Es común que durante un día frío la temperatura del cuerpo descienda, lo cual se puede ver reflejado en la sensación de frío en los pies y manos. La razón común, al ser las extremidades más lejanas al corazón, es que la sangre tiene mayor dificultad para llegar a calentar dichas zonas.

La Fundación Corachan de España explica que cuando hace frío y las personas comienzan a sentir molestias en “los huesos”, que se deben a los cambios de la temperatura, no es un dolor que esté atacando a los huesos, sino a las articulaciones.

El frío y la humedad hacen que los músculos estén más contraídos y entumecidos. Foto: Getty Images

“El frío y la humedad hacen que los músculos estén más contraídos y entumecidos, lo que provoca más contracturas y dolencias, pero no dolor en los huesos”, señala la fundación. Aclara que las personas sí pueden sentir dolor en los huesos, pero solo pueden doler cuando se fracturan o reciben un golpe de consideración.

Según el portal especializado en salud Saber Vivir, este problema se presenta más en mujeres que en hombres. Sin embargo, es importante estar atento, pues si no hay un factor externo que provoque el enfriamiento, puede ser un aviso de otro problema al interior del organismo.

Vitamina para eliminar el dolor y la hinchazón en los pies

Si esta molestia continúa, puede ser un síntoma de un problema de salud, lo que provoca que no exista un adecuado suministro de sangre tibia que fluya en los pies.

Por tal razón, detrás de ese problema puede haber una enfermedad de neuropatía periférica, trastorno que es frecuente en personas con diabetes o deficiencia en vitaminas.

Aunque los altos niveles de azúcar en la sangre pueden generar daños en los nervios periféricos, que son los encargados en enviar información al cerebro y la médula espinal al resto del cuerpo. Entonces, sería la forma de dar señal de tener los pies fríos cuando en realidad están calientes.

El frío y la humedad hacen que los músculos estén más contraídos y entumecidos. Foto: Getty Images/iStockphoto

Pero esta no es la única razón, ya que suelen surgir enfermedades como anemia, problemas metabólicos, enfermedades hepáticas o renales, hipotiroidismo, infecciones o exposición de tóxinas o la enfermedad de Raynaud.

Esta última es la que más suele dar porque causa sensación de adormecimiento y frío en algunas zonas del cuerpo, como los dedos de las manos y de los pies, en respuesta a temperaturas frías o al estrés, de acuerdo con Mayo Clinic, entidad sin ánimo de lucro dedicada a la práctica clínica, la educación y la investigación.

Callos y durezas en los pies: las hierbas medicinales que ayudan a eliminarlos

Asimismo, explicó que en la enfermedad de Raynaud, las arterias pequeñas que irrigan la piel se estrechan y limitan así el flujo de sangre a las zonas afectadas (vasoespasmo).

Durante un ataque de Raynaud, la piel de las zonas afectadas por lo general primero se torna blanca. Luego, frecuentemente se torna azul y se sienten frías y entumecidas. A medida que aumenta la temperatura y mejora la circulación, las áreas afectadas pueden enrojecerse, palpitar, picar o hincharse.

Por otra parte, los pies fríos pueden afectar la regulación de la temperatura del cuerpo. Otra de las causas es padecer una enfermedad arterial periférica en las piernas que estrecha el flujo sanguíneo por la acumulación de placa en las arterias. Esta afección, muchas veces da en personas fumadoras con altos nivel de colesterol, hipertensión, diabetes o alguna cardiopatía.

Los pies fríos pueden afectar la regulación de la temperatura del cuerpo. Foto: istock

Recomendaciones para mantener pies saludables

Podoactiva, un portal web experto en esta parte del cuerpo, explica las siguientes recomendaciones para eludir o evitar enfermedades en los pies:

  1. Mover los pies: hay que activar la musculatura de esta parte del cuerpo para que mejore la circulación y, por lo tanto, entre en calor.
  2. Hacer masajes: si se friccionan las piernas hacia abajo, o en forma ascendente, se llevará más sangre a los pies y se contribuirá a la correcta circulación.
  3. No fumar: el tabaco o la nicotina son vasoconstrictores, es decir, hacen que los vasos sanguíneos se contraigan y disminuya la sangre que debe fluir a través de ellos. Los más afectados suelen ser las manos y los pies.