La pregunta de por qué el suelo se mueve con tanta violencia en ciertos rincones del planeta tiene respuestas claras en la geología. Según el Servicio Geológico Colombiano (SGC), los sismos se definen técnicamente como “sacudidas que se producen por la liberación de energía acumulada y que se propagan en forma de ondas”. Esta energía no se libera al azar, sino que sigue patrones dictados por la estructura interna del planeta.
El rompecabezas global: las placas tectónicas
Para entender la sismicidad, es importante visualizar la capa externa de la Tierra, llamada litósfera, como un conjunto de piezas móviles. El SGC describe estas placas como “fragmentos de gran extensión en los que está dividida la litósfera terrestre (...) y que tienen movimientos relativos entre sí”. Es precisamente en el encuentro de estos fragmentos donde surge el peligro.
De acuerdo con la revista científica Futura-Sciences, el fenómeno más crítico ocurre cuando estas piezas colisionan de frente: “Los terremotos más violentos se producen en las zonas de subducción, allí donde dos placas chocan y una se hunde bajo la otra”. Esta acción de “hundimiento” genera una presión extrema en regiones que permanecen bloqueadas hasta que la roca cede y libera la energía de golpe.
Dentro de estos lugares especialmente vulnerables por estar en estas zonas de choque, según Futura-Sciences, se encuentran:
- Japón e Indonesia
- Las Antillas y la región mediterránea
- California
- Los Andes y las regiones de la cordillera del Himalaya
Cicatrices de roca: fallas y cordilleras
No todos los sismos ocurren por este “hundimiento”. En otras regiones, las placas simplemente se rozan de lado, creando lo que Futura-Sciences denomina límites de “desgarre o de cizalla”, donde los temblores, aunque suelen ser poco profundos, “también pueden alcanzar una gran potencia”.
Por otro lado, la formación de grandes montañas también es un foco de actividad. La fuente señala que las cordilleras nacen tras choques continentales y están “atravesadas por numerosas fallas que generan con frecuencia sismos de gran magnitud”, citando al Himalaya como ejemplo primordial. En el caso de Colombia, el SGC explica que la gran actividad se debe a que: “hay diferentes placas que están en contacto (Nazca, Sudamérica y Caribe), y esto hace que se generen sismos en la mayor parte del territorio”.
El enigma de los “Nidos Sísmicos”
Existen puntos específicos en el mapa que parecen concentrar los sismos de forma ininterrumpida. La ciencia denomina a estos lugares como nidos sísmicos, definidos por el SGC como una “región en donde se tiene una concentración inusual de actividad sísmica de manera más o menos continua”.
En Colombia, el municipio de Los Santos destaca como la “zona epicentral de la gran mayoría de la sismicidad de profundidad intermedia en el denominado Nido Sísmico de Bucaramanga”. Este fenómeno es tan particular que solo se compara con otros puntos en Rumania y Afganistán.
Verdades científicas contra mitos populares
Es común escuchar que el clima afecta la probabilidad de un terremoto, pero la evidencia científica dice lo contrario. El SGC es tajante al afirmar que “no existe evidencia científica que respalde la creencia de que entre mayor sea la temperatura en un lugar, más posibilidades existan de que se presenten movimientos telúricos”.
El calor que sentimos es un proceso de la atmósfera, mientras que los sismos ocurren por la dinámica interna del subsuelo.