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| 7/8/1996 12:00:00 AM

SECUESTRO DE UNA NOTICIA

LA EXCONSTITUYENTE MARIA MERCEDES CARRANZA EXPONE SU POLEMICA Y PARTICULAR VISION SOBRE EL ULTIMO LIBRO DE GABRIEL GARCIA MARQUEZ Y ASEGURA QUE EL AUTOR ...

SECUESTRO DE UNA NOTICIA SECUESTRO DE UNA NOTICIA
Este nuevo libro de Gabriel García Márquez tiene dos lecturas diferentes o, mejor, dos lectores muy distintos: el colombiano y el del resto del planeta. El último lo leerá lleno de asombro ante ese mundo degradado, injusto y tan violento que se le revela página tras página; ese mundo en que naufraga un po- bre paisito que sólo conoce por el narcotráfico y por el prodigio literario que le ha entregado con su obra el mismo García Márquez. Admirará las dotes de periodista del escritor colombiano y devorará el libro para conocer el final de unos dramas humanos, políticos y criminales del todo ignorados por él. Para el lector local se presume que las cosas son bien diferentes. En mayor o menor medida, conoce los pormenores del secuestro colectivo de periodistas realizado por los 'extraditables', léase Pablo Escobar, a finales de 1990, con el fin de chantajear al gobierno, a la justicia, a la Constituyente y a la sociedad en general. Los hechos que fueron públicos no serán para él una novedad, y casi tampoco las intimidades del cautiverio reveladas por los secuestrados, pues sobre ellas se hizo gran despliegue informativo, a medida que iban siendo liberados o asesinados. Y aquí viene la sorpresa, porque la cosa no es así. Aun para el colombiano bien informado sobre tales episodios, el libro revela asuntos nuevos y no de poca envergadura. ¡Que periodista! Antes de hablar de ellos, es necesario referirse a las características generales de la obra y al método utilizado por García Márquez. Se trata de un extenso trabajo periodístico que intenta por primera vez dar coherencia a unos hechos que, hasta ahora, habían tenido sólo en apariencia conexión entre sí. Y demostrar que ellos fueron una misma operación con idénticos fines. Esto lo logra plenamente la investigación. En 10 largos capítulos se alterna con tino y agilidad la vivencia de los secuestrados con la de los personajes, vinculados a ellos por cualquier razón, que están en libertad y actúan en torno al drama. García Márquez decide, como periodista, no entrometerse para nada en el desarrollo de los acontecimientos que relata: de parte suya no hay un solo juicio de valor, ninguna opinión de índole personal, ni siquiera un adjetivo que califique o descalifique. Es el intermediario que investiga, organiza, encadena, escribe los hechos y los transmite limpia y escuetamente. Esto tal vez puede traerle problemas, pues habrá quien no entienda el método y encuentre, por ejemplo, una actitud casi de admiración hacia Pablo Escobar. Pero no es el caso, porque resulta muy evidente su esfuerzo por mantener la distancia que permita al lector sacar sus propias conclusiones, conclusiones que, en ciertos episodios y frente a algún personaje, van en contravía con lo que, según es público, piensa nuestro Nobel, como se verá más adelante. De García Márquez sí está esa habilidad suya de mago de Merlín en el manejo de las técnicas de la narración, para llevar al lector de la narices hasta el punto final. Y está, como nunca, su manía por la exactitud, así como la sabiduría en el manejo de los diferentes tiempos y en el trabajo de arquitectura con el que logra construir un conjunto equilibrado y coherente. Una 'chiva' buenísima Atrás decía que aun para los colombianos bien informados, el libro trae novedades importantes. La más notable tal vez sea la que tiene que ver con la Asamblea Nacional Constituyente y el tema de la extradición, que resulta por cierto sumamente escandalosa. Desde el comienzo de la Asamblea el gobierno dejó claro su criterio de que la extradición no debía ser un tema constitucional. Los miembros de ella y el país entero sabíamos que había unos decretos de sometimiento a la justicia para facilitar la entrega de los capos de la mafia. Eramos conscientes de que con los secuestros se buscaba presionar al gobierno y a la Constituyente para que tales decretos se adecuaran a las necesidades de los delincuentes y para que se prohibiera constitucionalmente la extradición. Nadie ignoraba que los allegados a los secuestrados, especialmente Alberto Villamizar, intentaban lograr la liberación