Después de más de 150 años de ausencia, las tortugas gigantes vuelven a recorrer libremente la isla Floreana, en el archipiélago de Islas Galápagos. Este hecho, considerado histórico por la comunidad científica, representa un avance clave en la recuperación de especies amenazadas y en la restauración de ecosistemas únicos en el planeta.

Un regreso que revive el equilibrio natural

Durante el siglo XIX, las tortugas gigantes desaparecieron de Floreana debido a la caza intensiva por parte de balleneros y la llegada de especies invasoras como cerdos y ratas, que afectaron gravemente su reproducción. La ausencia de estos animales no solo impactó a la especie, sino que transformó el entorno.

Las tortugas cumplen un papel esencial en la naturaleza, un ejemplo es en Galápagos, pues históricamente, estas ayudaron al alimentarse de plantas, ayudan a controlar la vegetación, abren senderos naturales y dispersan semillas, lo que permite que distintas especies vegetales se regeneren. Sin ellas, el paisaje perdió parte de su dinámica natural.

158 tortugas gigantes fueron liberadas en Floreana por la Dirección del Parque Nacional Galápagos. Foto: Galápagos Conservancy / NASA

En un paso significativo, la Dirección del Parque Nacional Galápagos, junto con aliados en conservación, liberó recientemente 158 ejemplares en dos zonas de la isla. Este proceso hace parte de un esfuerzo sostenido que durante décadas ha permitido criar y devolver a su entorno a miles de tortugas en todo el archipiélago.

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Tecnología espacial al servicio de la conservación

Uno de los aspectos más llamativos de este proyecto es el uso de información proveniente de la NASA. A través del análisis de imágenes y datos obtenidos desde el espacio, los investigadores han logrado identificar las zonas más adecuadas para la supervivencia de las tortugas.

“En el año 2000, los científicos hicieron un descubrimiento inesperado. Gibbs y otros investigadores encontraron un tipo inusual de tortugas en el volcán Wolf que no se parecían a ninguna otra tortuga viva conocida. Casi una década más tarde, el ADN extraído de los huesos de las extintas tortugas de Floreana confirmó que las tortugas portaban ascendencia de las tortugas de Floreana, lo que estimuló el lanzamiento de un programa de reproducción que desde entonces ha producido cientos de crías que se tiene previsto llevar de regreso a esta isla”, explicó la NASA.

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Estos datos permiten entender cómo cambian factores como la vegetación, la humedad y la temperatura, lo que resulta clave para determinar dónde hay mejores condiciones de alimento, agua y espacios para anidar. Con esta información, se diseñó una herramienta que cruza registros ambientales con observaciones de campo acumuladas durante años.