A lo largo de los años han surgido numerosas teorías sobre el posible fin del mundo. Algunas plantean una guerra mundial, otras advierten sobre desastres naturales de gran magnitud y también existen hipótesis relacionadas con crisis climáticas extremas. En cualquiera de esos escenarios, la gran pregunta es cómo podría prepararse la humanidad para garantizar su supervivencia.
Uno de los aspectos más importantes sería la alimentación. Contar con cultivos que aporten una alta cantidad de nutrientes, resistan condiciones adversas y requieran poco terreno podría marcar una diferencia en una situación de emergencia prolongada.
Precisamente esa fue la pregunta que buscó responder un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Otago, en Nueva Zelanda, publicado en la revista científica PLOS One y citado por el medio español Okdiario. La investigación identificó cuáles serían los cultivos más eficientes para alimentar a la población tanto en condiciones normales como en un escenario extremo, como un invierno nuclear.
Los cultivos que rinden más en condiciones normales
Los expertos analizaron distintos estudios sobre agricultura urbana para determinar qué alimentos ofrecen la mayor cantidad de nutrientes utilizando la menor superficie de cultivo posible.
El resultado mostró que los guisantes y otras legumbres encabezan la lista en un escenario sin alteraciones climáticas extremas. Según determinaron, una superficie de 292 metros cuadrados sería suficiente para alimentar a una persona durante un año, principalmente por su elevado contenido de proteínas.
Este hallazgo refuerza la importancia de las legumbres dentro de cualquier estrategia de seguridad alimentaria, ya que combinan un alto valor nutricional con una producción relativamente eficiente.
Las mejores opciones si ocurre un invierno nuclear
También se exploró qué ocurriría si el planeta enfrentara un invierno nuclear, un escenario en el que el humo y las cenizas suspendidos en la atmósfera reducirían significativamente la entrada de luz solar y provocarían un descenso de las temperaturas.
En esas condiciones, muchos cultivos dejarían de ser viables. Sin embargo, los investigadores identificaron que las espinacas y la remolacha tendrían mayores posibilidades de sobrevivir y seguir produciendo alimentos.
La razón es que ambas especies soportan mejor el frío, requieren menos luz solar para crecer y pueden desarrollarse incluso en suelos con menor fertilidad. Además, aportan vitaminas, minerales y otros nutrientes esenciales.
Además de señalar cultivos individuales, la investigación propuso una combinación que podría resultar especialmente eficiente durante un invierno nuclear: 97 % de trigo y 3 % de zanahorias.
De acuerdo con los autores, esta mezcla permitiría cubrir una parte importante de las necesidades nutricionales, ya que el trigo aportaría principalmente carbohidratos, mientras que las zanahorias complementarían la dieta con vitaminas y minerales, todo ello sin exigir grandes extensiones de terreno para su producción.
Los expertos aclaran que estos resultados no buscan predecir un apocalipsis, sino ofrecer información útil para fortalecer la planificación frente a posibles crisis globales.
Los hallazgos podrían servir como referencia para diseñar estrategias de seguridad alimentaria, impulsar la agricultura urbana y preparar sistemas de producción más resistentes ante eventos extremos que afecten la disponibilidad de alimentos en el futuro.