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Científicos descubren una capacidad “dormida” del cuerpo humano que podría revolucionar la medicina

Científicos lograron activar mecanismos ligados a la regeneración de tejidos en el cuerpo humano.

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9 de mayo de 2026 a las 7:49 p. m.
Una investigación plantea que el cuerpo humano podría reconstruir tejidos y no solo formar cicatrices.
Una investigación plantea que el cuerpo humano podría reconstruir tejidos y no solo formar cicatrices. Foto: Getty Images

Durante mucho tiempo, la ciencia dio por sentado que los seres humanos y otros mamíferos habían perdido la capacidad de recuperar partes del cuerpo perdidas, a diferencia de animales como las salamandras.

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Ahora, una reciente investigación de la Universidad de Texas A&M publicado en Nature Communications sugiere que el poder de regeneración no ha desaparecido, sino que está “dormido” o escondido detrás de nuestra forma habitual de sanar.

El dilema entre la cicatriz y la reconstrucción

Cuando se sufre una herida grave, el cuerpo humano tiene una prioridad: cerrarla rápido para protegerse. Este proceso se llama fibrosis y consiste en la formación de tejido cicatricial (una cicatriz) que sella la zona. Aunque esto es vital para sobrevivir, la cicatriz actúa como una barrera que impide que el cuerpo reconstruya lo que se perdió.

Por el contrario, otros animales forman algo llamado blastema, que funciona como una base o cimiento desde el cual empieza a crecer el nuevo tejido. Los científicos descubrieron que las células de nuestro cuerpo pueden ser “redirigidas” para que en lugar de fabricar una cicatriz, comiencen a formar esta estructura regenerativa.

El estudio reveló que el cuerpo humano tendría mecanismos regenerativos similares a los de otros animales.
Científicos descubrieron que algunas células humanas pueden ser guiadas para crear tejido nuevo en lugar de cicatrices. Foto: Getty Images

“Es como si estas células pudieran moverse en dos direcciones distintas”, explicó Dr. Ken Muneoka, profesor del Departamento de Fisiología y Farmacología Veterinaria (VTPP), además, lideró la investigación. “Podrían formar una cicatriz o un blastema. Nuestra investigación se centró en redirigir el comportamiento de los fibroblastos ya presentes en el lugar de la lesión”.

Un tratamiento en dos pasos: las señales correctas

Para despertar esta capacidad oculta, los investigadores diseñaron un método que utiliza dos sustancias llamadas factores de crecimiento, que son como mensajes químicos que le dicen a las células qué hacer.

  1. Frenar la cicatriz: Primero aplicaron un factor llamado FGF2, que ayuda a que el cuerpo termine de sanar normalmente pero empiece a organizar las células para crear una estructura similar al blastema.
  2. La orden de construir: Días después, aplicaron un segundo mensaje llamado BMP2, que es el que da la instrucción a las células para empezar a fabricar huesos y tejidos nuevos.
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Las piezas del rompecabezas ya están en el cuerpo

Uno de los hallazgos más sorprendentes es que no es necesario inyectar células madre externas. El estudio demostró que las células que se tienen en el sitio de la herida tienen la capacidad de ser reprogramadas. Solo necesitan recibir las señales adecuadas en el momento justo para cambiar su comportamiento y ponerse a reconstruir.

Una representación conceptual expone cómo la ciencia busca regenerar tejidos mediante factores de crecimiento.
La imagen muestra el uso de proteínas BMP2 y FGF2 para impulsar la restauración de tejidos en zonas lesionadas. Foto: Melissa Bristow/Facultad de Medicina Veterinaria y Ciencias Biomédicas de la Universidad de Texas A&M

Logros reales y un futuro prometedor

En las pruebas realizadas, los científicos lograron que se regeneraran estructuras complejas que incluían hueso, articulaciones, tendones y ligamentos. Aunque estas nuevas partes no eran copias perfectas en su forma original, contenían todos los elementos necesarios y estaban organizadas de manera natural.

Este avance no solo abre la puerta a la futura regeneración de extremidades, sino que podría tener aplicaciones más inmediatas, como mejorar la curación de heridas tras amputaciones y reducir drásticamente la formación de cicatrices.

Como algunas de estas sustancias ya se usan o se prueban en humanos, el camino hacia tratamientos médicos reales podría estar más cerca de lo esperado.