de sus familiares. Lo que el país ni los constituyentes sabíamos es que el gobierno estaba negociando la entrega de Pablo Escobar, con Alberto Villamizar como intermediario. Y esto es lo que revela con pelos y señales el libro de García Márquez. Y esto es también lo que explica la hasta ahora inexplicable actitud del gobierno en los debates sobre la extradición que se adelantaron en la Constituyente. Porque en las sesiones conjuntas de las comisiones Primera y Quinta, en las que se dio el debate, el representante y vocero del gobierno, el ministro Humberto de la Calle, no apareció y, sin dar explicación alguna, nos dejó esperando. Aún oigo las voces airadas de Misael Pastrana, Horacio Serpa, Antonio Galán, Iván Marulanda y mi persona, casi solos y acosados por los constituyentes testaferros de los carteles de la mafia _ellos sí todos presentes_ reclamando la participación del gobierno que, finalmente, nunca dio la cara. Hoy resulta claro que ello habría entorpecido las negociaciones en curso. Gaviria, el astuto La cosa fue muy astutamente manejada, como se sabe ahora gracias a García Márquez. En determinado momento, Villamizar resolvió no negociar sólo la liberación de su esposa, sino también la entrega de Escobar. Se lo consultó al gobierno, el cual, a través de Rafael Pardo, le notificó que todas esas serían gestiones personales suyas, las cuales no comprometerían a ninguna instancia oficial. Y se lo reiteró cada vez que pudo. Entre tanto Villamizar lo negociaba todo con Escobar, por intermedio de los Ochoa: los decretos de sometimiento, que poco a poco iban acomodándose a las exigencias del capo; la cárcel, el personal de la cárcel, el papel de la Policía y del Ejército. Cuando las cosas estuvieron a punto de caramelo, de la noche a la mañana las negociaciones 'privadas' de Villamizar se volvieron oficiales y Escobar se entregó, coincidencialmente el mismo día en que la Constituyente aprobaba la no extradición. El encuentro entre éste y Villamizar en la cárcel de Envigado fue rematado con un reconocimiento por parte del capo "de la buena fe del presidente Gaviria", quien, dentro y fuera del país, había proclamado hasta días antes a voz en cuello ser "partidario decidido de mantener la extradición a toda costa". Quien es quien y cómo Aunque García Márquez investigó por todos lados, habló con los principales protagonistas sobrevivientes y los actores políticos, el hilo conductor de su narración es Maruja Pachón de Villamizar. Y este es, a mi parecer, el único lunar del libro, pues desagrada su ansiedad protagónica y, además, su deseo por aparecer como la mujer indoblegable ante sus feroces guardianes, sumamente valerosa, frentera y corajuda. Es posible que así fuera. Pero ello produce rechazo en el lector porque, para pintarse de esa manera, contrasta su actitud con la de Marina Montoya, con quien compartió cautiverio. Es evidente que los testimonios sobre la conducta de ésta última provienen de Pachón. Y esos testimonios la muestran débil, acobardada y repugnantemente sumisa a sus carceleros. ¡Pobre señora! Era la más ajena a todo el conflicto y fue con la que con mayor crueldad se ensañaron. Y encima, los testimonios de los sobrevivientes la maltratan con inclemencia. Alberto Villamizar está muy bien retratado, tanto en su personalidad como en el papel que desempeñó y en su desvelada e insobornable solidaridad hacia su esposa. Doña Nydia aparece tal y como se reveló a lo largo de su doloroso martirio y después: segura, decidida, tierna, diligente, bondadosa e inteligente. Pacho Santos está pintado de cuerpo entero: impulsivo, abierto, campechano, sentimental, a ratos pleno de madurez, otros algo infantil. Ningún dato contradice la discreción y la serenidad con las que Julio César Turbay y Hernando Santos afrontaron el drama familiar. Beatriz Villamizar es un personaje muy secundario, arrasado por el protagonismo estelar de su cuñada. Conmueven los apartes transcritos del diario de Diana Turbay sobre su cautiverio. Este es el personaje que, al parecer, menos interesó a García Márquez, pues son escasos los datos sobre las intimidades de su encierro y sobre su personalidad no pública. El padre García Herreros aparece tal cual: senil, reblandecido y pantallero. Pablo Escobar, como ese ser siniestro que, según el Nobel, "carecía por completo de la indulgencia para distinguir entre el bien y el mal"; astuto, inteligente, marrullero.

