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Conozca a Faber Pulgarín, el hincha de Nacional que desbordó de pasión antes de la final

Este humilde constructor lloró de emoción en el último entrenamiento de su equipo, antes de enfrentar al Tolima.


El llanto de un hincha de Atlético Nacional, que gritaba “vamos, vamos”, al son de la barra Los Del Sur (LDS) del verde paisa, mientras levantaba sus brazos al cielo durante el entrenamiento del equipo, en el estadio Atanasio Girardot, se hizo viral en redes sociales.

Ese hombre de 53 años, con camiseta del equipo paisa y un sombrero, es hoy la representación del sentimiento de miles de hinchas que quieren la estrella 17.

Ese seguidor, sinónimo de pasión, se llama Faber Pulgarín y habló con SEMANA. Narró cómo le cambió la vida tras ser captado por las cámaras del grupo de comunicaciones del club, que jugará la final frente a Deportes Tolima.

“Estoy es temblando y sudando aquí”, fue lo primero que respondió al otro lado de la línea, desde su casa en el barrio Manrique oriental, contando las horas para que Éder Vergara, juez central del compromiso, dé el pitazo inicial.

Habla con desparpajo y marcado acento paisa, se autodenomina ‘todo un personaje’. Es padre de tres hijos y este 22 de junio se despertó del más lindo sueño, ese que vivió un día antes del juego definitivo de ida.

Sin importar su discapacidad en uno de sus pies, este hombre, que se desempeñó en construcción y hace tres años es pensionado, salió de su casa a las siete de la mañana hacia el estadio Atanasio Girardot. Uno de sus hijos le dijo que el equipo de sus amores entrenaba en ese escenario deportivo y que la entrada para los hinchas sería gratuita.

“La vida mía es seguir al verde, me puse mi camiseta, mi gorrito y arranqué”, dijo a este medio de comunicación.

Llegó a la tribuna hacia las 9.40 a. m., se ubicó cerca de las vallas que lo separaban de la cancha y, aunque la sed lo agobiaba, brindó con su voz el más fuerte aliento a sus ídolos.

“Se me fue el mundo cuando los vi salir”, dijo feliz y agregó, “Nacional es pasión, amor, se queda adentro”.

Terminada la práctica, los hinchas invadieron el terreno de juego para llenar de cariño al onceno de Hernán Darío Herrera. Faber decidió treparse al arco sur del estadio y desde ahí terminar de alentarlos.

Atlético Nacional por poco se pierde de este fiel hincha. El papá, la mamá y gran mayoría de la familia de Faber son seguidores del DIM.

“Me les volteé, el verde y blanco, sus hinchas, el equipo de mi época, me enamoraron”, argumentó para escoger su camino en el fútbol.

El título que más ha disfrutado fue el de la Libertadores del 89, dice que fue un campeonato de locos y que seguro, si las cámaras hubieran captado su euforia en ese momento, se hubiera hecho inolvidable desde entonces.

Con pocos recursos, pero con esfuerzo y mucho amor, ha seguido a Nacional hasta Cali, Barranquilla, Bogotá y siempre tuvo claro que sus hijos serían tan verdes como él.

Nunca ha asistido a una final de Liga Colombiana hasta hoy. Nacional lo contactó, lo llevó al hotel de concentración, compartió con Duque, Gio, Mejía y Dorlan, que le regaló dos boletas para que desborde todo el amor ya conocido en redes.

“Me sentía como un niño, los abrazaba. No lo podía creer. Los veía como personajes reales, cuando se hacen a veces tan lejanos”, dijo emocionado.

Es decorador de casas, fincas, hoteles y no quiere que su cuarto de hora pase cuando se defina el campeón. Quiere convertirse en un hincha que lleve mensajes de cariño, paz y juego limpio a todos los amantes del fútbol. Por eso abrió redes sociales en Instagram, está como @elapa.oficial y en Facebook como Faber Pulgarín Valencia.

Sabe que no será un juego fácil contra Tolima, no solo desde lo futbolístico. Es consciente de que, como él, miles de hinchas le piden a Dios por la estrella e, incluso, dice que algunos acuden a la magia negra.

“Me da miedo los chamanes, que nos recen”, dice temeroso.

Está feliz con Hernán Darío Herrera como técnico. Dice que el Arriero le genera identidad a personas como él, de casta humilde.

“Fue un gran jugador y es un gran técnico. Lo único que les pido a los jugadores es que lo respeten y que para esta final tengan calma y salgan a lucirse en el Atanasio”, declaró a SEMANA.

Se plantea los dos escenarios, ganar el título o volverlo a perder, como ocurrió en 2018.

“Si ganan, me jodo de la felicidad, y si perdemos, sé que será un sentimiento duro, pero voy a seguir apoyando con amor”, contestó con convicción.

A los internautas que compartieron su video, le dieron like y lo contactaron para ayudarlo a llegar a Nacional, les está eternamente agradecido.

“Quiero decirles a los seguidores que los quiero mucho, Dios los bendiga y gracias a todo el cariño de ellos logré conocer a mis ídolos”, dijo.

La ansiedad aumenta con el paso de las horas. Tiene planeado llegar temprano al Atanasio. Mientras tanto, en su casa ya ondea la bandera verde y blanco, lista está la camiseta, el gorro y la cara pintada con los colores del equipo que ama.

En un entrenamiento lloró de emoción, ahora sus lágrimas las quiere cambiar por la satisfacción de ver a su Nacional campeón.