Un análisis exhaustivo que involucró a medio 500 mil personas adultas sido clave para sugerir el tiempo dedicado al descanso nocturno influye directamente en el riesgo de muerte prematura y el desarrollo de enfermedades.
De acuerdo con la investigación, publicada en la revista Nature, existe una relación estrecha entre las horas de sueño y la rapidez con la que el cuerpo humano muestra signos de deterioro en sus funciones vitales.
La regla del “punto justo”: Ni mucho, ni poco
“Dormir más o menos de lo recomendado se asoció con un envejecimiento acelerado, que se midió mediante casi dos docenas de ‘relojes’ biológicos diferentes que tienen como objetivo evaluar el impacto del envejecimiento en el cuerpo”, comenta la investigación.
Los investigadores han identificado lo que llaman un “punto óptimo” para el descanso: entre seis y ocho horas diarias. Este hallazgo funciona como una balanza de precisión. Si duerme menos de ese tiempo, el cuerpo se resiente, pero si una persona duerme de más, el efecto negativo en el envejecimiento biológico parece ser muy similar.
Este fenómeno también se le conoce como el “efecto Goldilocks” (o Ricitos de Oro): no se trata de dormir el máximo posible, sino de encontrar la medida justa que permita al organismo repararse sin sobrecargarse.
Los “relojes” que miden el desgaste real
Para entender cómo afecta el sueño al cuerpo, el estudio encabezado por Junhao Wen, neurocientífico computacional de la Universidad de Columbia en Nueva York, no se fijó solo en las arrugas o el cansancio visible. Los científicos utilizaron 23 “relojes biológicos” diferentes.
La investigación comenta que “Wen y sus colegas buscaron vínculos entre la duración del sueño y 23 de estos relojes, que representan el envejecimiento en 17 órganos. Los relojes se basaban en niveles de proteínas o metabolitos, o en características de imágenes médicas”.
Estos relojes son herramientas que analizan niveles de proteínas y otras sustancias en la sangre, o incluso imágenes médicas, para calcular la edad real de tus células.
El resultado fue claro: quienes se alejan del rango de 6 a 8 horas muestran una aceleración en estos relojes, lo que significa que sus órganos podrían estar funcionando como los de una persona mucho mayor.
Uno de los puntos más reveladores de esta investigación es que el sueño no afecta a todo el cuerpo por igual. Se analizaron 17 órganos y sistemas diferentes. Según los expertos, el sueño impacta en cada rincón de la anatomía, desde el cerebro hasta el corazón y cada uno de ellos puede envejecer a un ritmo distinto dependiendo de nuestras horas de almohada.
Los investigadores descubrieron que los patrones de sueño anormales tienen muy poco que ver con los genes y mucho que ver con el entorno y decisiones diarias.