En una maniobra sin precedentes que ha generado una profunda alarma en la comunidad investigadora, la administración de Donald Trump ha ejecutado el cese fulminante de los integrantes de la Junta Nacional de Ciencias (NSB).

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Este organismo funciona como el pilar consultivo y regulador de la Fundación Nacional de Ciencias (NSF); se ha quedado sin sus 22 especialistas de un plumazo, dejando un vacío de autoridad en una de las instituciones más críticas para el desarrollo tecnológico de la nación.

Un cese fulminante a través de medios digitales

La notificación de la destitución llegó de manera abrupta el pasado viernes; los científicos —que provienen de sectores de élite como la astronomía, la química y la ingeniería aeroespacial— recibieron un correo electrónico emitido por la Oficina de Personal Presidencial.

La Junta Nacional de Ciencias, clave desde 1950, controlaba recursos cercanos a los 9.000 millones de dólares. Foto: NSF

El mensaje, enviado en nombre del presidente, les comunicaba que su labor terminaba con “efecto inmediato”, cancelando incluso reuniones presenciales que estaban programadas para la semana siguiente y en las que se darían los toques finales a informes sobre el estado de la ciencia en el país.

El desmantelamiento de la supervisión científica

La Junta Nacional de Ciencias fue establecida en 1950 con el propósito de guiar al Congreso y a la Presidencia en políticas de innovación y de supervisar un presupuesto que ronda los 9.000 millones de dólares. Con esta disolución, el control sobre las asignaciones millonarias queda sin el contrapeso de una junta independiente.

Keivan Stassun, uno de los físicos afectados, advirtió que esta ausencia de supervisión podría facilitar la ejecución de recortes drásticos que amenazan con desmantelar la inversión en investigación fundamental y en la formación de futuras generaciones de ingenieros.

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Críticas políticas: ¿Experiencia o lealtad?

La reacción desde el ámbito legislativo ha sido de condena rotunda. La congresista demócrata Zoe Lofgren calificó la medida como “Esta es la estupidez más reciente de un presidente que continúa perjudicando la ciencia y la innovación estadounidenses”.

La principal preocupación que señala Lofgren radica en si estos puestos, tradicionalmente ocupados por académicos y expertos de la industria con mandatos de seis años, serán ahora cubiertos por simpatizantes del movimiento MAGA que prioricen la lealtad política sobre el rigor científico.

Zoe Lofgren calificó la medida como un grave error para la ciencia. Foto: Getty Images

“¿El presidente llenará la Junta Nacional de Ciencias con simpatizantes de MAGA que no lo confrontarán al tiempo que entrega nuestro liderazgo en ciencia a nuestros adversarios?”, dijo la congresista.

Según Maria Cantwell, del Comité del Senado sobre Comercio, Ciencia y Transporte, esto representa un “ataque peligroso” que podría entregar el liderazgo innovador de Estados Unidos a sus principales competidores internacionales.