Cada vez son más los hallazgos científicos que sorprenden a la comunidad, especialmente cuando desmontan ideas que durante años se consideraron ciertas. Uno de los casos más recientes fue publicado en la revista Proceedings of the Royal Society B, donde se reveló que un fósil, considerado durante décadas como el pulpo más antiguo del mundo, en realidad no pertenece a esta especie.
Se trata de Pohlsepia mazonensis, un fósil de aproximadamente 300 millones de años que había sido interpretado como un pulpo primitivo. Sin embargo, gracias al uso de tecnologías avanzadas de imagen, los investigadores determinaron que no es un pulpo, sino un organismo más cercano a los nautilos. Su verdadera identidad había permanecido oculta debido a los procesos de descomposición previos a la fosilización.
Durante años, este ejemplar fue clave para ubicar el origen de los pulpos en el Paleozoico. No obstante, los nuevos análisis demostraron que no se trata de un octobraquio primitivo, sino de un nautiloide alterado por procesos tafonómicos. Este hallazgo no solo corrige interpretaciones previas, sino que también descarta un origen tan antiguo para los pulpos y aporta evidencia poco común sobre tejidos blandos en nautiloideos.
El fósil, descrito en el año 2000 a partir de un único ejemplar hallado en Mazon Creek, había sido clasificado como un pulpo cirrado primitivo debido a características como su cuerpo en forma de saco, la aparente presencia de aletas, ojos y brazos, y la ausencia de concha. Esta interpretación modificó de manera significativa la comprensión de la evolución de los cefalópodos, adelantando el origen de los coleoideos en más de 150 millones de años, del Jurásico al Paleozoico.
Además, Pohlsepia mazonensis se convirtió en un referente para estudios evolutivos, al ser utilizado como punto de calibración en análisis moleculares. Incluso fue considerado un “fusible filogenético”, es decir, un caso en el que un solo fósil sugiere una historia evolutiva mucho más antigua de lo previamente estimado.
El nuevo estudio se centró en este ejemplar y en otros fósiles similares de Mazon Creek, los cuales también fueron analizados y podrían corresponder a organismos relacionados, identificados provisionalmente por ciertas estructuras bucales.
Para ello, se aplicaron técnicas como microfluorescencia de rayos X, SEM-EDXS e imágenes multiespectrales con el fin de reevaluar las supuestas estructuras de tejidos blandos.
A partir de esta revisión y de la identificación de nuevos rasgos, el estudio aporta una perspectiva renovada sobre la evolución de los moluscos marinos. Asimismo, pone en duda la fiabilidad de ciertas interpretaciones basadas en fósiles de cuerpo blando, especialmente cuando estos presentan características ambiguas.