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| 9/21/1998 12:00:00 AM

LAS MIL Y UNA NOCHES

La vida del sultán de Brunei es un cuento de hadas. Así quedó demostrado durante la reciente proclamación de su heredero.

LAS MIL Y UNA NOCHES, Sección Gente, edición 851, Sep 21 1998 LAS MIL Y UNA NOCHES
Había una vez un sultán en el Lejano Oriente cuyo poder no tenía límites. Su fama era tan grande que cientos de gobernantes de todo el mundo emprendían extenuantes viajes sólo para conocerlo. Y no era para menos. El monarca vivía en un majestuoso palacio, construido en oro y mármol, de más de 1.700 habitaciones. La opulencia del lugar se reflejaba en cada uno de los salones, cuyas paredes estaban tapizadas con lujosas obras de arte. Esta exuberancia se repetía en las inmensas terrazas que, dotadas de fuentes y vegetación diversa, emulaban a los jardines colgantes de Babilonia. Estos caprichos sólo podía dárselos Hassanal Bolkiah: el hombre más rico del mundo. Aunque por su carácter fantástico esta historia parece extractada de los cuentos de Las mil y una noches, lo cierto es que su protagonista es real y no es otro que el sultán de Brunei, gobernante de un minúsculo país ubicado en el sureste asiático. Durante años la fortuna de este magnate petrolero, avalada en más de 40.000 millones de dólares, ha sido considerada como la más grande del planeta. Si bien a la hora de hacer cuentas el gigante de la informática, Bill Gates, lo supera por unos cuantos miles, lo cierto es que ningún millonario ha logrado equiparar al sultán en lo que a lujo y derroche se refiere. Tal opulencia se pudo comprobar el pasado 10 de agosto durante la ceremonia de proclamación de su hijo, el príncipe Al-Muhtadee Billah, como heredero al trono. Brocados de oro y plata, trajes de seda, joyas trabajadas en rubíes, esmeraldas y diamantes, exóticas esencias y fastuosos regalos inundaron los salones de Istana Durul Iman, el palacio imperial, que sirvió de escenario para una fastuosa fiesta de 5.000 invitados. Ese día el pueblo se vistió con sus mejores galas para observar la carroza dorada en la que el heredero hizo su recorrido triunfal. Billah, el tercero de los 10 hijos que Hassanal tuvo con sus dos esposas, reemplazará a su padre en algunas funciones diplomáticas y deberá seguir adelante con los planes trazados por el sultán para consolidar el poder de Brunei en Oriente.
Nuevos ricos
Gracias a un descubrimiento de la Shell, Hassanal se convirtió en el amo y señor del oro negro. Los escasos 5.765 kilómetros cuadrados que tiene Brunei están plagados de petróleo y gas, lo que le ha permitido ser el principal proveedor de combustible para el Asia. Las continuas alzas en los precios del crudo terminaron por enriquecer al sultán, quien con sus nuevos ingresos se dio a la tarea de modernizar el país. Construyó aeropuertos, escuelas, hospitales, carreteras y un parque de diversiones al estilo Disneyworld. El nivel de vida en Brunei mejoró tanto que sus 300.000 habitantes _la mitad extranjeros_ están exentos de pagar impuestos y cuentan con servicio médico gratuito. Pero sin lugar a dudas su mayor logro fue acabar con el protectorado británico y declarar la independencia en 1984. Al margen de sus proezas, no todo es color de rosa. Ante la ausencia de un banco regulador el tesoro nacional ha sido manejado por la familia real como si se tratara de una cuenta de ahorros. El caso más grave se presentó el año pasado cuando el príncipe Jefri, hermano menor del sultán, en calidad de ministro de finanzas, realizó varios negocios fallidos que, según dicen, le hicieron perder al sultán entre 5.000 y 10.000 millones de dólares.
El harén
Al igual que en los cuentos de Scherazada, el palacio cuenta con su propio harén. Las concubinas _por orden del príncipe Jefri_ no son jóvenes humildes sino modelos, reinas de belleza y conejitas de Playboy. Las chicas son contratadas a través de agencias de modelaje en Europa y América y se les ofrece un jugoso salario de 3.000 dólares diarios por trabajar como relacionistas públicas. Una vez en Brunei se dan cuenta de sus 'obligaciones', y aunque al comienzo se escandalizan, luego se dejan seducir por el dinero y terminan complaciendo a sus nuevos amos. El escándalo se desató el año pasado cuando Shannon Marketic, ex miss Estados Unidos, demandó al sultán y a su hermano por esclavitud sexual. Según Marketic, las mujeres no podían salir a la calle, permanecían vigiladas y se les prohibía usar condón. Aunque la demanda no ha prosperado debido a que el sultán tiene inmunidad diplomática, su imagen internacional se ha visto afectada por los desmanes del descarriado Jefri. Quizás por este motivo y para evitar que el joven Billha siga el mal ejemplo de su tío, el sultán ha sido muy cuidadoso en la educación de su hijo para asegurarse de que nada ni nadie derrumbe el cuento de hadas que tanto dinero le ha costado construir.

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