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| 5/19/1997 12:00:00 AM

LOS DESERTORES

Este es el relato hecho a SEMANA por tres ex guerrilleros de las Farc que tomaron parte en el asalto a Las Delicias y en el secuestro de 60 soldados.

LOS DESERTORES LOS DESERTORES
Ocho meses despues de la sangrienta toma de la base militar Las Delicias, donde fueron masacrados 31 militares y 60 más fueron secuestrados, tres guerrilleros desertores de las Farc que hoy están en manos del Ejército contaron reveladores y crudos detalles de lo que ocurrió en esas 17 horas de combate. Al mismo tiempo relataron las aventuras que soldados y guerrilleros viven desde entonces en las selvas de Putumayo, Caquetá y Ecuador. SEMANA dialogó con Alexander González, Yulder González y José Alvarez, y esta es su historia."A las nueve de la noche, dos horas después de empezar la plomacera, se entregaron unos 15 soldados con fusil y todo. "Yo me entrego, yo me entrego", dijo uno de ellos, que tenía puesto el uniforme camuflado. Más atrás otro gritó: "No me mate, no me mate, que yo soy comunista". Cuando salió ese grupo de soldados entendimos que esa pelea la teníamos ganada. Que la base de Las Delicias era nuestra.¿Que cómo empezó todo? El sábado 24 de agosto un muchacho que sirve de correo trajo la orden de dirigirnos a un lugar en las montañas del río Sencella, en el Putumayo. Cuando llegamos con otros 15 compañeros nos sorprendimos porque había un campamento muy grande en el que estaban unos 400 guerrilleros. Había de los frentes 14, 15, 48, 49, de la compañía Teófilo Forero, de la GB, que es la guardia del bloque sur y nosotros, los del frente 32. En ese sitio habían construido una réplica exacta de la base de Las Delicias, con sus trincheras, las casitas, y hasta la cancha de microfútbol. Ahí duramos tres días, pero no nos decían para qué era. Nos decían que era un simulacro. El 26 nos dividieron. Nos incluyeron en un grupo de 190 guerrilleros y los demás fueron enviados en grupos de a 60 hacia otros lugares. Caminamos tres días hasta que llegamos a un lugar que según nos dijeron quedaba a dos horas de la base. Ya era el jueves 29 de agosto. En la noche, cuando nos mostraron un video de ese sitio entendí lo que pasaba. Entonces apareció 'Rolando', el comandante del bloque sur, quien nos dijo que los soldados que aparecían allí eran lo peor de lo peor y que había que tomarse esa base como fuera. 'Rolando' nos dijo que nosotros éramos el grupo de asalto y que la operación iba a ser apoyada por guerrilleros que se iban a colocar cerca de allí para emboscar a los refuerzos. Cuando él dijo eso, a muchos nos dio susto. Y más cuando dijo que en la base había unos 100 soldados. Yo dije hasta aquí llegué. Vi a otros compañeros muy asustados porque era la primera vez que les tocaba un bonche de ese tamaño. Esa noche arribaron los jefes de los frentes. Al día siguiente, viernes 30, los jefes se fueron a un lugar cercano a la base a hacer lo que llamamos un registro de inteligencia. Nosotros no podíamos bañarnos, ni usar jabón de olor. Cocinábamos con estufa, no con leña para evitar el humo. No podíamos hacer bulla, nada. Ellos llegaron a la carrera y nos sacaron. Entonces se armó el despelote. Nos dividieron en grupos. Los tres quedamos en el grupo de las ametralladoras. Ahí nos desplazamos en columna hasta un potrero desde donde se miraba la base. Eran las cinco de la tarde. Estuvimos ahí como una hora hasta que oscureció un poco. Los que primero nos acercamos fuimos nosotros, que teníamos que meternos de frente para abrir el camino. Llevábamos ametralladora 5,56, 7,62, tipo comando, una M-60 y granadas. Yo llevaba cuatro cananas para la ametralladora, tres granadas de mano, una bomba y el fusil de dotación con 300 cartuchos. Todos los combatientes llevaban el mismo armamento.
