Desde tiempos remotos, la humanidad ha observado con asombro cómo ciertas criaturas parecen reaccionar antes de que la tierra comience a temblar, esta observación ha alimentado mitos que sugieren que la naturaleza posee un sistema de alarma que los humanos aún no logran descifrar por completo.
El origen de una creencia milenaria
La idea de que los animales tienen un “sexto sentido” para los desastres no es nueva. Los registros más antiguos se remontan a la Grecia del año 373 a.C., donde se reportó que animales como ratas, serpientes y ciempiés abandonaron sus refugios días antes de un terremoto devastador.
Desde entonces, han surgido innumerables relatos sobre aves, peces e insectos que muestran conductas extrañas, sin embargo, la ciencia advierte que estas historias suelen ser anécdotas aisladas.
Como señala textualmente el Servicio Geológico de los Estados Unidos (USGS): “Un comportamiento consistente y fiable antes de los eventos sísmicos, y un mecanismo que explique cómo podría funcionar, aún se nos escapa”.
¿Sexto sentido o sentidos más agudos?
Lo que a veces se interpreta como una predicción es en realidad, una reacción extremadamente rápida a señales que nuestros sentidos humanos no perciben. Los terremotos generan diferentes tipos de ondas.
Primero viaja la onda P (primaria), que es más rápida pero más débil, y luego llega la onda S (secundaria), que es la que causa el movimiento fuerte que sentimos.
Ante ello, la USGS comenta que “muchos animales con sentidos más agudos son capaces de sentir la onda P segundos antes de que llegue la onda S. En cuanto a percibir un terremoto inminente días o semanas antes de que ocurra, esa es otra historia”.
El mito del pez remo bajo la lupa científica
Dentro de estas creencias, el pez remo (conocido también como “Rey de los Arenques”) ocupa un lugar especial. En la cultura popular, especialmente en Japón, se cree que cuando este pez de aguas profundas aparece cerca de la superficie o encalla en las playas, es un anuncio inminente de terremotos o tsunamis.
Para determinar si esto era cierto, científicos japoneses realizaron un estudio exhaustivo comparando registros desde 1928 hasta 2011, publicados en el Boletín de la Sociedad Sismológica de América.
Analizaron avistamientos de peces de profundidad y sismos de magnitud superior a 6.0. Los resultados fueron contundentes: no existe una relación en el tiempo ni en el espacio entre la aparición de estos peces y los terremotos. La ciencia concluye que esta creencia es una “correlación ilusoria”, es decir, una conexión mental que las personas establecen entre dos eventos que en realidad no tienen nada que ver entre sí.
A pesar de que el mito del pez remo ha sido desmentido, la ciencia no cierra la puerta a investigar si existen otros estímulos que los animales podrían captar días o semanas antes, como cambios en los campos magnéticos o en el agua subterránea. No obstante, los investigadores subrayan que todavía falta mucho camino por recorrer.