Al mando de uno de los laboratorios flotantes más importantes del país, el buque ARC Simón Bolívar, de la Dirección General Marítima (Dimar), hay una mujer que se ganó su posición con preparación y constancia: la capitana de fragata Natalia María Otálora Murillo, oceanógrafa e hidrógrafa formada en el Servicio Hidrográfico Nacional.
Otálora está liderando en altamar la Misión Océano: Capítulo Pacífico 2026, que desarrollará misiones científicas durante cien días de navegación. “Comandar el Simón Bolívar es liderar una plataforma donde convergen ciencia, soberanía y servicio a Colombia. Ser la primera mujer en asumir este comando me honra profundamente, pero también representa una responsabilidad muy grande de abrir puertas a las futuras generaciones; el liderazgo de este buque no conoce de género, es un tema de responsabilidad, de conocimiento, de experiencia y de compromiso con el azul de la bandera”, afirma mientras revisa con su tripulación hasta el último detalle antes de zarpar al desarrollo del Crucero Oceanográfico N° 65 para el Estudio Regional del Fenómeno El Niño (ERFEN), desde instalaciones de la Sociedad Portuaria en San Andrés de Tumaco, Nariño.
Aunque es la primera mujer como comandante del buque, no es la historia que le interesa que se cuente sobre ella. “No quiero ser recordada solamente por haber sido la primera mujer, sino por haber dejado una mejor unidad, una mejor tripulación y una huella útil para Colombia, y para lograrlo se requiere disciplina y preparación”, dice, porque, como resume ella misma, “nunca un mar en calma hizo experto a un marino”.
Fue directora del Centro de Investigaciones Oceanográficas e Hidrográficas del Pacífico (CCCP) y se desempeñó como segunda comandante de este mismo buque antes de asumir su mando. El mar, dice, le ha enseñado humildad. “Nadie llega a la cima solo, necesitamos un equipo, y en mi caso la tripulación es indispensable; conocerlos, que me conozcan, que amen lo que hacen, que se reconozca su valor en la misión. Yo tomo las decisiones, pero cuento con un equipo para saber qué debo hacer y cómo hacerlo, porque la autoridad se recibe con el cargo, pero el liderazgo hay que ganárselo todos los días”, reitera.
Tres misiones, un mismo propósito
Misión Océano: Capítulo Pacífico 2026 inició el 3 de agosto desde Cartagena con una tripulación de 85 personas entre marinos y científicos, y se extenderá hasta la primera semana de noviembre. Sus resultados se presentarán en el primer semestre de 2027.
La misión, que tendrá tres fases, cubre cuatro ejes de investigación: oceanografía física, química, biológica e hidrografía. La primera recorre más de 7.000 millas náuticas sobre la plataforma continental, recolectando información batimétrica, que son las mediciones de la profundidad del fondo marino en relación con el nivel del mar, que actualizará la cartografía náutica del país. La segunda es el Crucero Oceanográfico del Estudio Regional del Fenómeno de El Niño (ERFEN), que zarpó desde San Andrés de Tumaco, el pasado 8 de septiembre en su edición número 65, para estudiar el comportamiento de El Niño en 75 estaciones, 46 de ellas dentro de áreas marinas protegidas. La tercera es Pacífico Abisal: geografías del azul profundo, que por primera vez mapeará ecosistemas del fondo marino que nadie ha visto todavía. Como aporte adicional, la misión instalará tres boyas meteo-oceánicas en Buenaventura, Bahía Solano y Tumaco, que reforzarán el sistema de alerta temprana del país ante eventos climáticos extremos.
La misión se desarrolla en alianza institucional entre la Dimar, la Comisión Colombiana del Océano (CCO), Parques Nacionales Naturales (PNN), el Invemar; el IDEAM, la Autoridad Nacional de Acuicultura y Pesca (Aunap), las universidades Nacional, de Antioquia y del Valle, y el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF). Este es uno de los principales esfuerzos nacionales de investigación oceanográfica que se han emprendido en el país.
El ERFEN se desarrolla de manera simultánea en Perú, Ecuador, Chile y Colombia, entre septiembre y octubre, con la Dimar como entidad coordinadora. A bordo del tramo colombiano viajan 25 investigadores de distintos centros científicos del país, recolectando la información que Colombia necesita para enfrentar de manera informada un fenómeno de El Niño que, según las proyecciones, será el más fuerte desde 1950. “Cada dato que obtenemos puede convertirse en conocimiento útil para comprender mejor nuestro océano. Esta es una misión de alto valor para Colombia que permitirá fortalecer la toma de decisiones y contribuir al ejercicio de la soberanía marítima nacional a través de la ciencia y la diplomacia científica. Navegamos para conocer. Conocemos para proteger”, destaca Otálora antes de zarpar.
En ese sentido, para la directora ejecutiva de Fondo Acción, Natalia Arango Vélez, esta expedición corrige una deuda que el país lleva aplazando con su propio mar: “Colombia hoy, excepto algunas ciudades en el Caribe, mira de espaldas al mar. Y lo que no se conoce, no se aprecia y no se cuida”. Por eso insiste en que investigaciones como esta solo son posibles gracias a la alianza entre autoridades ambientales, academia y Armada Nacional: “Sin datos no hay manera de planear, de tomar acciones oportunas cuando hay crisis climáticas, de responder por algo tan importante como el recurso pesquero, del que viven las comunidades del Pacífico, por ejemplo”, reitera.
Bajo el sol de Tumaco
Para el capitán de fragata Jonathan Fabrizio Gómez Sierra, director del Centro de Investigaciones Oceanográficas e Hidrográficas del Pacífico (CCCP) de la Dimar, con el desarrollo de esta misión, Tumaco se convierte en eje estratégico de la investigación científica marina y desarrollo clave para la región. “Esta es una de las expediciones científicas más importantes del país, que nos permitirá conocer un poco más de nuestro océano Pacífico”, destaca el oficial.
Para Otálora, además de recolectar los datos que traerá de vuelta, dejar un legado para las niñas y jóvenes que hoy sueñan con ingresar a la Armada Nacional y comandar uno de sus buques es parte de su misión propia. Por eso asegura que abrir el Simón Bolívar a los estudiantes es el verdadero propósito detrás del uniforme: “Con cada niña o joven que visita el buque tenemos una oportunidad para contarle lo que hacemos, cómo lo hacemos y la importancia de hacerlo. Y si en algunos años la vemos regresar como científica, oficial o investigadora, habrá valido la pena abrir esa puerta. Ese es el verdadero legado que quiero dejar”, afirma.
Conocer el Pacífico no es un lujo científico ni un capítulo más de una expedición naval: es la información que el país necesita para enfrentar crisis climáticas, proteger el recurso pesquero del que viven miles de familias y tomar decisiones que hoy se toman a ciegas. Buen viento y buena mar.