El ataque
Según el plan, dos compañeros eran los encargados de matar a los cinco guardias de la base. Nosotros nos arrimábamos a 50 metros y luego de que ellos mataran a los centinelas nos metíamos a la trinchera. Pero eso falló porque muchos compañeros hacían bulla, se tropezaban entre ellos. Por eso, antes de llegar allá, un guardia nos descubrió. Eran las siete y 20 de la noche. El guardia empezó a gritar "¡Bachiller, bachiller, refuerzos!". Nosotros todavía estábamos a unos 50 metros de la trinchera. Cuando el guardia empezó a disparar yo avancé corriendo y me arrimé a la trinchera. El guardia que me descubrió se murió. La confusión fue grande porque los soldados empezaron a disparar como locos y muchos guerrilleros salieron a correr, pero los jefes los devolvían y les decían "cobardes peleen".Entonces nosotros quedamos en las orillas de las trincheras, o sea, ellos adentro y nosotros afuera. Los guardias que respondieron se murieron porque nosotros llevábamos bombas y a punta de explosiones los quitamos del camino. Teníamos como 350 bombas, que las hicieron en el campamento. Son hechas en un tarro de cinco galones, les echan TNT y metralla. Uno la bota y le tira una granada encima y explota. Los soldados cometieron el error de disparar pura ráfaga, entonces no ubicaban el blanco. Por eso a muchos se les acabó la munición. Nosotros disparábamos tiro a tiro. Al que se movía le dábamos. Así fuimos avanzando. Ahí fue cuando los 15 soldados, con el que dijo que era comunista, se entregaron. El tiroteo siguió. Y nosotros seguíamos penetrando. A medida que avanzábamos le prendíamos fuego a todo. Casi a la medianoche mataron al comandante 'Wilder' y a 'El Loco', un amigo de nosotros. En la madrugada llegaron dos aviones a reforzarlos, pero disparaban como locos. Nosotros nos arrinconábamos contra las trincheras. Torres, que era el soldado encargado de comunicaciones, alcanzaba a decir, "estos hp nos están disparando a nosotros". En la mañana, a las seis, ya había un poco de soldados muertos. Ubicamos a los que faltaban y todavía tenían balas. El comandante de la base, un capitán que había llegado tres días atrás, recogía los fusiles de los muertos. El capitán gritaba que no se entregaba. Pero no pudimos avanzar más porque el capitán ubicó bien a los soldados y la plomacera se hizo más dura. Con el día encima y con solo la mitad de la base en nuestras manos, Rolando dio la orden de retirarnos."Vámonos que esto está muy hijuepucha". Eran como las seis y 30 de la mañana. Nos retiramos, pero en ese momento hicieron comunicación con 'Tirofijo', quien le echó un madrazo a Rolando y le dijo que dejara de ser cobarde, que la misión, así se muriera la mitad de los guerrilleros, era tomarse esa base. Entonces le comunicaron que 'Pedro', el jefe del frente 48, estaba muerto. Rolando se puso furioso y dijo que ya han morido (sic) puros jefes. "Ustedes tienen que atacar duro, así muera el que muera", nos dijo.Nos dieron más municiones y les zampamos otra arremetida. Eso fue con todo. En ese momento solo funcionaba mi ametralladora. Les di mucho plomo. Vimos que a los soldados se les empezaron a agotar las balas y los fuimos arrinconando. Escuchamos que el capitán les decía que no se entregaran y que se lanzaran al río. En ese momento quedaban 50 soldados vivos. Otros se habían entregado y había muchos heridos.

