereses de las empresas de tecnología en Colombia. La brecha se amplía en los cargos de mayor remuneración: en las vicepresidencias de desarrollo de software la representación femenina cae al 7,69 por ciento.
¿Cómo crear no solo oportunidades, sino conseguir que las mujeres puedan permanecer en Stem y liderar e inspirar a otras para abrir camino? Con esa pregunta en mente, durante el último año el ecosistema colombiano de organizaciones que trabajan por cerrar la brecha de género en estas áreas ha dado pasos importantes. El primero fue la publicación del Stem Women Annual Report Colombia (Swar) 2025, liderado por Geek Girls LatAm, un informe pionero que identificó 75 organizaciones Stem activas y documentó el surgimiento de 18 nuevas en apenas un año. El segundo fue la creación del Manifiesto para la Equidad e Inclusión de las Mujeres en Disciplinas Stem, impulsado por el Centro de Investigación y Desarrollo en Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (Cintel), como una hoja de ruta para orientar acciones del sector público, la academia y la empresa privada.
Atacar los sesgos en etapas tempranas
Joanna Prieto, cofundadora y directora de Geek Girls LatAm, una de las organizaciones firmantes del manifiesto Cintel, considera que una de las acciones más urgentes es la intervención en las etapas iniciales del desarrollo, sobre todo tratándose de un escenario que evidencia un alarmante punto ciego, según el informe Swar 2025: solo el 4 por ciento de las iniciativas Stem con enfoque de género en Colombia trabajan con la primera infancia (1 a 5 años). Prieto advierte que hay que actuar frente a una necesidad biológica y social, pues los estereotipos se internalizan entre los 2 y 3 años, cuando el cerebro consolida sus asociaciones inconscientes. “Hay que atacar el sesgo en las etapas tempranas mediante programas piloto; si empezamos ya, el horizonte para ver los primeros resultados en retención e interés es de 5 a 7 años”, sostiene.
Las cifras del Icfes (2025) revelan que la brecha se abre antes de la universidad. En las Pruebas Saber 11, los hombres superan a las mujeres por un promedio de 3,3 puntos en matemáticas. Esta disparidad erosiona la autoconfianza: a medida que crecen, las niñas temen confirmar el prejuicio de que no son ‘naturalmente brillantes’ para las ciencias, lo que fractura su interés vocacional en la transición a la secundaria. Varias organizaciones coinciden en que los programas de mentorías establecen un puente sólido en la Educación Media para que ese entusiasmo escolar no se evapore al elegir una carrera. Según el informe Swar, las mujeres que cuentan con mentores tienen un 28 por ciento más de probabilidades de alcanzar cargos de liderazgo.
Ese vacío de acompañamiento es precisamente el que buscan atender organizaciones como Inspiring Girls Colombia. Desde hace siete años, la fundación ha apoyado a más de 9.000 niñas de 108 instituciones educativas públicas de Bogotá, principalmente de estratos 1, 2 y 3, mediante encuentros con mujeres referentes de distintos sectores. Su directora, Ángela Feged, explica que entre los 11 y los 12 años muchas empiezan a incorporar la idea de que la ciencia ‘no es para ellas’. “No trabajamos para que más mujeres ocupen sillas en empresas; queremos mujeres tomando decisiones”, afirma. La Fundación Mujeres por Colombia avanza en una dirección similar. En los últimos 14 años ha orientado a cerca de 14.000 estudiantes de educación media de todo el país a través de su Foro de Orientación Profesional Stem.
A medida que se avanza en las etapas de la Educación Superior surgen más barreras para mujeres en Stem. Según el Ministerio de Educación, mientras en las ciencias puras las mujeres son mayoría en pregrado (56,3 por ciento), su presencia cae al 45,8 por ciento en niveles de doctorado. En ingeniería y tecnología la realidad es más cruda: la participación femenina se desploma a un crítico 20,3 por ciento en ingeniería y a solo el 17,9 por ciento en áreas puramente tecnológicas.
Este fenómeno, conocido como el ‘efecto tijera’, responde a lo que Joanna Prieto define como un clima académico devastador. “Las facultades de ingeniería siguen siendo espacios masculinizados en los que persisten microagresiones que minimizan la competencia femenina. El sistema falla en retenerlas porque asume que el trabajo termina al matricularlas, cuando en realidad ahí empieza”, afirma.
Frente a ese panorama, Fedesoft busca fortalecer toda la cadena de formación. Su presidenta, Ximena Duque, explica que la organización conecta estudiantes con empresas mediante su unidad Talento TI, trabaja con la Redis (Red de Decanos de Ingeniería de Sistemas) para revisar currículos, y articula el uso de nuevas tecnologías desde el Consejo de Educación Superior (Cesu). “Lo que tenemos que entender es qué es lo que pasa entre el colegio y la universidad, y qué es lo que tenemos que hacer nosotros como gobierno, como academia, como sector privado para fortalecer ese intercambio y que sean mucho más las mujeres que participen”, afirma Duque.
Segregación técnica y el techo de cristal
Una vez en el mercado laboral, donde las mujeres ocupan apenas el 26 por ciento de los empleos tecnológicos, surge una nueva barrera: la segregación de roles. Sandra Ortiz, docente de la Universidad Externado de Colombia, advierte que persiste una segregación técnica: mientras áreas estratégicas como la ciberseguridad y la Inteligencia Artificial siguen dominadas por hombres, muchas mujeres terminan concentradas en consultoría, protección de datos o gestión de firmas. Esta tendencia se suma a la radiografía de la industria, donde un preocupante 27 por ciento de las mujeres permanece estancado en roles operativos de soporte y atención al cliente, alejadas de los puestos estratégicos de desarrollo de software.
Esta distribución no es solo una brecha salarial, sino un riesgo de supervivencia profesional. Ante este diagnóstico, el ecosistema Stem ha dejado de pedir permiso para proponer soluciones estructurales. Desde El Manifiesto para la Equidad e Inclusión se han trazado metas ambiciosas para el país que contemplan la promoción del emprendimiento femenino, la implementación de políticas inclusivas, el desarrollo de tecnologías para la protección de las mujeres, y campañas para fomentar la participación de niñas y jóvenes.
Ante la ausencia de referentes femeninos en Stem organizaciones como Mujeres TIC, Interconectadas, Geek Girls, Womanize, Women in Tech y Fedesoft se han articulado para tomar acción. En simultánea, desde el informe SWAR se plantea la necesidad de un upskilling enfocado en capacitación técnica avanzada, en IA o datos y el patrocinio de compañías que abran semilleros para que estas mujeres migren de área sin perder su estabilidad laboral y apuesten por el desarrollo de liderazgo.
Más allá de las estrategias y las metas, Martha Estupiñán considera que el cambio también exige ampliar la manera como el país entiende la innovación. “No todas las mujeres van a dedicarse a Stem, pero una profesional de la salud también puede crear una startup. La innovación no es solo tecnología; es una forma de transformar la sociedad”.