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icolás Maduro ha reconocido que el dólar es una “válvula de escape” a la crisis económica de Venezuela. “Gracias a Dios existe”, dijo recientemente. | Foto: fotos: getty images

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Venezuela: entre la dolarización y el desespero

Quienes lleguen a Caracas por estos días esperando ver estanterías vacías se pueden llevar una sorpresa. En las redes sociales hay ofertas de todo, incluyendo productos importados. La explicación está en el dólar.

4 de enero de 2020

Quienes lleguen a Caracas por estos días esperando ver estanterías vacías se pueden llevar una sorpresa. En las redes sociales hay ofertas de todo, incluyendo productos importados. La explicación está en el dólar.

Ya ha pasado un año desde que Juan Guaidó asumió la presidencia de la Asamblea Nacional y se declaró presidente interino de Venezuela, pero Nicolás Maduro parece haberse salido con la suya. Ha aguantado tanto el cerco diplomático del Grupo de Lima como las sanciones económicas de Estados Unidos.

Pero a pesar de haber capoteado la tormenta política, las aguas económicas no se han calmado. Las cifras no podrían ser peores: el Fondo Monetario estima que la economía venezolana se contrajo un 35 por ciento en 2019, más de 4,5 millones de venezolanos han salido del país y la inflación cierra el año, según la estimación del FMI, en 200.000 por ciento.

Chávez le quitó tres ceros al bolívar en 2008, y Maduro le quitó otros cinco el año pasado. Sin embargo, en el ultimo año una dolarización silenciosa le ha dado un respiro a la economía venezolana. Aunque el bolívar sigue siendo la única moneda de curso legal en Venezuela, un reciente informe de la consultora Ecoanalítica estimó que las transacciones en dólares son ya más del 53 por ciento del total. En Maracaibo, la segunda ciudad del país, llegarían al 86 por ciento.

El uso del dólar en Venezuela ha estado prohibido durante los últimos 20 años del chavismo y el gobierno perseguía a quienes publicaban la tasa de cambio en el mercado negro. Chávez y Maduro se fueron lanza en ristre contra la cuenta de Twitter @DolarToday, que, con más de 3,6 millones de seguidores, funciona como una tasa de cambio oficial del dólar negro. Hoy está permitido, o más bien tolerado, que el dólar aparezca en facturas y documentos de propiedad inmobiliaria.

A finales de noviembre, Maduro reconoció en una entrevista que “la dolarización es una válvula de escape; gracias a Dios existe”. Un giro de 180 grados después de dos décadas de retórica contra el imperialismo yanqui. En la campaña presidencial de 2018, Maduro decía que la dolarización era anticonstitucional e invitaba a los venezolanos a usar el ‘petro’, la criptomoneda local. Frente a las declaraciones de Maduro, Guaidó respondió: “El fracasado de Miraflores reconoce hoy que por la vía de los hechos el país está dolarizado”.

Sin embargo, es una dolarización de facto y a medias. Algunos precios están en dólares, pero todavía no está permitido que los venezolanos reciban salarios y tengan depósitos bancarios en esta moneda. Es necesario recordar que Venezuela está bajo unas estrictas sanciones económicas americanas, solo comparables con las que se le aplican a Irán o a Corea del Norte. Estas sanciones impiden que empresas americanas tengan transacciones bancarias con Venezuela.

Eso quiere decir que, a diferencia de Panamá o Ecuador, economías que están formalmente dolarizadas, en Venezuela la dolarización es en efectivo. Ecoanalítica estima que hay más de 6 billones de dólares circulando en Venezuela. La pregunta es: ¿de dónde salen tantos dólares?

En primer lugar, del petróleo, cuya producción ha repuntado. Según las cifras que Venezuela le reporta a la Opep, la producción tocó fondo al llegar a 750.000 barriles/día en septiembre, pero en noviembre superó los 900.000 barriles/día. Otros analistas estiman cifras más bajas, pero todos coinciden en que el régimen ha logrado reorientar sus ventas en el exterior hacia India y China.

Por otro lado, están las economías ilegales del narcotráfico y el oro. Se calcula que una tercera parte de las 1.120 toneladas de cocaína producidas anualmente en Colombia, según cifras de la ONU, pasa por territorio venezolano. El vecino país se ha convertido en el principal punto de embarque de droga hacia Europa y la dolarización informal de Venezuela les da una manera fácil a los narcos de lavar los dólares del narcotráfico.

