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| 7/1/1991 12:00:00 AM

CITA EN CARACAS

El Gobierno y la CNG se juegan en la capital venezolana lo que pudiera ser la última carta de la paz.

CITA EN CARACAS CITA EN CARACAS
EL PRESIDENTE CESAR GAviria ha calificado acertadamente el estado de ánimo de los colombianos frente a las negociaciones con la guerrilla que comenzaron en Caracas el 3 de junio: moderadamente optimista. Esta moderación en el optimismo que reina en el país, obedece a que en poco más de nueve años de aproximaciones, diálogos, acuerdos, promesas y rupturas, los colombianos aprendieron a mirar las cosas de las FARC y la Coordinadora Guerrillera con beneficio de inventario.
Para buena parte de la opinión, el hecho de que los tres últimos gobiernos hayan creado oficinas especiales para adelantar el diálogo con la guerrilla, acompañadas de generosos presupuestos para inversiones en las zonas de violencia, dicen mucho más de la voluntad política de las sucesivas administraciones para llegar a una solución negociada, que de la vocación de paz del ELN y las FARC. Sin embargo, el hecho de que nuevamente hayan resuelto volver a la mesa de las negociaciones abre una perspectiva que permite pensar que, de pronto, se puede llegar a algo.
Caracas, sin embargo, no constituye para muchos el escenario ideal de unas conversaciones de paz. Para el Gobierno es ejercer el papel de huésped para solucionar un problema interno en un país con el cual Colombia tiene un diferendo pendiente. Para la guerrilla, Venezuela es un país que ya no quiere saber de guerrilleros, porque solucionó hace tiempo su problema en esta materia. Además, los venezolanos sienten una profunda animadversión hacia la subversión colombiana por las frecuentes incursiones guerrilleras a su territorio y por el hecho de que los grupos colombianos tienen en su poder cerca de una docena de venezolanos secuestrados.

LA AGENDA
La reunión del 3 de junio tiene como finalidad única, acordar una agenda de temas y una cronología para llegar a un acuerdo de paz. Esto, tan aparentemente simple, no lo es tanto si se tiene en cuenta de que en casi una década de conversaciones con las FARC, ha sido imposible que concreten los temas cuya solución llevaría a la desmovilización, los negociadores de los gobiernos de Belisario Betancur, Virgilio Barco y César Gaviria coinciden en que la gran dificultad para lograr alguna definición, es que siempre los delegados de la guerrilla insisten en poner sobre el tapete lo que ellos llaman la crisis nacional. De acuerdo con esta tendencia, es previsible que lo primero que la Coordinadora va a poner en la mesa de discusión en Caracas sea precisamente ese tema.
La diferencia con las épocas anteriores es que ahora el Gobierno tendrá a la mano una respuesta contundente: la Asamblea Nacional Constituyente, elegida por voto popular, es el foro por excelencia para esa discusión y así se planteó desde hace tiempo como aliciente para la desmovilización de la guerrilla armada. Para que en ella se hiciera oír y contribuyera al diseño del nuevo marco institucional del país, que fue lo que entendieron el M-19, el EPL, el PRT y el Quintín Lame. Además, ya no pueden echar mano de la eterna disculpa de que los organismos de representación popular son una manguala de los partidos liberal y conservador, pues la composición de la Constituyente no sólo desvirtúa esta afirmación, sino que la fuerza más importante que allí se está expresando es un grupo guerrillero desmovilizado: el M-19.
Así las cosas, es muy probable que las conversaciones se enfoquen más hacia los instrumentos que hagan favorable desde el punto de vista político la desmovilización de la Coordinadora. En este campo, el Gobierno no puede hacer otra cosa que gestiones de buena voluntad, como lo hizo en las negociaciones con el M-19, ya que los canales de participación política sólo pueden ser creados por el Congreso, si está actuando o por la Asamblea Nacional Constituyente. Entre las posibles solicitudes de la Coordinadora está la de su participación en la recta final de la Constituyente, lo cual implicaría su rápida desmovilización, pues no se podría aceptar que las FARC o el ELN entraran en condiciones distintas a como lo hicieron los otros grupos guerrilleros que hoy tienen representación en ese foro. También se espera que los guerrilleros soliciten facilidades de acceso a las corporaciones públicas cuya elección vaya a producirse en el futuro próximo. Aquí cabría la fórmula muy discutida y hasta ahora nunca aplicada de la circunscripción de paz. Esta podría consistir en la selección de zonas de vasta influencia política de los grupos de la Coordinadora, para que allí se pudiera elegir popularmente a guerrilleros desmovilizados y sin armas. Otra petición, aún más audaz, sería la de asignar un número determinado de cupos para Senado y Cámara. Todo esto por una sola vez y con el requisito no sólo de la desmovilización, sino del desarme.
Pero tanto la desmovilización como el desarme serán objetivos más difíciles de alcanzar de lo que lo fueron con los otros grupos armados. Al fin y al cabo, desmovilizar cerca de 10 mil hombres diseminados por todo el país no es lo mismo que hacerlo con grupos que no sobrepasan de mil. Para el caso de las FARC, se ha discutido la posibilidad de definir ya no campamentos, sino grandes zonas en aquellas regiones donde la influencia guerrillera es muy fuerte. Allí deberán permanecer los guerrilleros mientras se completa el proceso. Un punto muy espinoso de todo esto lo constituye el desarme y hay quienes piensan que la Coordinadora estaría buscando una fórmula distinta a la de entregar los fierros en una ceremonia. Esta consistiría, siguiendo los pasos del FMLN de El Salvador, en la entrega de hombres armados para incorporarse al Ejército regular. Sin embargo, todo parece indicar que el Gobierno rechazaría de plano una proposición de esta naturaleza.
En la reunión de Caracas, pues, hay mucha tela qué cortar. Hay opiniones encontradas sobre la posibilidad de que estas conversaciones conduzcan a la desmovilización y el desarme de los guerrilleros de la Coordinadora Naciolal. Pero en lo que sí hay consenso es en que difícilmente pueda haber otra oportunidad si esta se desaprovecha.

EDICIÓN 1879

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