Se define la suerte
El capitán siguió disparando y logró matar a varios guerrilleros. El comenzó a disparar tiro a tiro. Guerrillero que asomaba la cabeza él lo tumbaba. Ahí mató a nueve cuadros nuestros. Fueron 11 en total de nuestro lado. También tuvimos 17 heridos. Se los llevaron en canoa. El capitán seguía gritando que tranquilos, que no demoraban los refuerzos. Donde les lleguen refuerzos se acaba la toma, dijimos, porque esto estaba muy duro. Pero todo se definió cuando matamos al capitán. Eran como las 10 y 20 de la mañana. El capitán se paró y un negro al que le decimos 'José' lo ubicó, le hizo una ráfaga y le dio. Diez minutos después los soldados empezaron a rendirse. Unos levantaron camisas, otros gritaban que "yo me entrego, no me maten". Cinco dijeron eso, pero cuando asomaron la cabeza los mataron. Ellos se levantaron con ganas de correr, y les dieron. Los demás vieron eso y se entregaron más rápido. Eran unos 45 soldados.Rolando, todo contento, empezó a gritar. "Eso hp, ahora sí nos los tomamos". Cuando teníamos ocupada la base vimos que el capitán estaba muy herido y pedía una cobija porque tenía frío. Entonces un jefe de frente, El mocho César, le dijo a 'Marlon' que le diera la cobija, pero le picó el ojo en señal de que le diera gatillo. Marlon se acercó, le preguntó que si quería la cobija pero a cambio le disparó una ráfaga. Rolando dijo que había que rematar a los cuadros, es decir, a los jefes. No a los soldados. Allí localizamos a cuatro cabos y varios compañeros los remataron. A los soldados los hicimos tender en el suelo y muchos de ellos empezaron a llorar.Hicimos una revisión en la base y nos llevamos todo el armamento. Cada guerrillero cogió hasta tres fusiles. Recibimos la orden de retirarnos. Hicimos una larga fila de guerrilleros, porque éramos 120, y metimos en la mitad, también en una fila, a los 60 soldados.
A la selva
Caminamos durante dos horas hasta las orillas del Caquetá en un sitio cercano a Puerto Rojo. Llegamos a una casa donde les hicimos el video que luego cogió el Ejército y en el que los soldados aparecen como en unas cloacas. Ahí repartimos el armamento. A cada frente le tocó de a 17 fusiles. Arley, Euclides y Rolando, los jefes de los frentes, dieron el parte de victoria. Por radio le dijeron a Tirofijo que la misión había sido cumplida. Este dijo que no importaban las bajas porque lo importante era que esa emboscada subía el prestigio de la guerrilla. Más tarde Rolando dio la orden de que los frentes 14, 15, la compañía Teófilo Forero y la guardia del bloque se fueran a sus campamentos. Tres frentes, el 32, el 48 y el 49, se quedaron con los soldados. Tirofijo dijo que nosotros respondíamos por ellos. A la mañana siguiente, el 2 de septiembre, nos fuimos selva adentro. Eramos 70 guerrilleros con 60 soldados. Para evitar que se fugaran les dijimos que con uno solo que se escapara los matábamos a todos. Como a los dos días nos montaron un operativo los de las fuerzas especiales del Ejército. Estuvimos como a 20 minutos de ellos, pero teníamos la orden de no enfrentarlos. En esas estuvimos como ocho días, pero escapamos. Todos nos quedábamos quietos, agrupados en un solo sitio. Fue una tragedia porque duramos tres días sin comer. Para despistar al Ejército nos dividieron. Varios compañeros del 32 se fueron a las riberas del río Mandur, muy lejos de nosotros. Nos quedamos 53 guerrilleros y recibimos la orden de meternos al río Mecaya para viajar en canoa. Después de muchos días llegamos a un sitio que se llama quebrada El Alga. Era el 25 de septiembre. Ahí hicimos el primer campamento. Queríamos estar un mes en ese lugar, pero solo duramos ocho días porque el Ejército nos cayó. Otra vez logramos salir.Corrimos mucho y nos ordenaron que nos fuéramos al Ecuador. Pero era lejos y teníamos el problema de que cada soldado debía cargar dos arrobas de víveres. Los milicianos nos llevaban la comida desde el municipío de Solita. Gastamos más tiempo porque se enfermaron ocho soldados. Les daban fiebres porque iban sin ropa. Después de cinco días de caminata pasamos la frontera y llegamos a Ecuador. Allí hicimos un campamento grande y duramos un mes, hasta comienzos de noviembre.En ese tiempo a los soldados les dábamos charlas para concientizarlos de que la revolución es buena y que este país necesita muchos