“Las relaciones son un capital tan tangible como el dinero”, dice esta administradora de empresas de la Universidad de los Andes. Construyó esa convicción trabajando primero con una junta de inversionistas que promovió las primeras zonas francas privadas del país y luego en el Instituto de Desarrollo Urbano, durante la primera alcaldía de Enrique Peñalosa, cuando negociar con comunidades era condición para el avance de las obras.

Un diplomado en Relaciones Internacionales en Harvard la llevó, en 2003, a Colombia Telecomunicaciones con una misión delicada: evitar que la primera factura, más alta de lo habitual tras la liquidación de Telecom, desatara una crisis reputacional en una empresa con presencia en todo el país. “Lo que tardaría años en estabilizarse, lo contuvimos en seis meses”. Lideró el área durante diez años, uniendo sostenibilidad, reputación, relacionamiento institucional y ética y cumplimiento.

Ahí afinó su modelo: “Toda reputación es un balance entre imagen, cultura y experiencia; sin relacionamiento los tres se desmoronan”.

En 2014, se volcó a la consultoría independiente, pero dos años después asumió la dirección de la Fundación Origen, que forma líderes de todos los sectores; en cuatro años y medio, formó a 600 en cinco ciudades.

Esas bases en relacionamiento las potenció en el Instituto Relacional de Barcelona, antes de volver a la consultoría y pregonar a sus clientes que “la confianza es el verdadero habilitador del siguiente nivel”.