El pasado 4 de agosto de 2026, el glaciar Petermann, ubicado en el noroeste de Groenlandia, sufrió un desprendimiento masivo al liberar una enorme masa de hielo flotante de 76.4 kilómetros cuadrados, una extensión similar a la isla de Manhattan.
Este fenómeno, conocido técnicamente como “parto” o desprendimiento de un glaciar, representa la mayor pérdida de hielo de este tipo en la región desde el año 2012.
La inmensa placa desprendida posee un espesor estimado de hasta 150 metros y se originó a partir de la “lengua” del glaciar, que no es más que la extensión de hielo que se adentra en el océano flotando sobre el agua sin llegar a separarse de la tierra firme.
La observación de una fractura inminente
Científicos de diversas instituciones internacionales han monitoreado el área mediante observaciones satelitales constantes desde 2019, registrando cómo las grietas debilitaban la estructura.
Adam Garbo, investigador de la Universidad de Ottawa que identificó el suceso, destacó la relevancia de este seguimiento: “El glaciar Petermann ha sido durante mucho tiempo una de las lenguas de hielo remanentes más grandes de Groenlandia. Hemos anticipado esta ruptura durante años, y ver que finalmente sucede es extraordinario”.
Un laboratorio natural único en el norte
La formación de estos bloques de hielo planos y gigantescos, llamados icebergs tabulares o islas de hielo, es un suceso poco habitual en el hemisferio norte.
La doctora Anna Crawford, de la Universidad de Stirling, explicó la importancia de analizarlos: “Aunque los icebergs tabulares grandes son relativamente comunes en el océano Austral que rodea la capa de hielo antártica, las islas de hielo árticas son mucho más raras. Al estudiar las islas de hielo del Ártico, obtendremos conocimientos que podrán transferirse a las regiones polares”.
Riesgos para la navegación y futuros colapsos
Este desprendimiento no parece ser un hecho aislado. Se estima que otras dos grandes secciones de la lengua de hielo, de 94 y 84 kilómetros cuadrados, podrían fragmentarse en un futuro cercano debido a grietas preexistentes, lo que reduciría la estructura total del glaciar en un 22%.
Además del interés investigativo, la deriva de estas masas flotantes preocupa a las autoridades marítimas.
Al respecto, la doctora Abigail Dalton, del Servicio Canadiense del Hielo, advirtió sobre las complicaciones que esto genera: “Estos son bloques gruesos de hielo que pueden ir a la deriva durante años. Con el tiempo, se fracturan en fragmentos más pequeños y difíciles de rastrear que representan peligros para las embarcaciones y las operaciones de recursos”.