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Marelen Castillo, la ficha decisiva en la campaña de Rodolfo Hernández

La fórmula vicepresidencial de Rodolfo Hernández contrasta con el ingeniero. Su lenguaje moderado y académico fueron claves en ciertos sectores para la remontada y el paso a segunda vuelta.


La política llegó a la vida de Marelen Castillo Torres por esas cosas misteriosas del destino. Nunca lo buscó. Es más, se podría interpretar su llegada a ser la fórmula vicepresidencial de Rodolfo Hernández como un concurso de méritos, en el que su hoja de vida –enviada por un familiar a través de redes sociales– descrestó al ingeniero.

El segundo paso fue contactarla. Marelen, antes de ingresar a la política, se dedicaba de lleno a la pedagogía universitaria. Nació en Cali el 30 de agosto de 1968, creció en el barrio La Base, al norte de la ciudad, y es la mayor de cinco hermanas. Sus orígenes son afrodescendientes, pues su mamá es una mujer negra, nacida en Buenaventura, Valle. En 1992 terminó su primer pregrado en la Universidad Santiago de Cali; por aquel entonces la biología la sedujo. Se graduó y regresó al colegio de donde egresó, Nuestra Señora del Pilar, para convertirse en profesora de bachillerato.

Por 11 años se dedicó a formar jóvenes, al tiempo que estudiaba Ingeniería Industrial en la Universidad Autónoma de Occidente. Los próximos años se siguió dedicando a la docencia, pero esta vez universitaria. Ocupó cargos como decana de ingenierías, ciencias empresariales, vicerrectora académica y rectora encargada de la Fundación Universitaria Católica Lumen Gentium.

Marelen también cursó una maestría en Administración y Gestión de Empresas. En su hoja de vida se destaca que es doctora en educación con énfasis en liderazgo organizacional de Nova Southeastern University, Estados Unidos, y fue directora de iniciativas estratégicas y vicerrectora general académica de la Uniminuto.

Pero su trayectoria académica no para ahí. Además, fungió como rectora de la Uniminuto virtual y a distancia, y se desempeñó previamente como contratista del Ministerio de Educación. “Soy una caleña que ha estudiado toda la vida, porque mis padres siempre promovieron en nosotros, cinco mujeres, la educación. Hice un salto, un cambio, porque Rodolfo Hernández me propuso un cambio de vida”, explica. Su tono es pausado, explicativo, muy académico. Es un marcado contraste con la postura de Rodolfo Hernández.

Marelen nunca pierde la calma y su discurso se fundamenta en la fórmula: planteamiento del problema, ejemplo y solución. Esa es su manera de comunicar, de convencer.

El salto

“Él (Rodolfo) pidió a sus seguidores que le propusieran opciones para vicepresidente y un seguidor le propuso mi hoja de vida. Fue un familiar que siempre me dijo que yo tenía una gran vocación por lo social”, recuerda Marelen sobre su primer acercamiento a la política. Luego de analizar su currículum, Rodolfo Hernández la contactó.

Fue una entrevista corta por teléfono, algo informal. Cinco días después, la llamó y, con la brevedad de quien se siente confiado, le ofreció ser su fórmula vicepresidencial. “No fue una decisión fácil, no la tomé así como saltando, y la consulté con mi familia. Mis hijos tienen 22 y 24 años, y ellos dijeron ‘le vamos a ayudar al país, ¡qué bacano!’. Cuando uno hace una apuesta, lo hace para ganar”, cuenta Marelen.

En el momento en que recibió la llamada, se encontraba trabajando en un ambicioso proyecto de educación virtual. “Me siento satisfecha de haber tomado esa decisión porque es un momento trascendental para Colombia, donde estamos ofreciendo una transformación (...). Ahora me encontraba liderando una iniciativa educativa, con la cual buscamos que al 2025 alcancemos los 25.000 estudiantes”, dice.

La educación será su gran caballito de batalla en un eventual gobierno de Rodolfo Hernández. De acuerdo con su perfil, es una profesional experta en diseño curricular de educación superior. Asimismo, presta sus servicios como contratista y académica del Ministerio de Educación. Marelen Castillo ha sido consultora, asesora y conferencista invitada por diferentes universidades nacionales y extranjeras en temas de educación superior en la modalidad virtual y a distancia.

Necesitamos un país educado que encuentre otras opciones de vida, unas rutas de formación que generen empleo, emprendimiento, y que a todos aquellos que estén delinquiendo les generen otras oportunidades para tener una calidad de vida digna”, asegura.

Y agrega: “Apoyaremos a los jóvenes para darles participación, salud, cultura, deporte, emprendimiento y educación. Trabajaremos con las mujeres para generar las oportunidades y que tomen sus propias decisiones en lo social, en lo político y en lo cultural. Además, con mi experiencia de 32 años en el sector, la educación será un proceso transversal para la transformación de Colombia”.

Las cosas del destino

Rodolfo Hernández, en cambio, nunca dejó la decisión de su fórmula vicepresidencial al azar. Quería, desde el principio, que lo acompañara una mujer venida de las regiones y que no superara los 55 años. Marelen Castillo calzó perfectamente en las expectativas del candidato.

La estrategia –aunque algunos lo consideran un rol secundario y modesto– es que Marelen sea quien lleve el discurso a la plaza pública, ya que Hernández desestimó esa posibilidad desde el primer momento en que anunció su campaña.

Hasta hoy, la fórmula vicepresidencial del ingeniero se reunió en auditorios y pequeños encuentros con académicos, empresarios y demás personalidades políticas y económicas para dar a conocer el plan de gobierno.

“Hoy estoy aquí porque el ingeniero Rodolfo Hernández cree en las mujeres. En las mujeres colombianas, trabajadoras, luchadoras, que en el día a día construyen nuestra sociedad, que madrugamos a trabajar y construir el futuro y las bases de nuestras familias”, señala Marelen.

La remontada de la campaña de Rodolfo no fue cosa del destino ni algo al azar. Mientras el ingeniero copaba las redes sociales, Marelen hacia un trabajo silencioso en terreno. Quizá su experiencia de pedagogía logró que el mensaje calara sin mucho estruendo mediático, pero con la certeza de persuadir a quienes sufragan. Y así fue.