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Israel contempla poner una cuarta dosis de la vacuna covid, para combatir nuevas variantes
Israel fue el primer país en aprobar una cuarta dosis de la vacuna contra la covid, para combatir nuevas variantes - Foto: AP

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LA EMA hace una advertencia sobre administrar varias dosis de la vacuna anticovid a corto plazo

Israel y Chile son los dos países que ya administran una cuarta dosis como refuerzo para la inmunización contra el nuevo coronavirus.

Desde que se descubrió el primer caso de ómicron, la variante más reciente de la covid-19 y que domina ya en gran parte del planeta, la Organización Mundial de la Salud (OMS) la consideró como “preocupante”, teniendo en cuenta que esta variación es mucho más contagiosa que su antecesora, delta.

De acuerdo con los estudios que se han realizado, mientras que una persona con delta podía contagiar de covid-19 a cinco más, un paciente con ómicron podría traspasar el virus a otras diez. Por supuesto, esta realidad se ha visibilizado en el crecimiento del número de casos de contagio por esta enfermedad, así como en el número de hospitalizaciones, especialmente en países como Estados Unidos y algunos de los más importantes de Europa.

Tan solo en el país norteamericano, el 11 de enero se superó la cifra récord de hospitalizaciones por covid-19, con más de 145.000 personas internadas, esto desde que ómicron llegó a su territorio a finales del pasado noviembre.

Ante esta realidad, los gobiernos de casi todo el mundo han optado por recomendar a sus ciudadanos por una dosis de refuerzo de la vacuna contra el nuevo coronavirus, asegurando que este apoyo inmunológico puede ayudar a contrarrestar de mejor manera los efectos de la variante ómicron en caso de contagiarse con esta.

Sin embargo, ya van dos países en el mundo (Israel y Chile) que han optado por mejorar la inmunidad de sus habitantes contra esta enfermedad, implementando la inoculación de una cuarta dosis (tercera en caso de las personas cuya primera vacuna fue la monodosis de Janssen).

“El mundo y Chile llevan más de dos años sufriendo las devastadoras consecuencias de la pandemia causada por covid-19 y hoy debido a la nueva variante ómicron el mundo está teniendo niveles récords de contagios”, es la razón dada por el presidente chileno, Sebastián Piñera, para añadir esta nueva dosis de refuerzo en el plan de vacunación de su país.

No obstante, el hecho de implementar una nueva dosis no es necesariamente la mejor solución para contrarrestar los efectos de la covid-19, especialmente de su variante ómicron; de hecho, algunas organizaciones sanitarias internacionales, como la Agencia Europea de Medicamentos (EMA, por sus siglas en inglés) han manifestado que aplicar tantas dosis “a intervalos cortos no es un enfoque sostenible”.

Por esto, para la EMA y otros entes de salud, aunque “cada vez es más clara la necesidad” de contar con dosis de refuerzo para poder mantener la inmunización contra la covid-19, lo importante en este escenario es poder dar un tiempo prudente entre una u otra inoculación para que de esta forma se limiten al máximo las contraindicaciones en las personas que reciben estas dosis.

Tanto la EMA como la OMS han manifestado su preocupación al ver planes de vacunación en varios países que ya contemplan la opción de una cuarta dosis, cuando no han pasado ni cuatro meses desde que empezaron a inyectar la tercera. Esta situación, según estas organizaciones, podría ser contraproducente especialmente entre los jóvenes sanos, ya que tantas dosis en un tiempo tan reducido podrían hacer que la covid-19 adquiriese un carácter autoinmune en esta población.

En otro escenario menos desesperanzador, las dosis de refuerzo tan seguidas podrían reducir considerablemente el nivel de anticuerpos producidos en el sistema inmune de un paciente.

Esto ocurre porque nuestro sistema inmune necesita un tiempo para madurar la respuesta a los antígenos, por lo que esta repetición continua haría la vacunación un poco menos eficiente cada vez”, explicó Marco Cavalieri, jefe de Estrategia de Amenazas Sanitarias Biológicas y Vacunas de la EMA.

Cavalieri asegura que aumentar el tiempo entre dosis también reduciría los esfuerzos improductivos por parte de los gobiernos, mientras que se evita que los ciudadanos entren en lo que se conoce como una “fatiga social”.