Gaviria, el duro Capítulo aparte merece el presidente César Gaviria, quien sale muy mal librado a pesar de la conocida y reconocida amistad que lo une con García Márquez: buena prueba de éste sobre su honestidad como periodista. En primer lugar está la frialdad cruel con que trató a los familiares de los secuestrados. Debe admirarse su pregonado empeño en no negociar los principios del Estado, pero esa conducta ante el drama humano era del todo innecesaria. Más aún cuando el libro demuestra paso a paso cómo fue cediendo a las exigencias de Escobar, imperdonablemente tarde en el caso de Diana Turbay. Muestra también su doble juego frente a la extradición, explicado líneas atrás, la forma como engañó al país y a la Constituyente sobre ese asunto y sobre la entrega del capo, negociándolo todo en secreto a través de Villamizar, comprometiéndose sólo en el momento en que pudo presentar los hechos como el simple acatamiento de Escobar a las rígidas e insobornables condiciones impuestas por su gobierno. Hay muchos personajes más que aparecen apenas como sombras. Entre ellos está el general Maza Márquez, a quien Pablo Escobar acusa, en carta a Villamizar, del asesinato de Luis Carlos Galán, acusación sobre la cual se contradice después, en confesión con el mismo Villamizar, al decirle que "al doctor Galán lo quería matar todo el mundo", que él había estado en la reunión en la que se planeó el asesinato y que se había opuesto por considerarlo peligroso para sus intereses. Por cierto que, en esa misma oportunidad, habla de "un grupo de congresistas amigos" que lo habrían convencido de atentar contra la vida de Villamizar años antes. Como ocurre siempre con los libros de García Márquez, habrá fuertes polémicas sobre si tal hecho ocurrió un lunes o un martes y cosas por el estilo. Esas son nimiedades frente a este espléndido trabajo de investigación. Es un libro muy duro y muy triste _son palabras del mismo Gabo_ para todos los colombianos. Pero también constituye un ejemplo aleccionador de profesionalismo en el ejercicio del periodismo: secuestrar la noticia de una tragedia para trabajarla de tal manera que se integre a la conciencia colectiva. Y con ello tal vez, conseguir que no se repita nunca. n "Es un libro muy duro y muy triste para todos los colombianos. Pero también constituye un ejemplo aleccionador de profesionalismo en el ejercicio del periodismo" Maruja Pachón "La narración del libro es magistral. Está todo condensado, pero aun así incluye una completa sicología de los personajes y el relato de cada cosa que pasó. Estoy de acuerdo con la crítica publicada en el diario El País de Madrid, cuando afirma que es la elevación del reportaje a género literario. Es además una historia completa y universal hacia el exterior de lo que pasó en ese momento. Hay mil cosas que no están en el libro, pero las que están se relatan fielmente." Alfonso López Michelsen "Es una excelente crónica. Observaría en algunos aspectos que el libro no corre parejo con la versión que yo haría de los acontecimientos, particularmente en lo que se refiere al sometimiento a la justicia, que se diseñó bajo la administración Barco, se tramitó a través de Guido Parra con Pablo Escobar y se materializó durante el gobierno de Gaviria. Creo también que no se le da suficiente crédito al cardenal Mario Revollo, que fue muchas veces una persona decisiva para poner de acuerdo a los notables. En ese sentido, la versión es insuficiente." Alberto Villamizar "El libro, como todos los de Gabo, es estupendo. Independientemente de su atractivo literario, tiene dos valores. El primero, es que era muy importante para la historia tener un documento serio sobre cómo terminó esa guerra del cartel de Medellín contra el Nuevo Liberalismo y cómo nos enfrentamos sin medios a ese aparato criminal del narcotráfico. El segundo, es crear conciencia sobre el drama que significa un secuestro y el sufrimiento que implica para los afectados y sus familias." Carlos Gustavo Arrieta "Es un libro objetivo y serio. Naturalmente hay matices y detalles a los cuales uno quisiera que se les diera más o menos énfasis. Hay cosas que no se cuentan y es una lástima. Por ejemplo, el forcejeo entre el gobierno y la Procuraduría alrededor de la entrega de Escobar, y las razones que llevaron a que la Procuraduría finalmente estuviera allí. Pero son sutilezas. Frente a un hecho que pudo ser tan controvertido, el libro me pareció serio y estoy satisfecho." Cesar Gaviria "Creo que el libro, mucho más que un reportaje, es historia viva. En sus páginas Gabo ha retratado con particular rigor y agudeza periodísticas