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| 6/13/2004 12:00:00 AM

En vos confío

Somos el país del Sagrado Corazón. Según la Iglesia por la devoción de los cristianos colombianos al corazón de Cristo. Algunos, creyentes o no, por la ironía que representa que un país de un corazón tan grande tenga tantos problemas. Otros simplemente no lo saben. A pesar de que las leyes ya no contemplan esa determinación, la Iglesia continúa manteniendo viva la tradición que desde 1902 se renueva anualmente y que este año se hará en la Catedral Primada de Bogotá el 18 de junio.

En vos confío, Sección On Line, edición 1154, Jun 13 2004 En vos confío
Al arzobispo de Bogotá Bernardo Herrera Restrepo, se le ocurrió hace 102 años que Colombia debía buscar la paz por el camino de la religión, por eso le propuso al vicepresidente José Manuel Marroquín hacer el voto nacional al Sagrado Corazón de Jesús. Coincidencia o no, al poco tiempo Colombia ya no vivía bajo las condiciones de la guerra o por lo menos la de los Mil Días. Hoy la Iglesia pide a los feligreses que crean, que tengan fe y que se vuelva a intentar por el camino celestial poner fin a la violencia actual.

En los tiempos de Marroquín, la desesperación por el incansable anhelo de paz llevó al arzobispo Herrera a pedir al vicepresidente que hiciera el voto de consagrar un templo para que terminara la guerra. El Gobierno le obedeció y el 22 de junio de 1902 se puso la primera piedra para lo que sería el templo del Voto Nacional, quizás un mano a mano de los colombianos con la imagen divina, pues cinco meses después, el 21 de noviembre de ese año, se firmó el tratado de Wisconsin, hecho que según algunos historiadores y que ratifica la Iglesia dentro de su devoción, terminó con la guerra.

En esta ocasión se busca hacer lo mismo, claro que la austeridad que se procura por estos días no permite, que como en esa época se ponga ni la primera piedra de un templo que terminó convirtiéndose en la Basílica del Voto Nacional, y ni siquiera que se inviertan los 5 mil millones de pesos que requiere su restauración. Aún así, sin iglesia y con poco misticismo, hay muchos que todavía le tienen fe a ese Jesús que exhibe su corazón siempre rodeado de fuego o un resplandor divino -depende de cómo se le quiera ver- una cruz clavada y espinas alrededor.

El mundo se consagra

Todo comenzó cuando Jesús escogió a Santa Margarita de Alacoque, una religiosa francesa del siglo XVII canonizada en 1920, para mostrarle cómo su corazón padecía bajo el sacrilegio, desprecio, indiferencia e ingratitud de los cristianos. Claro que la historia comienza en el Antiguo testamento de la Biblia y continúa a lo largo de los siglos con la devoción de personajes como San Anselmo (+1109), San Bernardo (+1153), San Buenaventura (+1274) y San Alberto Magno (+1377), entre otros. Sin embargo fue la religiosa de la Visitación la que se encargó de extender el fervor en los tiempos modernos de tal forma que en su oración consagratoria manifiesta su voluntad "irrevocable" de "Ser todo vuestro y hacerlo todo por vuestro amor, renunciando de todo mi corazón a cuanto pueda desagradaros".Y más intenso aún "Os suplico, por vuestra misma bondad, escribáis mi nombre en vos mismo, pues quiero tener cifrada toda mi dicha en vivir y morir como vuestro esclavo". El cuerpo de Santa Margarita se conserva incorrupto lo que para muchos no merece otra explicación que la voluntad del Sagrado Corazón, voluntad que desde la niñez se hizo presente. Cuando tenía cuatro años hizo su primer voto de perpetua castidad y aunque después confesó que en ese entonces no entendía lo que significaba nunca se arrepintió. Por el contrario toda su vida la pasó entregada a la voluntad divina y fue cuando tenía 26 años que por primera vez se encontró ante la imagen de Jesús.

Entre las intenciones de semejante aparición estaba que se instaurara una fiesta en su honor, petición que fue escuchada por los papas, tanto así que se instituyó como clásica dentro de la Iglesia. Consagración es entregar y eso es lo que comenzaron a hacer siglos después los países con creyentes católicos, para trabajar por la salvación de las almas y por el culto a Jesucristo. El papa León XIII en el año de 1899 consagró al mundo al Sagrado Corazón y Colombia lo hizo cuando se vio sumida en una de las guerras más crueles que ha tenido y que duró interminables mil días.

Una ofrenda al Sagrado Corazón

En Colombia la imagen del Sagrado Corazón está en las paredes de las casas, ya sea en una lámina con un marco o como una mancha que apareció sin explicación, entre las bolsas de basura, en los postes de la luz y hasta en las tapas de las ollas. Incluso en Bogotá, la esquina de la carrera 68 D con calle 13, recibe su nombre por una estatua que sirve de compañía a coteros que esperan ser contratados por algún comerciante para descargar la mercancía de sus vehículos. Pero su verdadera casa es la Basílica del Voto Nacional, una iglesia que se construyó en un terreno donado por la hija de un reconocido negociante, a pocas cuadras del sector del Cartucho, llamado así por ser la tierra de las estiradas flores blancas y no de los rechazados capitalinos que por azares de la vida terminaron en la calle y que ahora son para muchos un motivo para no volver. La misa de siete no cuenta con muchos feligreses, pero quienes están interesados en rescatarla hacen un esfuerzo por regresar a las concurridas épocas de la Santa Fe de principios de siglo XX donde se peleaban los cupos para que se realizaran los oficios religiosos. La Iglesia cuenta con ocho altares cada uno con un santo y con los nombres de los departamentos que esa época conformaban el país del Sagrado Corazón."Es el centro de la devoción de Jesús y es un símbolo nacional", cuenta Gerardo Muñoz, uno de los más devotos visitantes al templo. Él junto con un grupo de personas que luchan por rescatar la zona de la delincuencia, sueñan con que un día cercano, con la construcción del Parque Tercer Milenio donde antes era la zona más deprimida de la ciudad, y la instalación de centros de rehabilitación alrededor, vuelvan procesiones de creyentes.

Entre las promesas que hizo Jesús por medio de Santa Margarita a sus devotos está la de dar las gracias necesarias a los Estados, paz a las familias y consuelo a las penas, todas anheladas por los colombianos, por eso el próximo viernes 18 de junio muchos católicos asistirán a la misa presidida por el Cardenal Pedro Rubiano Sáenz en la Catedral Primada a las 12 del día, donde de nuevo se renovará la consagración de la República para ver si así vuelve y nos hace el milagrito que una vez revivió la esperanza de la paz.

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