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Camilo Cuervo - Foto: Camilo Cuervo

Deben subir los cotizantes, no necesariamente la edad pensional

Lo cierto es que las edades pensionales actuales fueron fijadas hace 30 años, cuando escasamente estábamos empezando a pensar en la telefonía celular y el internet era más un presagio futurista de los Supersónicos, que una realidad social.

Por: Camilo Cuervo

Esta semana comenzó con las acostumbradas rectificaciones y apreciaciones del Ministerio de Hacienda, José Antonio Ocampo. Esta vez advirtió, con bastante sensatez, que en materia de pensiones no hay nada escrito y que cuando se trata de salvar las finanzas públicas, sin dejar de pagar las pensiones, todas las opciones son viables, absolutamente todas.

En esta oportunidad, en una entrevista indicó que subir la edad de jubilación es uno de los muchos factores que debían considerarse al momento de pensar en una reforma pensional. De buena fe el ministro advirtió una verdad incontrovertible: la población se está muriendo cada vez más vieja y esa realidad tiene un impacto muy fuerte en la estabilidad financiera del sistema.

Lo cierto es que las edades pensionales actuales fueron fijadas hace 30 años, cuando escasamente estábamos empezando a pensar en la telefonía celular y el internet era más un presagio futurista de los Supersónicos, que una realidad social. La humanidad ha evolucionado en estas tres décadas, lo que no progresó en dos siglos.

Hoy los avances en la ciencia médica, la notoria mejoría en nuestros sistemas de salud y los progresos sociales en saneamiento básico, han hecho que la expectativa de vida de los colombianos se incremente sensiblemente. En los años 90, una persona de 60 años podía considerarse relativamente “vieja”, hoy es un adulto mayor al que le queda al menos una década de actividad altamente productiva, quizá la más productiva de toda su vida laboral.

Además, los jóvenes ahora se preparan más y empiezan a cotizar más tarde, por ende, el periodo de construcción de la pensión es cada vez más corto, lo cual, aunque sea difícil de entender, termina afectando al cotizante porque no tendrá la oportunidad de completar los tiempos de cotización que requiere para pensionarse.

Aunque la presidencia haya salido a rectificar al ministro, al comprender que proponer subir la edad pensional en Colombia implica jugar con candela en materia de popularidad, esta es una oportunidad para sincerar los debates. Las propuestas de cambio no pueden centrarse en complacer electores y clientelas, sino en garantizar el bienestar real de la población, aun en contra de sus deseos más básicos.

Subir la edad de pensión, en consecuencia, es tan solo una de las medidas que deben considerarse, sin embargo, el verdadero problema del sistema pensional colombiano está en la informalidad que lleva a que muchos no se afilien y coticen al sistema de pensiones. En Colombia, el sistema de pensiones, por cuenta de esa realidad, se enfoca en una inmensa minoría y esos pocos se llevan gran parte de los impuestos que todos pagamos.

Lo que prácticamente nadie discute es que cualquier sistema pensional solo es viable si la gente confía en él, se afilia y disciplinadamente aporta para construir la pensión. Sin entrar en grandes discusiones financieras, se puede afirmar, sin temor a equivocarnos, que un sistema de jubilación en el que todos aportan, se puede autosostener, quizá sin ofrecer grandes retornos, pero por lo menos garantizando un pago seguro y estable.

Parafraseando a las abuelas, es mejor poquito, pero seguro; en materia de pensiones es preferible una mesada baja, pero constante y que siempre esté garantizada. Ese adagio pensional solo es posible si todos cotizamos; así de sencillo.

Los colombianos, como nación, deberíamos estar concentrados en definir cuál es la mejor forma de lograr que todos coticemos al sistema de pensiones, en lugar de estar pensando en cómo subsidiar personas que nunca aportaron para garantizar su propio futuro. Como siempre, debemos insistir en que el mejor subsidio es un empleo digno, dependiente, independiente o por cuenta propia, pero cualquiera sea el caso, que la actividad económica implique la posibilidad y el deber de cotizar para garantizar una condición digna en la vejez. Todo lo demás sirve, pero no soluciona el problema.