Los lunares (nevos, en el término médico) son unas de las marcas más comunes en la piel. En algunas personas pueden ser prominentes, con vellos o arrugados, pero suelen ser normales. Sin embargo, puede llegar a preocupar si pica, duele, sangra o se inflama. Si esto sucede o hay cambios repentinos en el lunar, lo mejor es consultar un médico para revisar qué sucede, así lo explica Mayo Clinic, entidad sin ánimo de lucro dedicada a la práctica clínica, la educación y la investigación.

La aparición de los lunares en diferentes partes del cuerpo se debe a un crecimiento en la piel. Por lo general su aspecto es de color marrón oscuro. Suelen aparecer entre la etapa de la niñez y la adolescencia. Aunque la mayoría de las personas pueden tener de 10 a 40 años lunares, estos pueden desaparecer con el paso del tiempo.

Los “lunares de sangre”, llamados así por su pigmentación roja, son inofensivos. Algunas personan suelen alarmarse respecto su apariencia, pero lo cierto es que no es una señal de alerta de cáncer ni de ninguna afección cutánea.

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“Son dilataciones de pequeños capilares. Una especie de várices, pero perpendiculares a la piel. Tienen un importante componente hereditario, de ahí que también se denominen angiomas capilares adquiridos. También son conocidos por angiomas seniles, angiomas en cereza, angiomas capilares o puntos de Campbell–De Morgan”, señala Sanitas, entidad de salud.

También son denominados como “puntos rubí”. Estos lunares pueden aparecer en cualquier parte del cuerpo; sin embargo, las zonas más comunes son el tronco y las extremidades superiores. Su tamaño, por lo general, no supera los 7 milímetros.

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Mientras no causen dolor o sangrado, los ´lunares de sangre´ no representan un problema de salud. No obstante se debe prestar atención a cambios en su aspecto o malformaciones. De acuerdo con el portal Mejor con Salud estos lunares son causados por deshidratación, trastornos hepáticos, cambios hormonales y sobreexposición a los rayos UVA y UVB.

¿Cómo eliminarlos?

Estos lunares no significan un síntoma de alguna enfermedad o afección médica. Algunas personas prefieren eliminarlos por estética y gusto personal. La opción correcta para hacerlo es visitar un centro médico y pedir la asesoría para realizar un procedimiento quirúrgico. Los expertos recomiendan no realizar tratamientos caseros ni extracciones manuales.

Existen tres alternativas a las que las personas pueden recurrir, explica Mejor con Salud:

  1. Láser: este método se utiliza para eliminar los lunares, como si no hubieran existido. Es mucho más rápido y menos doloroso que la intervención quirúrgica.
  2. Extirpación quirúrgica: esta alternativa se recomienda para lunares que tengan un tamaño relativamente grande y que sean profundos. Para esto, se realiza un corte en la piel, se extrae el lunar y se cose el área. Este procedimiento puede ser doloroso y, por lo general, deja una cicatriz.
  3. Crioterapia: en esta opción se utiliza nitrógeno. Se aplica este líquido en el lunar para congelarlo. Luego, se extrae. Esta técnica también se usa con las verrugas.
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¿Cuándo hay que preocuparse por un lunar?

Los lunares malignos no son iguales en todos los casos; sin embargo, pueden presentar algunas características específicas. En palabras de Mayo Clinic, a continuación una guía que puede funcionar para identificar si algún lunar puede significar un riesgo para la salud, como cáncer u otras afecciones cutáneas:

Lunares poco comunes que pueden indicar la presencia de un melanoma

  • «A» asimetría. Una mitad es diferente de la otra.
  • «B» borde. Busca lunares que tengan bordes irregulares, cortes u ondas.
  • «C» color. Busca crecimientos que hayan cambiado de color, que tengan muchos colores o que presenten un color irregular.
  • «D» diámetro. Busca nuevos crecimientos en lunares que tengan más de 1/4 de pulgada (alrededor de 6 milímetros).
  • «E» evolución. Presta atención a los lunares que cambian de tamaño, forma, color o altura, en especial, si parte de un lunar o su totalidad se vuelve negro. Los lunares también pueden evolucionar y producir nuevos signos y síntomas, como picazón o sangrado.