La sal es uno de los ingredientes más usados en la cocina, debido a que es un potenciador del sabor de los alimentos. Sin embargo, su exceso puede resultar perjudicial para la salud y por ello es importante moderar su uso para evitar complicaciones.
El portal Cuerpo Mente indica que el organismo requiere determinada cantidad de sal para funcionar adecuadamente, debido a que uno de compuestos principales es el sodio, el cual contribuye a regular el equilibrio hídrico del cuerpo y la tensión de los tejidos, además de jugar un papel fundamental para el funcionamiento de los músculos y los nervios. También participa en la digestión y la estructura ósea. Pero en exceso, la sal se convierte en causa de problemas.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda que no se consuman más de cinco gramos de sal al día. El exceso de este mineral en el organismo se ha vinculado con varios problemas para la salud, como un aumento de la presión sanguínea, riesgos de infarto cerebral o enfermedades renales, entre otras.
Según la Organización Panamericana de la Salud (OPS), aproximadamente el 30 % de las personas con hipertensión tendrían una presión arterial normal y el resto tendría un mejor control de su presión arterial si redujeran la ingesta de sal a un nivel saludable.
“Una cantidad excesiva de sal en la dieta causa aproximadamente el 10 % de las enfermedades cardiovasculares, empeoramiento de asma, osteoporosis (huesos debilitados), cálculos renales y obesidad, ya que los alimentos salados causan sed, la que se quita consumiendo bebidas con un alto contenido de azúcar”, precisa la citada fuente.
¿Qué pasa en el estómago?
La OPS asegura que la ingesta excesiva de sal se ha relacionado con cáncer de estómago. De acuerdo con los expertos, comer mucho sodio ocasiona dispepsia e inflamación en la mucosa del estómago que puede derivar en gastritis y úlceras gástricas.
De acuerdo con la Asociación Americana del Corazón, la ingesta permanente y excesiva de este compuesto ocasiona una mayor retención de agua que puede llevar a que se genere distensión abdominal, además de inflamación general del organismo y aumento de peso.
La OMS indica que en la alimentación, la sal puede provenir de productos elaborados, ya sea porque son particularmente ricos en sal como los platos preparados, carnes procesadas, quesos o tentempiés salados o porque se consumen en grandes cantidades como el pan y los productos de cereales elaborados. También se añade sal a los alimentos durante la cocción o en la mesa cuando se agregan salsa, por ejemplo.
En cantidades saludables, la sal le ofrece beneficios al organismo, pero una ingesta elevada de este ingrediente no solo afecta la tensión arterial y el estómago, sino que puede ocasionar cálculos renales, por ejemplo. Si la concentración de sal en la orina aumenta y los riñones no se lavan con suficiente agua, se pueden formar cristales, precisa el portal Cuerpo Mente.
Las sales se depositan unas sobre otras en capas, de modo que los cálculos renales se desarrollan con el tiempo. De allí la importancia de tomar mucho líquido, especialmente agua, con el fin de limpiar los riñones y evitar que se acumulen desechos.
En ocasiones, cuando una persona presenta dolores de cabeza, pueden estar relacionados con un consumo excesivo de sal. Los signos típicos son pinchazos y presión en la zona de las sienes, ya que la sal hace que los vasos sanguíneos del cerebro se dilaten. Así las cosas, la recomendación es que en caso de tener este tipo de cefaleas, es importante el consumo de mucha agua.
Por último, cuando una persona consume alimentos salados, el cuerpo le pedirá más ingesta de agua. Cuerpo Mente asegura que es fundamental atender esta necesidad porque el organismo la necesita para el equilibrio de minerales en el exterior y el interior de las células. Asimismo, la sed excesiva también puede ser un signo de diabetes tipo 2.