el tema de la violencia, el flagelo que más ha marcado a Colombia en esta última mitad del siglo. García Márquez demuestra una vez más que no sólo es el mejor escritor viviente, sino también que sigue siendo el periodista genial que fue capaz de retomar el lápiz y la libreta de reportero muchos años después de haberse extraviado por los caminos de la literatura." Francisco Santos "Es muy cercano a la realidad, inclusive la mejora. Refleja los sentimientos muy claramente y resume en poquísimos párrafos horas de conversación y todo lo que vivimos. Sólo leí el primer borrador. Revivió sentimientos que estaban guardados en la nevera y que ha sido tenaz volver a congelar. Por eso no quiero leer el libro, pero lo que leí me pareció del putas." AZUCENA LIEVANO "La verdad es que el libro me conmovió demasiado porque cuenta hechos que aún me duelen. Me tocó leerlo por partes por los recuerdos pero, en general, el libro es un documento para el periodismo, para los colombianos, de los hechos que ocurrieron. Además, esta es otra faceta de Gabo, ya no habla de cosas mágicas sino de una realidad. En cuanto a lo que a mí se refiere, el libro fue exacto. De hecho, Gabo me dijo que se había guiado mucho por el libro que escribí." BEATRIZ VILLAMIZAR "Me encantó. Es la fiel realidad de lo que pasó. Leerlo me ha costado lágrimas. Hay momentos en los que me dio mucha impresión. El relato es tal y como se lo dijimos, reflejado casi que con la misma emoción con que lo vivimos. Hay cosas duras de recordar y con el libro volvieron a surgir paso a paso. La experiencia de contárselo todo, que al principio fue tan estresante, terminó siendo muy humana." MIGUEL MAZA MARQUEZ "Es un libro excelente. Estoy de acuerdo con lo que Gabo allí plasma, todos los episodios se dieron. No solamente lo que se dice referente a los secuestros es verídico, sino también lo que pasó en el país en materia política y jurídica. Además, el libro corresponde a mis archivos personales." RICHARD BECERRA "Todo está tal y como sucedió, teniendo en cuenta su propia narrativa. Hay muchas anécdotas que yo no conocía. El libro me gustó mucho, pero volver a recordar todo a veces me ponía los pelos de punta porque me transportaba a lo que había sucedido. Me llegó muy adentro." "Habrá quien no entienda el método del libro y encuentre, por ejemplo, una actitud casi de admiración hacia Pablo Escobar"
Gaviria, el duro
Capítulo aparte merece el presidente César Gaviria, quien sale muy mal librado a pesar de la conocida y reconocida amistad que lo une con García Márquez: buena prueba de éste sobre su honestidad como periodista. En primer lugar está la frialdad cruel con que trató a los familiares de los secuestrados. Debe admirarse su pregonado empeño en no negociar los principios del Estado, pero esa conducta ante el drama humano era del todo innecesaria. Más aún cuando el libro demuestra paso a paso cómo fue cediendo a las exigencias de Escobar, imperdonablemente tarde en el caso de Diana Turbay. Muestra también su doble juego frente a la extradición, explicado líneas atrás, la forma como engañó al país y a la Constituyente sobre ese asunto y sobre la entrega del capo, negociándolo todo en secreto a través de Villamizar, comprometiéndose sólo en el momento en que pudo presentar los hechos como el simple acatamiento de Escobar a las rígidas e insobornables condiciones impuestas por su gobierno. Hay muchos personajes más que aparecen apenas como sombras. Entre ellos está el general Maza Márquez, a quien Pablo Escobar acusa, en carta a Villamizar, del asesinato de Luis Carlos Galán, acusación sobre la cual se contradice después, en confesión con el mismo Villamizar, al decirle que "al doctor Galán lo quería matar todo el mundo", que él había estado en la reunión en la que se planeó el asesinato y que se había opuesto por considerarlo peligroso para sus intereses. Por cierto que, en esa misma oportunidad, habla de "un grupo de congresistas amigos" que lo habrían convencido de atentar contra la vida de Villamizar años antes. Como ocurre siempre con los libros de García Márquez, habrá fuertes polémicas sobre si tal hecho ocurrió un lunes o un martes y cosas por el estilo. Esas son nimiedades frente a este espléndido trabajo de investigación. Es un libro muy duro y muy triste -son palabras del mismo Gabo- para todos los colombianos. Pero también constituye un ejemplo aleccionador de profesionalismo en el ejercicio del periodismo: secuestrar la noticia de una tragedia para trabajarla de tal manera que se integre a la conciencia colectiva. Y con ello tal vez, conseguir que no se repita nunca.
