Bajo las aguas del sur de Japón, un coloso geológico que protagonizó la mayor erupción de los últimos 11.700 años muestra señales de una nueva actividad interna. Investigadores de la Universidad de Kobe han detectado que la caldera de Kikai, un sistema volcánico mayoritariamente sumergido, está acumulando grandes volúmenes de material fundido en las mismas estructuras que causaron una catástrofe milenaria.

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El despertar silencioso de una caldera submarina

A diferencia de los volcanes convencionales con forma de cono, Kikai es una caldera, lo que significa que es una depresión extensa y poco profunda que se formó cuando el suelo colapsó tras vaciarse su reserva de magma en el pasado. Este tipo de estructuras pueden albergar cantidades de roca fundida tan vastas que, si se esparcieran sobre el Central Park de Nueva York, podrían cubrirlo con una capa de 12 kilómetros de espesor.

Para comprender cómo se preparan estos gigantes para un nuevo evento, el geofísico de la Universidad de Kobe, Nobukazu Seama, señala la importancia de estudiar estas acumulaciones: “Debemos entender cómo se pueden acumular cantidades tan grandes de magma para comprender cómo ocurren las erupciones de calderas gigantes”.

Radiografías sísmicas en las profundidades del océano

La ubicación bajo el agua, lejos de ser un impedimento, permitió a los expertos realizar un mapeo sistemático utilizando tecnología avanzada. El equipo empleó pulsos de aire controlados que viajan a través de la roca y sensores colocados en el lecho marino para registrar cómo estas ondas cambian de velocidad, lo que permite identificar dónde se encuentra la roca parcialmente fundida.

Tecnología sísmica permitió descubrir una enorme reserva de magma bajo el océano. Foto: Nobukazu Seama

Respecto a la metodología, Seama explica que “la ubicación bajo el agua nos permite implementar estudios sistemáticos a gran escala”. Gracias a estas “radiografías” del subsuelo, se confirmó la existencia de una enorme reserva de magma rica en material fundido ubicada exactamente debajo de la zona que causó la histórica erupción de hace 7,300 años.

Un sistema antiguo alimentado por material nuevo

Las investigaciones revelaron que no se trata simplemente de magma que quedó allí desde la antigüedad, sino de una recarga activa. Desde hace unos 3.900 años, se ha estado formando un domo de lava en el centro de la caldera, y los análisis químicos demuestran que este material es distinto al de la erupción catastrófica anterior.

Al analizar la ubicación del depósito, el experto Nobukazu Seama afirma: “Debido a su extensión y ubicación, está claro que se trata, de hecho, de la misma reserva de magma que en la erupción anterior”. Además, añade sobre el origen del material que “esto significa que el magma que está ahora presente en la reserva de magma bajo el domo de lava es probablemente magma recién inyectado”.

Implicaciones para otros gigantes como Yellowstone

Este hallazgo en Japón no es un caso aislado, sino que podría ser la clave para entender el comportamiento de otros supervolcanes famosos como Yellowstone en Estados Unidos o Toba en Indonesia. El modelo de “reinyección” de material fundido parece ser una constante en estos sistemas de gran escala.

Según Seama, “este modelo de reinyección de magma es consistente con la existencia de grandes reservas de magma poco profundas bajo otras calderas gigantes como Yellowstone y Toba”. El objetivo final de los científicos no es generar alarma, ya que la presencia de magma no implica una erupción inminente, sino perfeccionar la capacidad de previsión.

El hallazgo podría ayudar a comprender supervolcanes como Yellowstone y Toba. Foto: Getty Images

En palabras del geofísico: “Queremos refinar los métodos que han demostrado ser tan útiles en este estudio para comprender más profundamente los procesos de reinyección. Nuestro objetivo final es ser más capaces de monitorear los indicadores cruciales de futuras erupciones gigantes”.