El informe científico de “Planeta Vivo, Océanos” de WWF, enseñó un panorama crítico sobre la estabilidad de los ecosistemas marinos, señalando que la verdadera amenaza para el consumo humano no reside únicamente en contaminantes externos, sino en el colapso sistémico de las especies que sustentan la alimentación global.

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La actividad humana a lo largo de los años ha degradado los océanos a una velocidad que supera la capacidad de regeneración de la naturaleza, algo que pone en riesgo la seguridad alimentaria.

La desaparición masiva de especies de consumo

Los datos recopilados muestran una tendencia alarmante: entre 1970 y 2012, las poblaciones marinas registraron un descenso general del 49 %, sin embargo, la situación es más severa para las familias de peces esenciales en la dieta humana, como los: atunes, caballas y bonitos, los cuales han sufrido una pérdida drástica del 74 %.

Atunes, caballas y bonitos registraron una reducción del 74% en sus poblaciones. Foto: Getty Images

Esta reducción se da principalmente por la captura desmedida que no respeta los ciclos biológicos de reproducción de las especies.

El fin de los hábitats esenciales para el año 2050

La viabilidad de la pesca depende directamente de la salud de los entornos donde los peces se alimentan y crían y, el estudio advierte que de continuar el ritmo actual del cambio climático, los arrecifes de coral y las praderas marinas podrían desaparecer por completo para el año 2050.

Esto representaría una extinción catastrófica, considerando que el 25 % de todas las especies marinas habitan en los arrecifes y que unos 850 millones de personas dependen de los servicios que estos ecosistemas proveen.

Factores agravantes: Clima y acidificación

Más allá de la sobreexplotación, el cambio climático actúa como un multiplicador de riesgos. El aumento de las temperaturas y la acidificación de las aguas, causada por la absorción de dióxido de carbono, están transformando la dinámica oceánica de forma más acelerada que en cualquier otro periodo en millones de años.

El cambio climático estaría agravando la crisis que enfrentan los océanos en todo el mundo. Foto: Getty Images

En regiones como Latinoamérica y el Caribe, estas alteraciones ya afectan la disponibilidad de recursos clave como el jurel y la sardina, comprometiendo tanto la biodiversidad como la economía regional.

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La rentabilidad de la protección marina

A pesar de la urgencia, el análisis destaca que el océano sigue siendo un recurso renovable si se implementan soluciones efectivas de inmediato.

Una de las estrategias más prometedoras es la expansión de las áreas marinas protegidas, las cuales pueden generar beneficios equivalentes al triple de la inversión realizada en términos de empleo y protección costera.

La recuperación del capital natural marino se presenta como la única vía para garantizar un suministro de alimentos estable y combatir la desnutrición a escala global.