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Realeza: La caída del príncipe Andrés

Andrés, sin títulos, sin plata y sin el apoyo de la familia, enfrenta uno de los peores momentos de su vida: un juicio en Estados Unidos por abuso sexual.


El reinado de Isabel II de Inglaterra no ha estado desprovisto de escándalo. La lista de dolores de cabeza de la reina empieza con su propia hermana, la princesa Margarita, quien siempre tuvo a bien enamorarse del hombre equivocado. Con sus hijos vinieron otras crisis, entre las cuales fueron sonados los divorcios y las infidelidades.

Más recientemente estaría el caso de su nieto Harry, quien abandonó la Corona y decidió sacar los trapos de la familia al sol ante la televisión estadounidense. El clan ha sobrevivido guerras y abdicaciones, pero hoy nadie sabe si logrará salir bien librado del juicio en Estados Unidos por acoso sexual a una menor.

El escándalo lo protagoniza Andrés, el tercer hijo de Isabel y el segundo varón de la familia. La demanda fue interpuesta por Virginia Giuffre, una víctima de Jeffrey Epstein, reclutada por Ghislaine Maxwell para proveerle masajes sexuales al millonario. Luego, Epstein la ofrecería a sus amigos para sus propios deleites sexuales. Entre ellos estaba el príncipe. Ella dice que la violó en tres oportunidades cuando todavía no había cumplido 18 años. Él lo niega.

Un acuerdo entre el príncipe y Virginia Giuffre es improbable, porque sería admitir su culpa. Además, no tiene capital para cerrar el caso y la reina no lo ayudará, pues corre el riesgo de manchar su reputación. Lo bueno: Ghislaine Maxwell no lo delatará.
Un acuerdo entre el príncipe y Virginia Giuffre es improbable, porque sería admitir su culpa. Además, no tiene capital para cerrar el caso y la reina no lo ayudará, pues corre el riesgo de manchar su reputación. Lo bueno: Ghislaine Maxwell no lo delatará. - Foto: getty images / afp

Ante la gravedad de los hechos y la inminencia del juicio, la semana pasada la reina Isabel lo despojó de sus títulos, una decisión que tardó mucho en considerar, en opinión de algunos. Eso significa que el príncipe ya no será tratado con privilegios, sino como un ciudadano privado. Además de esto, marcará una primera vez en el reinado de Isabel, que cumple este año 70: será la primera vez que se juzgue a un príncipe por tal hecho y que se haga en Estados Unidos, una excolonia del otrora Imperio británico.

Hasta hace un tiempo, el pecado del simpático y extrovertido Andrés era ser fiestero y codicioso. Pero tenía a su favor ser el favorito de Isabel y haber logrado el cariño de los súbditos por su participación en la guerra de las Malvinas. Hoy, a los 61 años, es un divorciado en bancarrota y sin el apoyo de su familia. ¿Cómo llegó el hijo consentido de la reina a esta humillante posición?

Hay que comenzar por decir que Andrés lleva sobre sus hombros la tragedia (o la bendición) de ser el príncipe de repuesto, como le llaman en Gran Bretaña a los segundos, porque solo llegan a ser cabeza de la monarquía si el primero tiene un impedimento para ser rey o fallece. Eso los lleva, por lo general, a actuar diferente y a tomar decisiones erradas, ya que no están en la mira de los súbditos. Eso no parecía que sucedería con Andrés, quien heredó la buena pinta de su padre, Felipe, lo que le hizo cobrar notoriedad ante las mujeres, entre quienes era un cotizado soltero y reconocido playboy.

Frente al meditativo y tímido Carlos, Andrés era una presencia divertida y constante en los tabloides, siempre al lado de lindas mujeres. Lo apodaron Randy Andy, que significa Andresito el Cachondo.De su padre también sacó el espíritu aventurero, pasión que lo llevó a seguir una carrera militar tras sus estudios en Gordonstoun, Escocia. Recibió entrenamiento como oficial naval y sirvió como piloto de helicóptero durante la guerra de las Islas Malvinas. Esa participación fue vista como un ejemplo de valentía, que le mereció el reconocimiento de héroe de guerra. Luego apareció en la escena Sarah Ferguson, una extrovertida y simpática pelirroja, que lo llevó al altar en 1986. Por el matrimonio recibieron los títulos de duques de York y tuvieron dos hijas: las princesas Beatriz y Eugenia.

Todo iba viento en popa. La reina le otorgó a su hijo el manejo de una docena de fundaciones de caridad. Eso y los ocho títulos militares británicos que recibió lo pusieron a gravitar en el mismo eje de los multimillonarios del mundo. Pero en 1996 empezaron los problemas. El primero fue su divorcio de Fergie en medio de alegatos mutuos de infidelidad. Ella, particularmente, protagonizó un escándalo al salir en los tabloides con sus dedos de los pies en la boca de un hombre cuando aún estaba casada con el duque.

