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| 3/16/1987 12:00:00 AM

SIGUE LA MONTONERA

Amplio triunfo de Samper, en una Convención Liberal marcada por el zafarrancho.

SIGUE LA MONTONERA SIGUE LA MONTONERA

Las cosas comenzaron a oler mal desde un principio. Al mediodía del sábado, una hora después de lo fijado para el inicio de la Convención Liberal, ésta todavía estaba lejos de instalarse y la incomodidad del lugar escogido para su realización, el Salón Elíptico del Capitolio, desencadenaba las primeras protestas, ya que los cerca de 900 delegados no lograban acomodarse en un recinto que difícilmente puede albergar a 300.

Pero horas más tarde, cuando la Convención estaba ya en pleno desarrollo, los asistentes empezaron a entender que la estrechez del lugar era quizá el problema más insignificante. En efecto, el primer punto que produjo gritos y desórdenes, fue la decisión de si se debía elegir una jefatura única o una directiva plural. Sobre esta última opción, muchos convencionistas habían temido que, como en efecto sucedió, las cosas derivaran en un episodio meramente electoral que no diera como resultado una directiva fuerte, sino por el contrario, una combinación de intereses enfrentados.

Por esta razón, algunos habían insistido en los días previos a la junta, que lo mejor era designar al ex presidente Alfonso López Michelsen como jefe único. Sin embargo, el repetido rechazo del ex Mandatario a cualquier posibilidad de ser postulado, enfrentó a la Convención a la necesidad de elegir una directiva plural. Decidido esto, fueron postulados siete candidatos: Ernesto Samper, Alberto Santofimio, Eduardo Mestre, Miguel Pinedo, Hernando Durán, Hernando Agudelo y David Turbay.

De inmediato y mientras se desarrollaba la votación, los rumores y las acusaciones mutuas comenzaron a adueñarse del ambiente. Lo único que parecía claro era que Samper obtendría la mayor votación, que Mestre lo seguiría y que, de ahí en adelante, ni siquiera el senador Alberto Santofimio podía sentirse seguro. Sus seguidores comenzaron a preocuparse y propagaron toda serie de rumores según los cuales, el contralor Rodolfo González había metido profundamente la mano en la Convención, respaldando los nombres de Eduardo Mestre, Pinedo y hasta Agudelo. Por su parte, los seguidores de los dos Hernandos, Agudelo y Durán, se peleaban voto a voto el que consideraban sería el quinto y último renglón de la directiva. La temperatura fue en aumento entre el atardecer y las diez de la noche, hora en la cual la votación se llevaba a cabo a paso de tortuga, pues las incongruencias entre la lista de delegados y el número de personas que portaban una credencial eran cada vez mayores.

Al terminar la votación de quienes aparecían en la lista, muchos convencionistas saltaron de sus asientos y protestaron porque no habían sido llamados a votar. Buena parte de ellos, algo más de medio centenar eran delegados por Bogotá y Cundinamarca, y pertenecían a los grupos de los senadores Samper y Durán. Cuando el presidente de la Convención, el designado Víctor Mosquera Chaux, anunció que quienes no hubieran votado, podían hacerlo acercándose a la mesa con sus credenciales y cédulas, el senador Santofimio y sus seguidores, que llevaban ya varias horas de mucho nerviosismo alegaron que se preparaba un fraude. Esta palabra fue repetida a gritos durante varios minutos por un buen número de convencionistas, no sólo del sector de Santofimio, sino del que respaldaba al joven senador costeño David Turbay. El propio Santofimio subió visiblemente disgustado al estrado de la presidencia y reclamó airadamente ante Mosquera por lo que estaba sucediendo.

Hubo amagos de retiros, más gritos de "fraude" y un zafarrancho generalizado que amenazaba con desencadenar una verdadera trifulca. Por esa razón, Mosquera optó por decretar un receso, y se dirigió en compañía de los 7 candidatos, a la salita de primeros auxilios de la Cruz Roja, a pocos metros del Salón Elíptico. Allí permanecieron encerrados durante cerca de media hora y, según pudo establecer SEMANA, la discusión estuvo marcada por todo tipo de recriminaciones a la organización de la Convención.

Finalmente, todos estuvieron de acuerdo en que lo mejor era continuar la votación, y en caso de que el número de sufragios superara el de las credenciales expedidas, el proceso se anularía. Esto en realidad en nada resolvía las dudas, pues el problema no estaba en el número de votos, sino precisamente en el de credenciales, que al parecer se expidieron con excesiva generosidad por parte de los organizadores.

Reiniciada la votación, esta se prolongó hasta bien pasada la medianoche, cuando comenzó el escrutinio. Un ambiente de murmullos reemplazó los gritos de las horas precedentes, y hacia la una de la madrugada, 11 horas después de iniciada la Convención, se conocieron los resultados: Samper 206, Mestre 140, Santofimio 131, Durán 125, Pinedo 119, y los dos derrotados, Agudelo 109 Turbay 49.

Las conclusiones saltaban a la vista: Samper se había consolidado, después de lograr reunir importantes grupos de varias regiones del país; el contralor había demostrado una vez más que manejaba sus huestes, logrando elegir a dos de los tres candidatos que se le atribuían; Durán había reunido con éxito a un buen grupo de turbayistas; y el gran derrotado parecía ser Santofimio, quien en el año 84, se había impuesto sobradamente en la elección de los quíntuples de la época, y en esta oportunidad se colgó y debió conformarse con un mediocre tercer lugar, muy lejos de su principal oponente, el senador Samper.

Pero más allá de estas conclusiones sobre los nuevos miembros de la Dirección, quedaba un mal sabor en la boca de convencionistas y observadores, pues el oficialismo liberal había demostrado su incapacidad para manejar la elección de sus directores, y una vez más aparecía como la montonera amorfa que muchos, particularmente el disidente senador Luis Carlos Galán, han venido criticando. Como si fuera poco, la nueva Dirección Liberal contaba, desde su elección, con un doble handicap: no sólo estaba lejos de ser la directiva sólida y fuerte que muchos habían soñado, sino que además, veía cuestionada su legitimidad por las irregularidades en el proceso de votación. En estas condiciones, consideraban en la madrugada del sábado gran número de convencionistas, difícilmente podrá hacerse cargo de la complicada tarea de unir al partido y de prepararlo para la elección popular de alcaldes del próximo año.--

EDICIÓN 1879

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