Maruja Pachón "La narración del libro es magistral. Está todo condensado, pero aun así incluye una completa sicología de los personajes y el relato de cada cosa que pasó. Estoy de acuerdo con la crítica publicada en el diario El País de Madrid, cuando afirma que es la elevación del reportaje a género literario. Es además una historia completa y universal hacia el exterior de lo que pasó en ese momento. Hay mil cosas que no están en el libro, pero las que están se relatan fielmente."
Alfonso López Michelsen "Es una excelente crónica. Observaría en algunos aspectos que el libro no corre parejo con la versión que yo haría de los acontecimientos, particularmente en lo que se refiere al sometimiento a la justicia, que se diseñó bajo la administración Barco, se tramitó a través de Guido Parra con Pablo Escobar y se materializó durante el gobierno de Gaviria. Creo también que no se le da suficiente crédito al cardenal Mario Revollo, que fue muchas veces una persona decisiva para poner de acuerdo a los notables. En ese sentido, la versión es insuficiente."
Alberto Villamizar "El libro, como todos los de Gabo, es estupendo. Independientemente de su atractivo literario, tiene dos valores. El primero, es que era muy importante para la historia tener un documento serio sobre cómo terminó esa guerra del cartel de Medellín contra el Nuevo Liberalismo y cómo nos enfrentamos sin medios a ese aparato criminal del narcotráfico. El segundo, es crear conciencia sobre el drama que significa un secuestro y el sufrimiento que implica para los afectados y sus familias."
Carlos Gustavo Arrieta "Es un libro objetivo y serio. Naturalmente hay matices y detalles a los cuales uno quisiera que se les diera más o menos énfasis. Hay cosas que no se cuentan y es una lástima. Por ejemplo, el forcejeo entre el gobierno y la Procuraduría alrededor de la entrega de Escobar, y las razones que llevaron a que la Procuraduría finalmente estuviera allí. Pero son sutilezas. Frente a un hecho que pudo ser tan controvertido, el libro me pareció serio y estoy satisfecho."
Cesar Gaviria "Creo que el libro, mucho más que un reportaje, es historia viva. En sus páginas Gabo ha retratado con particular rigor y agudeza periodísticas el tema de la violencia, el flagelo que más ha marcado a Colombia en esta última mitad del siglo. García Márquez demuestra una vez más que no sólo es el mejor escritor viviente, sino también que sigue siendo el periodista genial que fue capaz de retomar el lápiz y la libreta de reportero muchos años después de haberse extraviado por los caminos de la literatura."
Francisco Santos "Es muy cercano a la realidad, inclusive la mejora. Refleja los sentimientos muy claramente y resume en poquísimos párrafos horas de conversación y todo lo que vivimos. Sólo leí el primer borrador. Revivió sentimientos que estaban guardados en la nevera y que ha sido tenaz volver a congelar. Por eso no quiero leer el libro, pero lo que leí me pareció del putas."
AZUCENA LIEVANO "La verdad es que el libro me conmovió demasiado porque cuenta hechos que aún me duelen. Me tocó leerlo por partes por los recuerdos pero, en general, el libro es un documento para el periodismo, para los colombianos, de los hechos que ocurrieron. Además, esta es otra faceta de Gabo, ya no habla de cosas mágicas sino de una realidad. En cuanto a lo que a mí se refiere, el libro fue exacto. De hecho, Gabo me dijo que se había guiado mucho por el libro que escribí."
BEATRIZ VILLAMIZAR "Me encantó. Es la fiel realidad de lo que pasó. Leerlo me ha costado lágrimas. Hay momentos en los que me dio mucha impresión. El relato es tal y como se lo dijimos, reflejado casi que con la misma emoción con que lo vivimos. Hay cosas duras de recordar y con el libro volvieron a surgir paso a paso. La experiencia de contárselo todo, que al principio fue tan estresante, terminó siendo muy humana."
MIGUEL MAZA MARQUEZ "Es un libro excelente. Estoy de acuerdo con lo que Gabo allí plasma, todos los episodios se dieron. No solamente lo que se dice referente a los secuestros es verídico, sino también lo que pasó en el país en materia política y jurídica. Además, el libro corresponde a mis archivos personales."
RICHARD BECERRA "Todo está tal y como sucedió, teniendo en cuenta su propia narrativa. Hay muchas anécdotas que yo no conocía. El libro me gustó mucho, pero volver a recordar todo a veces me ponía los pelos de punta porque me transportaba a lo que había sucedido. Me llegó muy adentro."

EDICIÓN 1879

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