Con el escándalo se deleitaron los medios, pero en el palacio de Buckingham la escena fue considerada indignante. La reina les pidió que se separaran de una vez por todas. Y así lo hicieron, aunque, a diferencia de Carlos y Diana, Andrés y Sarah mantuvieron siempre una relación muy cercana por el bien de sus dos hijas. Esa actitud puede verse como algo muy civilizado, pero la cercanía a su ex le causó problemas a Andrés.

En 2010, un tabloide filmó a Ferguson pidiéndole a un millonario 800.000 dólares para lograr acceso a su exmarido y así ella poder pagar sus gastos.Después del divorcio, la fase del príncipe mujeriego y ambicioso resurgió. Los periódicos le sacaron amantes tras su separación y empezó a ser evidente que el príncipe mezclaba los negocios y el placer.

 El príncipe Andrés tuvo que vender su chalet en Suiza para pagar los líos legales, lo que indica que tiene necesidades financieras. Hoy vive en una mansión, que perteneció a la reina madre, con su exesposa y sus hijas.
El príncipe Andrés tuvo que vender su chalet en Suiza para pagar los líos legales, lo que indica que tiene necesidades financieras. Hoy vive en una mansión, que perteneció a la reina madre, con su exesposa y sus hijas. - Foto: getty images

En 2001 fue nombrado representante honorario de inversión y comercio internacional, papel por el cual fue cuestionado. Según el diario The Telegraph, el problema eran los gastos que cobraba por sus viajes, que podían ascender a más de medio millón de libras esterlinas, sin contar con las 249.000 que recibía por ser miembro de la familia real. Los viajes en jets privados le granjearon el apodo de “airmiles Andy”.

El cargo implicaba codearse con mucha gente, incluso con personajes cuestionados como Muamar el Gadafi, líder de Libia; el hijo del presidente Zine el Abidine Ben Ali, de Túnez; e Ilham Aliyev, presidente de Azerbaiyán. También se lo involucró con David Rowland, quien tenía historial de alegatos de evasión fiscal.

La más cuestionada fue la relación con un billonario de Kazajistán, quien habría pagado una suma más grande de la comercial por la antigua casa del príncipe. Ante las críticas, en 2011 Andrés tuvo que dejar el cargo y asumir un perfil bajo.Pero ninguna de esas amistades llegó a ser tan peligrosa como la que entabló con Jeffrey Epstein, a quien conoció por medio de Ghislaine Maxwell, novia de ambos en diferentes momentos de la vida.

Las acusaciones contra el príncipe Andrés surgieron en 2019 cuando se conoció la red de prostitución de Epstein, que fue detenido por cargos federales de tráfico sexual. Epstein se suicidó en la celda llevándose a la tumba todos sus secretos. Maxwell fue declarada culpable de conspirar con Epstein para reclutar, preparar y abusar de menores, y no delatará a Andrés.

El príncipe trató de salir airoso de este caso con una entrevista a la BBC, en noviembre de 2019, en la que intentó explicar su amistad con Epstein, pero todo fue un desastre. No logró tomar distancia del polémico millonario, dijo que “no recordaba” haber conocido a Giuffre y aseguró que, en la fecha en que sucedió la supuesta violación, él estaba comiendo pizza con sus dos hijas. Pero no pudo explicar una foto tomada en Londres en la que aparece con su brazo alrededor de la cintura de la joven. En la entrevista afirmó no recordar que “fuera tomada”.

Para desviar los cargos de Giuffre, quien dijo que el príncipe sudó profundamente en uno de sus encuentros, Andrés señaló que era médicamente incapaz de sudar.Luego se creyó que el príncipe escaparía del juicio gracias a un acuerdo que Giuffre firmó con Epstein en el que se comprometía a no iniciar acciones legales contra ninguno de sus amigos a cambio de recibir 500.000 dólares. Era el arma secreta de sus abogados para cerrar el caso. Pero un juez federal en Manhattan dictaminó que el litigio civil relacionado con las acusaciones de abuso sexual podría continuar, pese al acuerdo.

La reacción del palacio de Buckingham fue rápida y castigadora. Solo un día después, la madre del príncipe, la reina Isabel, de 95 años, lo despojó de sus títulos militares y patrocinios reales. En el futuro, Andrés ya no usará el título “su alteza real”, un símbolo de estatus del cual gozó durante seis décadas al ser miembro principal de la familia real. Como lo resumió acertadamente el diario The Sun, “El príncipe Andrés ha sido desterrado” y, como tal, su futuro es incierto, así como el de la monarquía.