Camilo Prieto
Camilo Prieto, profesor de la Universidad Javeriana e investigador del grupo de asuntos nucleares del Servicio Geológico Colombiano - Foto: LEÓN DARÍO PELÁEZ SÁNCHEZ

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“La transición energética es un asunto de transformación cultural que va mucho más allá de las emisiones de carbono”

Camilo Prieto, profesor de la Universidad Javeriana e investigador del grupo de asuntos nucleares del Servicio Geológico Colombiano, explica el panorama actual de la transición energética en Colombia y sus posibilidades.

SEMANA: ¿Cuáles son los elementos claves para lograr una transición energética responsable en Colombia?

CAMILO PRIETO: Es fundamental que la transición responda a la matriz de emisiones de gases efecto invernadero que tiene el país, la cual está determinada por la deforestación y la ganadería extensiva; es decir, que el proceso debe involucrar a la ruralidad. En segundo lugar, el primer energético que se debe eliminar es el carbón térmico (a 2030) y para esto necesitamos el apoyo del gas natural, que genera entre 40 a 50 por ciento menos CO2 que el carbón. Lo tercero, es que tiene que ser sostenible en el tiempo y esto implica conseguir un kWh de bajas emisiones, con un precio justo para las familias. Por último, la transición energética no es solo una herramienta ambiental, también es una estrategia de salud pública en tanto permite mejorar la calidad del aire.

SEMANA: ¿Cuánto cuesta transitar a las energías limpias en Colombia? Económicamente hablando, ¿es viable diversificar la matriz energética en un país como el nuestro?

C.P: El costo depende de varios factores: la meta de reducción de emisiones, la velocidad del proceso, los energéticos que se quieran suprimir y los que se quieran implementar. Por ejemplo, el gobierno Duque fijó una meta de reducción de emisiones a 2030 de un 51 por ciento, esto puede representar costos del orden de 8 a 10 por ciento del PIB. Además, si se le suma que Colombia en la próxima década renuncie por completo al gas natural nacional, esto también incrementa los costos. Y hasta que el país no fije con precisión la meta de reemplazo de los energéticos y los sustitutos, hablar de un costo definitivo es terreno de especulación.

SEMANA: ¿Cómo percibe el plan de Transición Energética Justa que plantea el Gobierno nacional?

C.P: En los fundamentos que se han planteado se busca promover la justicia social y ecológica, y que la energía sea un derecho universal. Me preocupa que no contemple con determinación la transición agrícola y ganadera. Veámoslo en cifras: según el Ideam, las industrias de la energía (producción de energía, refinación de crudo y fabricación de combustibles) emiten 24,5 millones de toneladas de CO2eq frente a 44,8 millones de toneladas de CO2eq que emite la ganadería. Obviamente no se trata de acabar con la ganadería, sino que se debe buscar una transición hacia prácticas más sostenibles.

SEMANA: ¿Qué opinión tiene sobre las últimas declaraciones de la ministra de Minas y Energía, Irene Vélez, alrededor de los contratos de exploración para gas y petróleo?

C.P: Si el objetivo es reducir las emisiones de metano, hay que recordar que en nuestro país el total de emisiones de metano (en CO2eq) de las industrias de energía, el transporte, la construcción y la quema de combustibles suman 8,4 millones de toneladas, es decir cerca de 5,5 veces menos que la ganadería. Adicionalmente, si Colombia quiere dejar de importar urea va a necesitar más gas natural en los próximos años. Ojalá al final de la próxima década dejemos de quemar gas natural y lo usemos más en procesos de economía circular, así como en la producción y uso responsable de abonos que nos permitan mejorar la seguridad y soberanía alimentaria.

SEMANA: La energía nuclear es una de las alternativas energéticas más limpias y sobre ella existen tabúes. ¿Cuáles son sus posibilidades en Colombia?

C.P: Colombia necesita una Ley de Seguridad Nuclear por dos razones: como medida de salud pública que le permita al país ser autosuficiente en la producción de radiofármacos, los cuales son esenciales en la atención del cáncer, y también para desarrollar proyectos la próxima década de nucleoelectricidad, particularmente con reactores modulares. Nuestros vecinos de la región como Perú, Chile, Argentina, Bolivia, Brasil y México nos llevan ventaja. De todas las fuentes de energía, la nuclear tiene la más baja tasa de emisiones de CO2 por kWh generado. A lo sumo, necesitamos impulsar la energía de los átomos para la salud y para la descarbonización.

SEMANA: ¿Cuál debería ser el rol de las comunidades residentes en territorios con potencial energético en este proceso de transición?

C.P: Es indispensable la participación de las comunidades en este proceso. Es medular que Colombia rompa el paradigma de que las comunidades próximas a los grandes centros de generación de energía tengan tan bajos indicadores sociales. Como ocurre en La Guajira, la región de Colombia con las más grandes reservas de carbón, gas y actualmente con un gran desarrollo de parques eólicos, pero es la zona del país con mayores índices de desnutrición infantil, los peores indicadores de acceso al saneamiento básico, con altas tasas de deserción escolar y con múltiples barreras de acceso al sistema de salud e irónicamente con una de las mayores tasas de pobreza energética. Esta asimetría se debe acabar en el país.

SEMANA: Los gremios guardan dudas frente a la soberanía y autosuficiencia energética, ¿de qué forma se puede efectuar la transición sin que estos principios se pongan en riesgo?

C.P: Es necesario que el gobierno aumente los esfuerzos en dialogar con los gremios, la academia y la sociedad, en general. La transición energética es un asunto de transformación cultural compleja que va mucho más allá de las emisiones de carbono y esto demanda pensar en nuestras reservas energéticas y la inversión en ciencia y tecnología.

SEMANA: ¿Qué tan cierto es que el país cuenta con potencial en energía eólica y solar?

C.P: Nuestro país tiene una radiación solar promedio de 4,5 kWh por metro cuadrado, con algunas áreas del Caribe como La Guajira cercanas a los 6 kWh/m2 , es decir casi 66 por ciento superior al promedio global. En el caso de la energía eólica, las velocidades promedio de los vientos son cercanas a los 9 metros por segundo a 80 metros de altura. Lo anterior puede ayudarnos a complementar la matriz energética, pero se debe tener en cuenta que estas fuentes de energía están disponibles entre un 10 a un 40 por ciento de todo el año por razones climáticas y tecnológicas. Otro asunto que se olvida es el acople que tienen la energía solar y eólica a la minería de metales; por ejemplo en el caso de La Guajira por cada 3 MW de eólica se necesitan 4,7 toneladas de cobre, 335 toneladas de acero y al menos 1.200 toneladas de concreto.

Para conocer más detalles sobre el futuro y los retos de la transición energética en el país, no se pierda el Gran Foro Colombia: ¿para dónde va el país? este próximo 25 de enero.