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El presidente con Bo en la Casa Blanca en 2012.
El presidente con Bo en la Casa Blanca en 2012. - Foto: AP

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Los Obama lloran la partida de su querido perro Bo

El perro de aguas portugués fue reconocido como un miembro más de la ex familia presidencial durante sus años en la Casa Blanca.

La exprimera dama, Michelle Obama, dejó por un momento de lado sus trinos de activista por las diversas causas que defiende para dedicarle un sentido homenaje a su querido perro: “Por más de una década, Bo fue una presencia constante y gentil en nuestras vidas, feliz de vernos tanto en nuestros días buenos como en los malos”, escribió en Twitter.

La conocida Michelle también lo elogió por tolerar todo el alboroto de vivir en la Casa Blanca y por tener un buen ladrido, aunque no mordiera. “Amaba saltar a la piscina en verano, era sereno con los niños, se desvivía por las migajas alrededor de la mesa y tenía un gran pelo”, dijo también la esposa de Barack Obama.

El día de abril de 2009 en que Malia y Sasha Obama recibieron a Bo en la Casa Blanca.
El día de abril de 2009 en que Malia y Sasha Obama recibieron a Bo en la Casa Blanca. - Foto: AP

Este último, por su parte, igualmente mostró lo conmovido que está con la partida del can, al decir que la familia ha perdido a “un verdadero amigo y compañero leal”.

Bo era un perro de aguas portugués que llegó a alegrar la vida de los Obama a los tres meses de su histórico arribo a la Casa Blanca, en abril de 2009. En realidad fue un regalo del senador Ted Kennedy, hermano menor de John F. Kennedy, y su esposa Victoria, para las hijas del presidente, Malia y Sasha Obama, quienes hoy son unas universitarias, pero en ese momento eran unas niñas.

Ellas lo bautizaron Bo porque sus primas tenían un gato que se llamaba así y porque a su abuelo paterno le decían Diddley por el músico Bo Diddley.

Desde ese momento, como sucede con todo lo que tiene que ver con la familia presidencial en Estados Unidos, el animal fascinó al país. Los periodistas que cubrían la Casa Blanca lo recuerdan ladrando en las ruedas de prensa en el ala sur de la residencia.

Su celebridad llegó a ser tal, que niños de todo el país se volvieron sus fans y le escribían cartas o le mandaban obsequios.

En diciembre de 2012, la primera dama,  Michelle Obama, llevó a Bo a un encuentro con niños en el Children's National Medical Center, en Washington.
En diciembre de 2012, la primera dama, Michelle Obama, llevó a Bo a un encuentro con niños en el Children's National Medical Center, en Washington. - Foto: AP

Por supuesto, él no podía faltar en la tradicional fiesta de los huevos de Pascua que tiene lugar después de Semana Santa cada año en la Casa Blanca.

Bo fue además el protagonista de un libro para niños, Bo, America’s Commander in Leash, escrito por Naren Aryal con ilustraciones de Danny Moore.

Cuatro años más tarde de la llegada de Bo, Michelle pensó que él necesitaba interactuar con otros perros y fue así como se le sumó Sunny, de su misma raza. Bo no fue la primera mascota de la Casa Blanca en saltar a la fama. De hecho, la célebre mansión tiene una larga tradición de inquilinos caninos.

Así, son muy recordados Him y Her, los beagles de Lyndon B. Johnson; Rex, el cavalier king Charles spaniel de Ronald Reagan; y Barney, el terrier escocés de George W. Bush, entre otros. También ha habido gatos, como Socks, de Bill Clinton.

Donald Trump es el único en décadas que llegó y se fue sin mascot, mientras que el presidente Joe Biden retomó la tradición con sus dos pastores alemanes, Champ y Major.

La señora Obama también ha revelado que, en principio, creían que Bo sería el gran compañero de sus hijas, pero que con el tiempo llegó a significar mucho para todos. A propósito de las niñas, la partida de ellas a la universidad en otras ciudades fue algo muy difícil de llevar para sus padres, en especial para el expresidente, quien las despidió con lágrimas en los ojos.

Pues bien, fue Bo el que los ayudó a ajustarse a su nueva vida sin Malia y Sasha en el hogar. En este año, debido a la pandemia todos se volvieron a reunir en casa y el más feliz fue Bo. “Todos estábamos bajo el mismo techo otra vez, como cuando él llegó”, comentó Michelle en Instagram.

Pero el cáncer acabó con la vida de la noble criatura, de doce años, testigo inocente de la historia.