Los fósiles siguen revelando características sorprendentes de especies que habitaron la Tierra hace millones de años. Una de las más recientes fue identificada por investigadores de la Universidad de Tel Aviv y la Academia China de Ciencias, quienes estudiaron una especie de insecto que vivió hace aproximadamente 99 millones de años, durante la era de los dinosaurios.
La investigación, publicada en la revista Insects y citada por ErukAlert!, se basó en el análisis de 13 fósiles conservados en ámbar de Myanmar.
Los ejemplares pertenecían a una antigua familia de insectos emparentados con los saltamontes y presentaban una particularidad inusual: sus piezas bucales eran extremadamente largas y flexibles, hasta el punto de alcanzar casi el doble de la longitud de su cuerpo. Esta característica no se encuentra en sus parientes actuales.
Los escaneos de alta resolución permitieron identificar pequeños pliegues transversales que reforzaban estas estructuras y les daban flexibilidad sin que perdieran su forma. Además, la curvatura observada en varios fósiles respaldó la hipótesis de que estas piezas podían doblarse mientras el insecto estaba vivo.
La especie recibió el nombre de Cretodorus noonoo, en referencia a Noo-Noo, la aspiradora de la serie infantil Teletubbies. La elección se debe al parecido entre la manguera larga y flexible del personaje y las singulares estructuras bucales del insecto.
Pero ¿para qué necesitaba un órgano de estas dimensiones? Según los investigadores, no estaría diseñado para alimentarse del néctar de las flores, sino para introducirse en las grietas de la corteza de los árboles y extraer la savia de sus tejidos internos.
“No se trata simplemente de un insecto desconocido hasta ahora para la ciencia, sino de un animal que desarrolló una solución evolutiva prácticamente sin equivalente en la actualidad: un órgano de alimentación largo, flexible y resistente que probablemente le permitía alcanzar el alimento en las profundidades de la corteza de los árboles”, señaló Leonidas-Romanos Davranoglou, uno de los investigadores del estudio.
El descubrimiento también ofrece pistas sobre las condiciones de los bosques durante el Cretácico. Los científicos plantean que la presencia de árboles con cortezas gruesas pudo favorecer la aparición de insectos con mecanismos de alimentación especializados. Asimismo, sugieren que los incendios recurrentes habrían contribuido a generar estas condiciones, aunque esta relación todavía es una hipótesis que requiere mayor investigación.
El hallazgo permite conocer una adaptación evolutiva poco común que existió hace millones de años y que, con el paso del tiempo, desapareció. También muestra cómo el análisis de fósiles conservados en ámbar puede ayudar a reconstruir las estrategias que desarrollaron los insectos para sobrevivir en antiguos ecosistemas.