cambios. Pero a los soldados esa carreta no les gustaba. Los soldados tenían que limpiar el campamento y trotaban todos los días. Estábamos tranquilos hasta que desertaron tres guerrilleros y se tiraron todo. Entonces por radio nos hicieron salir. Caminamos dos días bordeando el río Putumayo y llegamos a un sitio donde acampamos de nuevo. De un momento a otro nos dieron la orden de dividir a los soldados en grupos. Casi todos los soldados estaban enfermos de picaduras de pito, que les producían unas llagas muy feas. Para curarlos les pusieron 40 inyecciones a cada uno. Se las colocaban en las heridas y en las nalgas. Primero sacaron 30 soldados, que se los llevaron compañeros del frente 15. Ellos regresaron a Colombia y los llevaron al Putumayo. Los del frente 48 se quedaron en Ecuador con otros 12 y nosotros, los del frente 49, salimos del campamento y sacamos 18 soldados y nos dirigimos hacia la frontera. De allá nos tocó andar como 15 días. Atravesamos Putumayo y entramos a Caquetá. Esto ocurrió en los primeros días de diciembre.El 27 de ese mes llegó Franky, el segundo al mando del frente 32. Les dijo a los soldados que tenían que escribir una carta dirigida a su familia en la que dijeran que estaban bien de salud, que algún día iban a salir y que ojalá el gobierno hiciera lo imposible para su liberación. El comandante de cada frente cogía las cartas de los soldados y les hacía cambios sin que los soldados se dieran cuenta. Ahí mismo les hicieron las fotografías a los soldados con ropa prestada, para que se vieran bien. El 31 de diciembre mandaron traer chicha y le echaron aguardiente. Le dieron un vaso a cada uno. Ellos se pusieron a llorar y a recordar a la mamá, a la novia. Un guerrillero trajo una grabadora y los soldados empezaron a bailar entre ellos mismos. Pero se pusieron contentos cuando la novia de uno de nosotros entró y se puso a bailar con ellos. En enero, febrero y marzo no pasaron mayores cosas. El Ejército no localizó los campamentos y el mando de todos los frentes se dedicó a negociar una entrega. Cuando desertamos, el 9 de marzo pasado, a muy pocos soldados les quedaban heridas de la picadura del pito. Ellos siguen allá, secuestrados. Y nosotros ahora estamos aquí... logramos salir, porque de alguna forma nosotros también estuvimos secuestrados". "No me mate, no me mate, que yo soy comunista" dijo un soldado que se entregón 'Marlon' se acercó al capitán, le preguntó que si quería una cobija, pero le disparó una ráfagan El 31 de diciembre los soldados tomaron chicha y lloraron recordando a sus mamás y a sus noviasAsí nos infiltramosL os tres compañeros que se infiltraron se llamaban 'Roberto', 'Darwin' y 'Camilo'. Como al capitán que había en esos días en la base le gustaba la pesca, entonces 'Camilo', que era experto en pescar, recibió la orden de ganarse al comandante de Las Delicias. Entonces, poco a poco, vestidos de civil, lograron penetrar. Cuando iban a buscar pescado, 'Camilo' le sacaba información al capitán. Así supimos muchas cosas sobre lo que pensaba el capitán en caso de que lo asaltaran. Le dijo a 'Camilo' que él no iba a hacer matar a sus hombres. Pero tenía la tranquilidad de que a finales de agosto lo iban a cambiar. Los otros dos compañeros tenían la misión de ubicar los puestos de guardia, el sitio donde guardaban el armamento. En fin, saber todo lo que pasaba en la base y cómo estaba organizada. Ellos fueron los que filmaron el video que nos mostraron un día antes del ataque. No se infiltraron como soldados sino que con la ayuda de milicianos que viven en la zona lograron hacerse amigos de los soldados. La orden de infiltrar la base vino del comandante del bloque sur. Nuestros tres compañeros duraron ocho meses en esa tarea. A los soldados les decían que eran colaboradores del Ejército. Además, a los tres les daban plata para que invitaran a los soldados a tomar cerveza, a comer... Una vez hicieron una fiesta y compraron trago entre ellos. Se hicieron muy amigos. Así fue como armaron la maqueta real de la base. Los tres infiltrados participaron en el asalto de Las Delicias y uno de ellos, 'Roberto', murió de dos disparos de fusil. A los otros dos no les pasó nada y hasta el día de nuestra fuga estaban en uno de los campamentos cuidando a los secuestrados.

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