Estar por encima de los 60 años no significa ser sedentario y quedarse en casa, sino todo lo contrario. Es el momento en que muchos viajeros tienen el tiempo, la calma y las ganas para descubrir destinos alrededor del mundo.
Hay ciudades en el mundo pensadas, casi sin querer, para ese perfil, que son accesibles, culturalmente llenas de mucha variedad y con un clima que no molesta a los viajeros.
¿A dónde viajar después de los 60 años?
Lisboa encabeza la lista, pues la capital portuguesa llama la atención con sus tranvías renovados, los museos adaptados y ese ambiente que hace que las personas quieran quedarse más de lo planeado.
Pasear por el barrio Alfama al atardecer, escuchar un fado (género musical) en una taberna o probar un pastel de Belén es una experiencia que no requiere esfuerzo físico, pero sí ganas de disfrutar.
Sevilla es otro destino inevitable. En primavera y otoño, las temperaturas son algo que se agradece. La ciudad combina arquitectura monumental, una gran variedad de tapas y una vida cultural que nunca para.
Recorrer el barrio de Santa Cruz o visitar el Alcázar a ritmo pausado es exactamente lo que se necesita después de los 60.
Budapest aparece en el radar por sus famosos balnearios termales y una arquitectura que parece sacada de otro siglo. Es una ciudad que invita a descansar de verdad, con cruceros por el Danubio y visitas guiadas especializadas para este tipo de viajeros.
Kioto, en Japón, es para quienes quieren algo más lejano pero igual de gratificante. Sus templos, jardines zen y la posibilidad de moverse con facilidad en transporte público la convierten en una joya cultural.
Praga suma puntos por su centro histórico sin grandes barreras arquitectónicas y por una oferta cultural que mezcla música clásica, mercados medievales y una gran gastronomía.
Otros destinos que completan el top incluyen ciudades como Florencia, con sus museos de clase mundial; Valparaíso, en Chile, con su bohemia costera; Cartagena de Indias, en Colombia, con su magia caribeña y calles coloniales; San Sebastián, referente gastronómico global; y Oporto, que cada año gana más adeptos gracias a su vino, su luz atlántica y su carácter auténtico.