Una serie de muertes y desapariciones de científicos vinculados a áreas estratégicas ha generado inquietud en Estados Unidos, pues entre 2022 y 2026 al menos 12 científicos relacionados con sectores como la defensa, la energía nuclear y la tecnología aeroespacial han estado involucrados en incidentes que, hasta ahora, carecen de explicaciones concluyentes.
Los casos, que incluyen desde fallecimientos sin causa pública hasta desapariciones en circunstancias inusuales, han llevado a que agencias federales y el propio Gobierno evalúen si existe un patrón que pueda representar un riesgo para la seguridad nacional.
Investigación federal y revisión desde la Casa Blanca
El caso ha escalado a los más altos niveles. El FBI confirmó que adelanta revisiones sobre estos hechos, mientras que la Casa Blanca ha reconocido que analizará si existe algún vínculo entre los incidentes.
La secretaria de prensa, Karoline Leavitt, señaló en declaraciones a medios estadounidenses que, de confirmarse la conexión entre los casos, se impulsaría una investigación formal. Posteriormente, voceros oficiales indicaron que el tema será evaluado desde la perspectiva de seguridad nacional.
En paralelo, el Congreso también ha comenzado a examinar la situación para determinar si estos eventos aislados podrían ocultar una amenaza mayor contra personal clave del país.
Un patrón que inquieta a la comunidad científica
Las víctimas tenían en común su vinculación con instituciones de alto nivel, como la NASA, el Laboratorio Nacional de Los Álamos y centros de investigación avanzada.
El perfil de los afectados —muchos con acceso a información sensible o involucrados en proyectos estratégicos— ha sido uno de los factores que más preocupa a las autoridades. Aunque no se ha establecido una conexión oficial entre los casos, la repetición de circunstancias poco claras ha incrementado la incertidumbre.
Algunos informes señalan que varias de las muertes no contaron con detalles públicos sobre sus causas, mientras que otras han sido catalogadas como suicidios o hechos aislados, sin cerrar del todo las dudas.
Quiénes son los científicos involucrados
Los documentos recopilados identifican a doce investigadores y especialistas cuyos casos han generado atención:
- Amy Eskridge (2022): Investigadora en física de plasma, vinculada a estudios de propulsión avanzada. Su muerte fue catalogada como suicidio, aunque allegados señalaron que había expresado temores por su seguridad.
- Michael David Hicks (2023): Científico del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA, fallecido sin causa pública confirmada.
- Frank Maiwald (2024): Ingeniero principal del mismo laboratorio, cuya muerte no tuvo explicación oficial ni autopsia conocida.
- Anthony Chávez (2025): Técnico retirado del Laboratorio Nacional de Los Álamos, desaparecido en Nuevo México.
- Mónica Jacinto Reza (2025): Ingeniera aeroespacial del JPL, desaparecida durante una caminata en California.
- Melissa Casias (2025): Trabajadora vinculada a Los Álamos, reportada como desaparecida en circunstancias sospechosas.
- Steven García (2025): Contratista con autorización de seguridad, desaparecido en Albuquerque.
- Nuno Loureiro (2024/2025): Director del Centro de Ciencia de Plasma del MIT, asesinado a tiros en su residencia.
- Carl Grillmair (2026): Astrofísico del Instituto Tecnológico de California, también víctima de un homicidio.
- Jason Thomas (2026): Biólogo vinculado a la farmacéutica Novartis, hallado muerto tras desaparecer.
- William McCasland (2026): Excomandante del Laboratorio de Investigación de la Fuerza Aérea, desaparecido en febrero de 2026.
- Joshua LeBlanc (2026): Tenía 29 años y trabajaba como ingeniero nuclear y de propulsión en el Centro de Vuelo Espacial Marshall de la NASA en Huntsville, Alabama. Falleció en un aparatoso accidente automovilístico.
Aunque las investigaciones siguen en curso, la falta de conclusiones claras ha alimentado teorías y preocupación pública. Especialistas advierten que, sin evidencia sólida de conexión entre los casos, es prematuro hablar de una operación coordinada.