La biodiversidad no se limita a la cantidad de especies que habitan un territorio, sino que también comprende las relaciones que permiten el funcionamiento de los ecosistemas. En la Amazonía colombiana, la transformación de los bosques afecta estas dinámicas y genera presiones sobre especies como el jaguar, la nutria gigante y el águila arpía.
El jaguar (Panthera onca), el felino más grande de América, es un depredador tope que contribuye a regular las poblaciones de sus presas y al equilibrio de los ecosistemas. En Colombia, la Amazonía constituye uno de sus principales territorios. Sin embargo, la deforestación, la fragmentación del bosque y la expansión de la frontera ganadera reducen el hábitat disponible y la conectividad entre poblaciones.
La especie necesita grandes extensiones de territorio y una base abundante de presas. Cuando el bosque se convierte en pastizales, su territorio se fragmenta y aumentan las posibilidades de conflicto con las comunidades humanas.
La nutria gigante (Pteronura brasiliensis), especie en peligro, depende de ríos, caños, lagunas, humedales y bosques inundables. Necesita vegetación en las orillas para refugiarse y construir sus madrigueras, además de aguas saludables y suficientes peces para alimentarse. La deforestación puede eliminar la vegetación ribereña, favorecer la erosión y aumentar la sedimentación de los cuerpos de agua.
A esto se suma la contaminación. La minería ilegal puede incorporar mercurio a los ríos, un contaminante que se acumula en los organismos a lo largo de la cadena alimentaria y representa una amenaza para especies que, como la nutria gigante, se encuentran en niveles superiores de esa cadena.
En las copas del bosque habita el águila arpía (Harpia harpyja), considerada el mayor depredador del dosel de los bosques neotropicales. La especie necesita grandes extensiones de bosque continuo y árboles emergentes para construir sus nidos, que pueden ubicarse entre los 20 y 40 metros de altura.
La pérdida y fragmentación de estos bosques, asociada entre otras causas a la expansión de la frontera agropecuaria, pone en riesgo los espacios que necesita para sobrevivir y reproducirse. Además, tiene una tasa reproductiva lenta: construye sus nidos en grandes árboles, pone pocos huevos y normalmente solo uno de los polluelos sobrevive.
“La biodiversidad no está separada de las decisiones que tomamos sobre el territorio. Cada hectárea de bosque que se transforma puede significar la pérdida de alimento, refugio, corredores y lugares de reproducción para especies que cumplen funciones esenciales dentro de los ecosistemas. Por eso, proteger la Amazonía exige saber qué está pasando con sus bosques, detener su transformación y garantizar que las actividades productivas no sigan avanzando sobre ellos”, señala Laura Caicedo, coordinadora de Campañas de Greenpeace Colombia.
En el Día Internacional de la Diversidad Biológica, Greenpeace Colombia hace un llamado a proteger la Amazonía y las relaciones que sostienen sus ecosistemas. La organización señala que conservar estos territorios implica conocer el origen de lo que se produce, fortalecer la protección de los bosques y evitar que la expansión de actividades como la ganadería continúe transformando ecosistemas y fragmentando los territorios de las especies.