Un dato ha captado la atención de la comunidad científica: la población mundial ya supera los 8.300 millones de personas, según cifras de Worldometers, lo que, de acuerdo con un reciente estudio internacional, excede ampliamente la capacidad del planeta para sostenerse de manera equilibrada.
La investigación sugiere que un nivel de habitantes acorde con los recursos naturales estaría alrededor de los 2.500 millones, siempre que se mantenga un equilibrio sin comprometer los sistemas que hacen posible la vida.
Sin embargo, los investigadores advierten que, de mantenerse la tendencia actual, la población podría alcanzar los 12.400 millones hacia finales de la década de 2070, lo que implicaría una presión sin precedentes sobre la Tierra.
El análisis fue liderado por Corey J. Bradshaw, de la Universidad de Flinders, y contó con la participación de expertos como Paul R. Ehrlich. Para llegar a estas conclusiones, los científicos utilizaron más de 200 años de registros demográficos junto con modelos ecológicos, con el fin de examinar la relación entre el crecimiento poblacional, el consumo de recursos y la capacidad del entorno natural.
Según el investigador que lidera el análisis, este escenario sería riesgoso para los sistemas que sostienen la vida, ya que el ritmo de crecimiento está llevando al planeta más allá de sus límites reales de sostenibilidad.
Los investigadores subrayan que el problema no radica únicamente en la cantidad de personas que habitan el planeta, sino en la forma en que consumen los recursos. En este sentido, advierten que el impacto ambiental depende tanto del tamaño de la población como de los hábitos de vida, especialmente ante la alta demanda de energía, alimentos y materias primas.
Además, el estudio explica que, hasta mediados del siglo XX, el crecimiento demográfico estaba asociado a avances tecnológicos y a una mayor disponibilidad de recursos, lo que favorecía el desarrollo económico. Pero, esta tendencia comenzó a cambiar hacia finales de la década de 1950, cuando la relación entre aumento poblacional y progreso empezó a debilitarse.
A partir de los años 60, los expertos identifican el inicio de una “fase demográfica negativa”, en la que el incremento de la población ya no impulsa el crecimiento, sino que intensifica la presión sobre los sistemas naturales. Aunque la población continúa en aumento, el ritmo se desacelera, reflejando una saturación progresiva del sistema.
Los investigadores advierten que, si la humanidad llegara a entre 11.700 y 12.400 millones de personas, el impacto sobre el clima y los ecosistemas podría ser extremadamente grave.
Asimismo, señalan que los sistemas fundamentales para la vida ya se encuentran bajo una fuerte presión. Sin una transformación profunda en la gestión de los recursos, miles de millones de personas podrían verse expuestas a escenarios de creciente inestabilidad social y ambiental.
El informe también concluye que las sociedades con menor tamaño poblacional y hábitos de consumo más moderados tienden a obtener mejores resultados tanto en bienestar humano como en sostenibilidad ambiental. Aunque el margen de acción es cada vez más limitado, los autores consideran que todavía es posible cambiar la tendencia si los países actúan de manera coordinada.