La otra gran economía ilegal es la minería del oro. Aunque Venezuela se conoce principalmente por sus reservas petroleras, extraer petróleo requiere grandes inversiones de capital y no es fácil de comercializar en grandes cantidades en el mercado negro. El oro, por el contrario, se puede extraer de manera artesanal en el arco minero del Orinoco y vender en el mercado negro internacional a cambio de efectivo.

La tercera pata de la dolarización son las remesas de los más de 4,5 millones de migrantes que están enviando unos dólares a sus familias en Venezuela. La Brookings Institution estima que el año entrante el número de migrantes venezolanos puede alcanzar los 6 millones. Al régimen le conviene la migración por dos razones: por un lado, reduce la presión de las protestas en la calle; por otro, cada venezolano que trabaja en el exterior es una fuente de remesas que da poder adquisitivo a los familiares que se quedan.

No es fácil cuantificar la reactivación económica por la poca credibilidad de las estadísticas oficiales, pero más allá de las cifras, muchos venezolanos reportan una realidad distinta.

Caracas se ha llenado de ‘bodegones’, una especie de sanandresitos que anuncian productos importados por Instagram y Facebook. El gobierno ha flexibilizado los controles de importación para enfrentar la crisis de abastecimiento. Estas tiendas dolarizadas se surten en las grandes superficies de la Florida como Costco o Walmart, e importan informalmente para venta en Caracas.

Un tarro de Nutella puede costar entre 12 y 15 dólares frente a 4 y 5 que vale en Estados Unidos. Pero los precios de otros productos son sorprendentemente competitivos.

En la frontera también se vive una mejora. Francisco Unda, gerente de la Andi para Norte de Santander, le dijo a SEMANA:

“Los venezolanos llevan un tiempo viniendo a Cúcuta a comprar artículos de primera necesidad: comida, productos de aseo, etc. Pero en el pasado ‘black friday’, a finales de noviembre, llegaron en masa a comprar televisores y ropa de lujo”.

Decenas de miles de venezolanos cruzan la frontera a diario, cambian dólares a pesos y salen a comprar millones de pesos en comida, ropa, electrodomésticos. Para el fisco colombiano esta modalidad de comercio transfronterizo no es necesariamente mala. A diferencia de un proceso formal de exportación, las compras en el comercio de Cúcuta pagan IVA como consumidor doméstico.

El Banco de la República ha detectado que la demanda de efectivo en bancos y cajeros de Cúcuta ha aumentado. Por primera vez se está comenzado a usar el peso colombiano como moneda cada vez más adentro de Venezuela para pagar salarios e ir de compras.

¿Qué tan sostenible es esta calma chicha? Aunque las importaciones informales de los ‘bodegones’ son un bálsamo frente al desabastecimiento generalizado que se vivió hace un año, solo beneficia a quienes tienen acceso a dólares. Estos no son solo los enchufados del régimen, sino también aquellos que tienen algún ahorro en dólares o reciben remesas de algún familiar que se fue.

Pero a punta de ‘sanandresitos’ que revenden productos de Walmart no se alcanza a abastecer a un país de 26 millones de personas. Se está profundizando una desigualdad entre quienes tienen acceso a dólares y quienes tienen sus ingresos denominados en un bolívar cada vez más desvalorizado.

Al mismo tiempo, se siguen marcando las diferencias entre Caracas y el interior del país. El régimen ha intentado mantener una semblanza de normalidad en la capital para mantener la estabilidad política. Para ello priorizan el flujo eléctrico, el suministro de gasolina y otros servicios públicos hacia Caracas. En el interior del país el abandono estatal se ha profundizado y ha llevado a una migración interna de venezolanos hacia la capital.

Las razones estructurales de la crisis económica siguen intactas. Sin embargo, Venezuela inicia el 2020 con una tasa de cambio flexible y una dolarización parcial que puede ayudar a estabilizar la inflación. A comienzos de 2019, muchos, incluido el gobierno de Colombia, pensaron que el régimen tenía las horas contadas. Un año después, Maduro sigue ahí.

Sería una verdadera paradoja que el dólar termine por atornillarlo en el poder.