Un cocodrilo que vivió en el antiguo Egipto hace unos 45 millones de años acaba de recibir un nombre relacionado con uno de los monumentos más reconocidos del país. Investigadores identificaron una nueva especie de gavial extinto a partir de fósiles encontrados en las mismas rocas que fueron utilizadas, millones de años después, para construir la Gran Esfinge.
La especie fue bautizada como Herugavialis cairensis. El hallazgo resulta llamativo por una particularidad del cráneo: al fósil le falta la parte delantera del hocico. Esta característica llevó a los investigadores a establecer una curiosa semejanza con la Gran Esfinge, cuya nariz también se encuentra incompleta.
De acuerdo con información de Europa Press, el estudio, publicado en la revista Royal Society Open Science, fue realizado por un equipo internacional encabezado por el doctor Paul Burke, del Museo Sueco de Historia Natural, en Estocolmo, con la participación de investigadores del Reino Unido, Suecia, Alemania y Egipto.
Los gaviales son un grupo de cocodrilos reconocidos por sus hocicos largos y estrechos. En la actualidad, su presencia está limitada a zonas de agua dulce del subcontinente indio y el sudeste asiático, donde sobreviven únicamente dos especies: Gavialis gangeticus y Tomistoma schlegelii, conocido como falso gavial.
Su historia evolutiva, sin embargo, fue mucho más amplia. Los fósiles muestran que estos animales estuvieron presentes en diferentes regiones del planeta durante más de 100 millones de años y que algunas especies llegaron a ocupar ambientes marinos poco profundos.
Los restos que permitieron identificar a Herugavialis fueron recuperados durante la década de 1920 en la Formación Mokattam, una zona geológica egipcia de aproximadamente 45 millones de años. Entre ellos se encontraba un cráneo casi completo que durante décadas fue atribuido al falso gavial debido a las similitudes que presentaba con este animal.
La clasificación cambió gracias a nuevas técnicas utilizadas en paleontología. Entre ellas estuvo la tomografía computarizada, que permitió a los científicos examinar estructuras internas del cráneo sin alterar el fósil. El análisis reveló diferencias suficientes para determinar que los restos correspondían a una especie hasta entonces desconocida.
El nombre elegido tampoco fue casual. Los investigadores decidieron utilizar una referencia a Heru, una antigua deidad egipcia que posiblemente estuvo relacionada con la inspiración para representar a la Gran Esfinge. Así, Herugavialis cairensis quedó vinculado tanto por su nombre como por la característica de su cráneo con uno de los símbolos más conocidos de Egipto.
Este cocodrilo tampoco estaba solo. Durante el periodo en el que vivió, buena parte de la región estaba cubierta por ambientes marinos poco profundos en los que habitaban al menos otras dos especies de gaviales.
De acuerdo con los investigadores, el Mediterráneo fue durante buena parte de los últimos 50 millones de años un territorio con una importante diversidad de cocodrilos. Esa variedad habría cambiado con las variaciones de la temperatura global y del nivel del mar. Finalmente, los cocodrilos desaparecieron de la región después de que el Mediterráneo se secara, hace aproximadamente seis millones de años.