cultura

Voces femeninas que cantan para denunciar la crueldad de la guerra

Las Cantadoras de Pogue convirtieron los cánticos fúnebres en denuncias. Estuvieron en la firma de la paz y recibieron al papa Francisco en su visita a Colombia.


La mañana del 2 de mayo de 2002, el pequeño corregimiento de Pogue, en Bojayá, Chocó, presenció uno de los hechos más desgarradores del conflicto armado colombiano: la explosión de un cilindro bomba dentro de una iglesia que dejó alrededor de 100 civiles muertos, en su mayoría niños.

Este hecho motivó la conformación de un grupo de mujeres –Las Cantadoras de Pogue–, quienes con sus voces fuertes y graves entonan los llamados alabaos, que otrora se usaban para despedir a los muertos. Hoy, estos cánticos representan algo más: una herramienta para denunciar los abusos sufridos durante la guerra y una reivindicación del pueblo. Sus voces también son las de cientos de víctimas.

“Nos dimos cuenta de que ya no podíamos tener miedo. Decidimos contar nosotras mismas lo ocurrido, porque de lo contrario se iba a olvidar fácilmente. Encontramos en las letras una razón para no desfallecer”, dice la coordinadora del grupo, Luz Marina Cañola o la Negra, como la llaman con cariño.

Con los años, estas mujeres se han convertido en autoridades forjadoras de paz y esperanza para su territorio. Demuestran que el espacio doméstico supera las cuatro paredes de una vivienda y que su rol puede trascender a tareas frecuentemente asociadas a los hombres.

Ellas siembran 200 matas de plátano al mes, transportan leña pesada, asisten a las reuniones del grupo, les dan vida a sus letras para los eventos en los que se presentan, integran grupos de reconstrucción de memoria histórica y, además, sacan tiempo para cuidar de sus familias. Son madres, pero también son la apuesta comunitaria y política de la región y quienes dejan en alto el nombre de su pueblo en escenarios nacionales e internacionales.

La lucha constante por no perder su esencia y conservar sus tradiciones es el camino que no piensan abandonar. Estas pogueñas cantan desde lo más profundo de sus corazones y sus cuerpos; allí reside la fortaleza que han tenido para sobrevivir. Por medio de sus voces le muestran a todo el que quiera escucharlas que incluso de las tragedias más desgarradoras es posible levantarse.