En el mes de los ríos, Greenpeace Colombia advirtió sobre los efectos de la deforestación amazónica en los ecosistemas acuáticos y su relación con la disponibilidad de agua en otras regiones del país. La organización señaló que la transformación de los bosques afecta las condiciones ambientales de las que dependen miles de especies y comunidades.

Greenpeace Colombia alerta por el impacto de la deforestación en tres especies de la Amazonía

La Amazonía colombiana representa el 42,3 % del área continental del país y alberga cerca de 1.200 especies de peces. Sus ríos son fundamentales para la alimentación, el transporte, las economías locales y las prácticas culturales de numerosas comunidades.

Según Greenpeace, cuando los bosques son reemplazados por potreros, aumenta la erosión y los sedimentos llegan a quebradas y ríos. Además, la pérdida de vegetación reduce la sombra sobre los cuerpos de agua y puede elevar su temperatura. Estudios realizados en pequeños arroyos de la Amazonía brasileña encontraron que aquellos ubicados en zonas deforestadas pueden registrar temperaturas promedio 3,5 °C más altas.

“El problema de la deforestación no termina cuando cae un árbol. Lo que ocurre en el bosque también termina afectando el agua y a especies ribereñas. Cuando se pierde la cobertura vegetal, los ríos reciben más sedimentos, pierden sombra y cambian las condiciones de los ecosistemas de los que dependen miles de especies y comunidades”, afirmó Laura Caicedo, coordinadora de Campañas de Greenpeace Colombia.

La afectación también tiene implicaciones para otras regiones. Investigaciones de la Universidad de Antioquia señalan que cerca de una de cada tres gotas de lluvia que precipita sobre la cuenca del Magdalena procede de humedad asociada a los bosques amazónicos y las sabanas de la Orinoquía.

La organización también alertó sobre los efectos de la expansión ganadera en zonas de bosque, debido a su relación con la pérdida de cobertura vegetal, la degradación de las riberas y el aumento de sedimentos en el agua.

Entre las especies amenazadas por el deterioro de estos ecosistemas están el delfín rosado amazónico, la nutria gigante y la tortuga charapa, cuya supervivencia depende de la disponibilidad de alimento y de espacios adecuados para reproducirse.

Ante este panorama, Greenpeace pidió avanzar hacia cadenas ganaderas con trazabilidad pública que permitan identificar vínculos con la deforestación, fortalecer los controles y proteger las riberas. La organización también planteó la necesidad de apoyar a pequeños productores para desarrollar sus actividades sin destruir los bosques.

La entidad concluyó que la conservación de la Amazonía está relacionada con la seguridad hídrica del país, pues la salud de los ríos depende también de los bosques que permanecen en pie y de las actividades productivas que se desarrollan en sus territorios.